Fantastic Fest 2018: TENACIOUS D IN POST-APOCALYPTO, la nueva aventura del grupo de Jack Black

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Tenacious D in The Pick of Destiny (2006), la primera y hasta el momento única aventura cinematográfica del grupo de rock conformado por Jack Black y Kyle Gass, es una cinta infravalorada y un sentido homenaje al rock ‘n’ roll que cumple con su propósito de hacer reír, asimismo entregando un soundtrack bastante memorable que cuenta con algunas de las canciones mejores logradas de la banda. Toda la secuencia inicial contada por medio del tema “Kickapoo”, sobre la infancia de la oveja negra rockera de una familia religiosa (JB, el personaje de Black), es perfecta para ejemplificar la valía de Tenacious D in The Pick of Destiny como una  “ópera de rock” cómica, incluso con cameos de Meat Loaf y del mismísimo Ronnie James Dio. 

Casi 12 años después del estreno de Tenacious D in The Pick of Destiny, la nueva serie web protagonizada, musicalizada y animada por el grupo, Tenacious D in Post-Apocalypto (2018), era una de las premieres mundiales más atractivas de Fantastic Fest, empero, el resultado final se siente como un producto hecho sin la dedicación que emanaba ese filme de 2006. 

Para empezar, el propio Jack Black decidió “animar” esta serie compuesta por seis episodios y cuya plataforma de exhibición será YouTube a partir del 28 de septiembre. Aunque resulta curioso que el actor, guitarrista y vocalista hizo los dibujos de Post-Apocalypto, esto no sólo le da un look intencionalmente amateur sino que, de hecho, ni siquiera se puede decir que la serie está “animada” porque los personajes carecen de movimiento: lo que vemos son los coloridos dibujos editados en secuencia y no más, ni siquiera las bocas de los protagonistas se mueven y, en consecuencia, la serie hace ver la animación que South Park tenía hace 20 años como algo extraordinario. 

cinema inferno tenacious d in post apocalypto

Pero el problema principal está en el flojísimo guión; si bien la trama de The Pick of Destiny era básica y de ahí había diversos momentos absurdos (¿recuerdan la pirada y ridícula aparición del Sasquatch?), Post-Apocalypto es más una sucesión arbitraria de las ocurrencias que los Tenacious D seguramente tuvieron mientras se encontraban en un estado alterado. Quizá en medio de su desmadre, una historia sin pies ni cabeza sobre Tenacious D en el fin del mundo –alejada de su amor por el rock y enfocada en encuentros aleatorios con otros personajes como un grupo de mujeres, el robot Terminator o los hijos tanto de JB como del presidente Donald Trump–, lucía como una hilarante idea, pero la realidad es que los seis capítulos de la serie divierten sólo ocasionalmente. 

Post-Apocalypto también es el Tenacious D más vulgar, dado que The Pick of Destiny y su antecesora espiritual Escuela de rock (School of Rock, 2003), de Richard Linklater, fueron películas de estudio concebidas para una audiencia mayor. Lo decepcionante es que la idea de Black y Gass de aprovechar las libertades inherentes a exhibir su trabajo en YouTube es sinónimo casi exclusivamente de mostrar dibujos de penes en la pantalla, o a un Terminator con vagina (en serio). Sí, la esencia de Tenacious D es la antítesis de la seriedad y de la madurez, pero, ciertamente, para las aventuras dementes, las vulgaridades, las parodias o el intento de satirizar la política de Estados Unidos, se necesita inteligencia y cohesión, algo que en general Post-Apocalypto, con todo y su olvidable soundtrack, carece.

Fantastic Fest 2018: MID90S, la notable ópera prima de Jonah Hill

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

11 años después de que Supercool (Superbad, 2007) finalmente lo hizo destacar como actor cómico, y siete desde que Moneyball (2011) lo convirtió en un nominado al premio Oscar, Jonah Hill debuta como director/escritor con Mid90s (2018), cinta coming-of-age que divierte y, al mismo tiempo, revela a Hill como un cineasta sensible que está interesado en capturar momentos de naturalidad provenientes de la interacción de un grupo de jóvenes actores sin mucha experiencia previa.

Desde los primeros instantes nos damos cuenta que Hill apuesta por algo tan personal como lo que hicieron en su momento Seth Rogen y Evan Goldberg con el guión de Supercool, empero, Mid90s no es una comedia directa y está más apegada al trabajo de directores como Richard Linklater, e incluso Larry Clark, que a la escuela de Judd Apatow de la que Hill se graduó hace tiempo.

Con su cámara puesta en detalles que nos llevan a la propia infancia de Hill en los años noventa –no faltan las cobijas de las Tortugas Ninja, los pósters del Wu-Tang Clan, y por supuesto el soundtrack repleto de música hip hop y temas más populares de la época como “Wave of Mutilation” de Pixies o el cover que Nirvana le hizo a “Where Did You Sleep Last Night”–, Mid90s tiene como protagonista al jovencito Stevie (Sunny Suljic), quien vive con su madre soltera (Katherine Waterston) y sufre las acciones violentas de su hermano mayor (Lucas Hegdes por fin haciendo algo diferente), mientras que en el exterior trata de adaptarse socialmente y comienza a interesarse por el patinaje.

cinema inferno mid90s poster

Eventualmente, y por medio de su amigo de origen latino Ruben (Gio Galicia), Stevie se integra a un grupo de skaters de mayor edad que él, quienes gradualmente le darán un sentido de pertenencia –no por nada Hill le da un gran peso a la escena en la que Stevie recibe de manos de uno de los chicos que admira, Ray (Na-kel Smith), su primera patineta de calidad–, pero también lo invitarán a experimentar nuevas cosas, i.e. salir de fiesta, conectar con una chica, y probar el alcohol y las drogas.

Hill pone los reflectores en adolescentes con trasfondos complicados, como el malhablado Fuckshit (Olan Prenatt) o el tímido y marginado Fourth Grade (Ryder McLaughlin), y por momentos evoca al trabajo de Larry Clark, quien suele exponer a jóvenes problemáticos que se dirigen a una verdadera tragedia. Mid90s se siente un tanto abrupta cuando, por ejemplo, Stevie parece intentar quitarse la vida tras una fiesta y otra noche violenta en casa, pero afortunadamente Hill no termina optando por un desenlace funesto, remitiendo más a la humanidad de Richard Linklater.

Mid90s nos recuerda que, en efecto, la vida está llena de tropiezos y experimentarlos es una parte natural del crecimiento, pero también que este mismo proceso coming-of-age es sinónimo de buenos y memorables tiempos (muchas interacciones entre Stevie y los skaters son hilarantes) y de personas que, aunque quizá no sea evidente, representan el valor de la familia y la amistad. Hill ha comenzado su carrera como director de manera notable. 

Fantastic Fest 2018: SUSPIRIA, la película de terror del año

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Situada en 1977, obvia referencia al año de estreno de la magistral cinta de Dario Argento en la que está basada, la Suspiria (2018) del italiano Luca Guadagnino usa la premisa original, respetando incluso los nombres de las protagonistas: Susie (Dakota Johnson, de presencia tan vulnerable como poderosa) es una jovencita americana que viaja hasta Berlín, Alemania con el deseo de enrolarse en una academia de baile, donde conoce a su compañera Sara (Mia Goth), quien eventualmente indagará en los misteriosos sucesos que en su momento llevaron a otra joven bailarina, Patricia (Chloë Grace Moretz), a abandonar el lugar repentinamente.

Si bien la trama inicial es esencialmente una calca de la película protagonizada por Jessica Harper, basta una rápida comparación entre las secuencias que muestran el arribo a Berlín de Susie para darnos cuenta que Guadagnino, acertadamente, no está interesado en intentar replicar el estilo único de Argento. Un sentir enigmático, una paleta de colores que le brinda tonos rojizos, amarillos y verdes a, por ejemplo, la lluvia, y el casi omnipresente y estridente score de Goblin, se vuelve algo mucho más mundano, filmado con rápidos zoom-ins como de antaño, y sin la saturación de color icónica de la versión setentera. 

En general, el remake de Suspiria no ocupa ese tono onírico de la original y, de hecho, desde sus primeros capítulos se siente como una invitación a mirar lo que sucede en el “mundo secreto” que yace bajo la superficie de la academia de baile, un mundo donde se esconde -como el personaje de Grace Moretz le advierte a su psicólogo alemán desde la primera secuencia del filme- un “coven” de brujas.

suspiria poster cinema inferno

El camino que toma el guionista americano David Kajganich evapora pronto el misterio respecto a la academia de baile; si en la original Argento traía, por ejemplo, elementos del giallo para sugerir que quizá había un asesino detrás de los extraños y sangrientos sucesos, y las referencias directas a la brujería no llegaban hasta la segunda hora, el encanto del filme de Guadagnino no tiene que ver con la revelación de este secreto sino con la exposición de las interacciones entre las brujas lideradas por Madame Blanc (Tilda Swinton, de perfecta interpretación), sus procesos para tomar decisiones, su relación con el mundo exterior, y sus rituales ligados a la danza. 

Decir que la Suspiria de 2018 no tiene en la mayoría de su metraje el estilo de la de 1977 es cierto, pero también lo es que, a su manera, es igualmente un deleite visual absoluto. Guadagnino explora el elemento del baile, le da peso como nunca lo hizo Argento y en la primera secuencia deslumbrante de su cinta, conjuga la intensidad de los pasos de Susie con el terror inherente al “coven”. Al final, Guadagnino nos deleita con algunos montajes oníricos e incluso con un hermoso clímax donde satura la pantalla de color rojo, ahora sí evocando al mismísimo Argento; pero su versión nunca deja de arriesgar al ser más explícita y brutal (aunque también con un toque de humor negro), y al expandir y depender en mayor medida de la narrativa. 

El guión asume como trasfondo parte de la historia de Alemania (Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y la división entre Berlín Oriental y Occidental), y, sobre todo, cambia totalmente el significado del personaje de Susie, de su deseo de ir a Berlín, y de la llamada Madre Suspiriorum, para un efecto memorable. De este manera, el director Guadagnino y el guionista Kajganich entendieron a la perfección que filmar una nueva versión de un clásico de culto cinematográfico y no proponer algo diferente, en cuestión de estilo, historia y temas, era la mayor trampa en la que podían quedar atrapados. No sólo salieron bien librados sino que su Suspiria es, muy probablemente, la cinta de terror del año.

Fantastic Fest 2018: GIRLS WITH BALLS, violenta, absurda e irritante

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Olivier Afonso, director y especialista en efectos de maquillaje especiales, dijo en Fantastic Fest que “todo en Francia parece ser de la Nouvelle Vague (la Nueva Ola), pero a mí me gusta divertirme”. Una película, como su Girls with Balls (2018), que comienza con y tiene como narrador ocasional a un hombre con sombrero que entona sus comentarios acompañado de su guitarra, es de un carácter absurdo evidente. 

En ese sentido, Afonso no parará de gritarnos en la cara, durante los casi 80 minutos de duración, que su ópera prima es cool, violenta, divertida, y en general una experiencia totalmente demente que no se toma en serio en lo más mínimo (como quizá sí lo hacen los herederos de la Nouvelle Vague). El problema es que desde los primeros minutos este griterío pierde frescura y cansa. 

En Girls with Balls, las protagonistas son parte de un equipo de voleibol bastante rudo a la hora de jugar. A pesar de que al principio las vemos en acción, y que el vaquero cantor hace énfasis en la diferencia entre el voleibol y el tenis, la cinta de Afonso no es sobre dicho deporte. Cuando las chicas viajan junto con su entrenador rumbo a un nuevo compromiso deportivo, un imprevisto en la carretera hará que tengan que desviar su camino por una zona boscosa hasta toparse y, eventualmente, enfrascarse en una pelea con un grupo de lugareños antagónicos –liderados por el personaje de Denis Lavant– que no descansarán hasta convertir a todo el equipo en sus víctimas. 

Girls with Balls, entonces, simplemente se trata de varias jóvenes, y el coach, tratando de sobrevivir en el bosque la cacería de los psicópatas. Si ya de por sí desde las secuencias para establecer este escenario las protagonistas actuaban de una manera alterada –no fue casualidad decir que la cinta parece gritarte durante casi todo su metraje–, una vez que se desata la vorágine de violencia e histeria, es obvio que Girls with Balls no toma un rumbo diferente. 

En un coqueteo por establecer algo de trasfondo y tensión entre los personajes femeninos, por ejemplo, llegan los psicópatas para, literalmente, orinarse en ellas; o bien, de pronto Afonso decide mostrarnos, nada más porque sí, al coach peleando contra un pequeño perro. En esa acumulación de absurdos (i.e. las chicas se defenderán usando las pelotas de voleibol, ¡obviamente!), y de agresión, supuestamente provocadora, “rara” y sinónimo de fuerza femenina, si acaso un puñado de momentos genuinamente funcionan y divierten.

Fantastic Fest 2018: APOSTLE, Gareth Evans y su incursión al folk horror

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Una de las escenas más icónicas de Apostle (2018), la primera película de Gareth Evans desde la secuela The Raid 2 (Serbuan Maut 2: Berandal, 2014), es un flashback con el protagonista Thomas Richardson (Dan Stevens) observando desde el suelo la quema de una cruz, un momento definitivo en su pasado que provocó un distanciamiento de sus creencias religiosas y lo hizo cuestionar la existencia de un Dios protector. Violentado y con un sentir de abandono, Thomas eventualmente perdió contacto con su familia, hasta que un aliado de su padre lo hace ver que él es la única esperanza de su querida hermana (Elen Rhys), quien ha sido secuestrada por un culto que vive en una remota isla y se rige bajo sus propias reglas, alejados del rey, con una diosa particular, y liderados por el supuesto profeta Malcolm (Michael Sheen). 

Apostle sigue la estructura de esas cintas, como el clásico de culto británico The Wicker Man (1973), donde un personaje foráneo se adentra al ambiente de una comunidad diferente, la cual aparenta vivir en completa armonía y paz (además de que en ambos filmes se hace énfasis en la importancia de una buena cosecha), aunque ciertamente algo oscuro yace bajo la superficie; en este caso literalmente cuando, por ejemplo, vemos cómo una criatura devora la sangre que gotea desde el piso de arriba en una casa. 

Por momentos, Apostle es menos enigmática que The Wicker Man y expone la hipocresía de los miembros de este culto, quienes, ante la falta de recursos, pueden secuestrar a una joven y buscar cobrar el rescate o bien, que pueden matar a sangre fría si sospechan que alguien del exterior ha logrado infiltrarse en su isla. Con el director de ese épico díptico de acción The Raid (Serbuan Maut, 2011) y The Raid 2 al mando, no es sorpresa que Apostle cuenta con una buena dosis de violencia, aunque en esta ocasión la brutalidad es de otra naturaleza. 

Evans pone atención en los personajes más inocentes de la isla, como las hijas de los hombres que están al frente del culto (entre ellos el cruel personaje de Mark Lewis Jones), y así logra situaciones que reafirman de una manera contundente que Malcolm y varios de sus seguidores se han convertido en verdaderos monstruos aislados de la sociedad, literal y figurativamente. Si bien es un filme de época que se desarrolla a principios del siglo XX, Evans no escatima a la hora de mostrar el dolor provocado por instrumentos de tortura que bien podrían ligarse a la inquisición. 

Todo esto para el foráneo Thomas funciona como un violento recordatorio de ese momento en el que la cruz fue derrumbada, aunque la locura en Apostle nunca se detiene y nuestro héroe atestiguará una realidad que nunca se imaginó y de la que no habrá marcha atrás. Así, estamos ante una adición al fantástico por parte de Evans, con tintes de terror y momentos de barbaridad total, que sin duda cumple como uno de esos filmes pirados de aventura que nos adentran a un lugar recóndito y desconocido donde absolutamente cualquier cosa puede estar detrás de lo evidente.