Morelia 2018: MUSEO, la heist movie de Alonso Ruizpalacios

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Así como se anuncia en los museos cuando una pieza en exhibición no es la original, por más que se le asemeje, la segunda película del mexicano Alonso Ruizpalacios, Museo (2018), nos dice desde el inicio que se trata de una “réplica” de la historia verídica sobre los jóvenes que, en 1985, se robaron cientos de invaluables piezas del Museo Nacional de Antropología.

Ruizpalacios es explícito a la hora de alejarse de los archivos hemerográficos, se divierte con la noción de que la historia oficial no siempre es la versión autentica de los hechos (¿alguien en verdad sabe qué motivó a los protagonistas del atraco?, se pregunta el director), y en ese sentido, decide imprimirle su propio sello; no por nada en Museo existen vasos comunicantes con su ópera prima Güeros (2014).

A partir de esto, la cinta nos introduce a Juan (Gael García) y a Wilson (Leonardo Ortizgris), dos amigos de Ciudad Satélite que no hace mucho estudiaron la carrera de veterinaria. Sin un rumbo claro -Juan, por ejemplo, no puede ejercer su profesión porque no se ha titulado-, este par de jóvenes deciden darle un giro a sus vidas en plena Navidad del año en el que ocurrió el primer sismo de un 19 de septiembre, ejecutando su plan de robar el icónico Museo Nacional de Antropología.

En estructura, Museo cumple con las características de la heist movie, porque vemos la previa al robo, la realización del plan y, eventualmente, las repercusiones. Pero es en cada una de estas etapas donde Ruizpalacios le brinda algo más a una cinta que en otras manos pudo terminar en algo mediocremente genérico o bien, en una plana recapitulación del insólito suceso.

museo poster cinema inferno

Los futuros criminales de Museo no son más que un par de “chamacos” (sí, sí, para el casi cuarentón Gael García parece que todavía es 2001, aunque no se trata de un miscast) provenientes de familias honradas de clase media, así que lo que precede al hurto se caracteriza por su color y su amena naturalidad que se sirve de la época familiar por excelencia en la que ocurrieron los hechos.

Para la magistral escena en el Museo de Antropología, Ruizpalacios primero parece evocar a la secuencia clave de la obra mayor Rififi (Du rififi chez les hommes, 1955), de Jules Dassin: en casi total silencio la tensión crece con un seguimiento detallado a los movimientos de los perpetradores, quienes de a poco y con mucho cuidado remueven el vidrio que protege a una legendaria pieza mesoamericana. Esto se complementa con una ingeniosa secuencia con rápidos y precios cortes de edición en la que los inexpertos aunque preparados jóvenes crecen su botín y dan pie a que, obviamente, tan sólo unas horas después sus acciones pasen a ser noticia y todo el país los imagine como criminales altamente sofisticados (resulta muy divertido que en realidad son un par de zopencos).

Para el “tercer acto” de su heist film, Ruizpalacios remite a su propia Güeros porque, de pronto, tenemos a dos amigos en un road trip que los llevará a cuestionarse no sólo qué sigue tras su saqueo al Museo de Antropología sino también, y naturalmente, su propia relación, con Juan fungiendo como el líder y Wilson como el más sumiso de los dos, y sus decisiones, en una vertiente con ecos de los relatos coming-of-age; esto sin mencionar un toque de metaficción.

Wilson, el narrador de Ruizpalacios, nos hace ver que el director y co-guionista ha optado por contar la que él considera una mejor versión del acontecimiento, incluso redimiendo un poco a su joven protagonista porque al final del día, Ruizpalacios, de forma relevante, pone el dedo en la llaga y parece decir que acciones como inhalar cocaína usando objetos mesoamericanos robados en el camerino de un congal acapulqueño es tan indecente como la manera en la que la historia –tanto del Museo Nacional de Antropología (incluido el famoso y condenado traslado del monolito que originalmente estaba en Coatlinchán)  como de la civilización en general– se ha ido construyendo y preservando.

Fantastic Fest 2018: KEEP AN EYE OUT, otra locura valiosa de Quentin Dupieux

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La primera escena de Keep an Eye Out (Au poste!, 2018), otra locura cinematográfica del francés Quentin Dupieux, evoca ese memorable discurso de Rubber (2010) sobre cómo todas las grandes películas cuentan con diversas cuestiones “sin razón de ser”; y es que en dicha secuencia vemos a ¡un hombre en calzones fungiendo como director de una orquesta que está tocando al aire libre! Una vez que el tipo en ropa interior es atrapado por la policía, Dupieux nos encierra en una comisaría donde el jefe, el no tan brillante Buron (Benoît Poelvoorde), está llevando a cabo un interrogatorio a otro hombre, Louis (Grégoire Ludig), quien es sospechoso de asesinato tras haber encontrando un cadáver afuera de su apartamento. 

A lo largo de sus escasos 70+ minutos, Keep an Eye Out seguirá haciendo que nos resuene en la cabeza el discurso de la “no reason” de Rubber gracias a la característica acumulación de absurdos del siempre divertido Dupieux. Pero en esta ocasión –y en medio de cuestiones jocosas como el policía protagonista interrumpiendo la interrogación a su gusto o comiéndose un hot dog como si nada mientras su hijo le dice que estuvo a punto de suicidarse–, Dupieux introduce una trama con tintes genuinos de suspenso cuando otro oficial (Marc Fraize), quien es tuerto y altamente paranoico (i.e. se imagina todas las posibilidades en las que podría ser asesinado por Louis), se queda a cargo momentáneamente del sospechoso y termina muriendo accidentalmente, dejando a Louis con otro gran problema porque, llegado el momento, todo apuntará a que él también es responsable de este deceso. 

Dicho escenario, tan hilarante como intrigante, parece que dirigirá a Dupieux hacia el thriller, empero, el director nunca está interesando en cumplir con cualquier tipo de expectativa o de permanecer dentro de los límites de un género. Si su cinta anterior, Reality (Réalité, 2014), comenzaba con varias tramas –la mayoría ligadas al mundo del entretenimiento, como aquella de un director que está buscando el mejor grito de la historia del cine– para luego convertirse en un intento por representar en pantalla el desconcierto inherente a los sueños; Keep an Eye Out no olvida su locura absurda (por ejemplo cuando descubrimos que al comisario Buron le sale el humo del cigarro por un hoyo que tiene cerca del estómago), ni su enredo ligado a los supuestos asesinatos, pero también se transforma en algo más: un ejercicio sobre cómo funciona la memoria, una vez que Louis, en su afán por aclarar su coartada, recapitula lo que ocurrió antes de descubrir al primer hombre muerto.

Una serie de actividades mundanas es lo que hay en la rememoración de Louis –de salir a respirar aire fresco a volver a dejar su departamento en busca de su esposa sonámbula– pero Dupieux, como en Reality hizo con los sueños, aquí altera los recuerdos porque ahora tienen la influencia de lo que está viviendo el protagonista en el presente; de esta manera añadiéndole una capa más a la película cuando, por ejemplo, en el recuerdo de la coartada aparece la esposa del oficial tuerto (Anaïs Demoustier). 

En Keep an Eye Out hay una película con toques de suspenso divertidísima acerca de un acusado sumamente desventurado, no obstante viene acompañada del ejercicio sobre la memoria e incluso de una referencia extraña y muy literal a la teatralidad relacionada con filmar gran parte de la cinta en una locación y recurrir sólo a las conversaciones entre los actores. La mezcla de elementos, y la reafirmación de que Dupieux siempre intentará subir el volumen de su excentricidad a 11, tiene ciertos altibajos, pero tal y como ocurría en Reality, los mejores momentos de la valiosa Keep an Eye Out son absolutamente brillantes. 

Fantastic Fest 2018: Amanda Kramer y su ópera prima LADYWORLD

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Ladyworld (2018) –lee aquí nuestra crítica– celebró su estreno en Estados Unidos en el Fantastic Fest de este año, donde la directora Amanda Kramer conversó con Cinema Inferno sobre su ópera prima minimalista.

Cinema Inferno: Realmente me gustó el escenario con sólo chicas jóvenes atrapadas en una casa, sin saber realmente lo que está pasando afuera. ¿Cómo fue la génesis de esta premisa?

Amanda Kramer: Quería escribir una película sobre la manía femenina y lo que hacen las mujeres jóvenes cuando están realmente aburridas. Me imaginé que no había mejor escenario que una dulce fiesta de 16 años que nunca se materializa en una celebración porque de inmediato se convierte en un desastre.

En este ensamble actoral, ¿cuáles fueron las inspiraciones detrás de las personalidades de los tres personajes principales, con Olivia (Ariela Barer) como la representación de la cordura, Dolly (Ryan Simpkins), la niña frágil, y Piper (Annalise Basso), la más egoísta?

Pienso en las ocho chicas como aspectos diferentes de la psique femenina: lógica y racionalidad, tendencias violentas y reacciones emocionales. Prefiero no pensar en ninguna de ellas como una villana o heroína. Creo que Olivia no es una gran líder, en realidad es una líder terrible, y no creo que Piper sea una mala persona, no es tan sencillo. Así que fue divertido verlas interpretar los roles y entrar y salir de la heroicidad y la villanía, pero cada una haciendo cosas contra el personaje; todo se trata de la perspectiva momentánea, pero me encanta el hervor entre Olivia y Piper, entre alguien que quiere estar a cargo y quiere ser manipuladora frente a alguien que accidentalmente se convierte en líder y no le gusta el hecho de que sabe que ella necesita ser manipuladora. Ariela [Barer] y Annalise [Basso] hicieron un trabajo increíble.

Una de las nociones de la película es cómo las mujeres suelen ser competitivas y desde el principio está claro que nunca se llevarán bien ni trabajarán juntas. Creo que es la naturaleza humana en general, pero ¿qué piensas de esto?

Que los hombres sean más competitivos no es para nada cierto, somos extremadamente competitivas también, todos los seres humanos somos extremadamente competitivos, lo quieran admitir o no. Nunca jugué un deporte y, sin embargo, estoy totalmente dispuesta a ir por todos y todos quieren ir por mí [risas]. Es parte de la experiencia humana, quieres luchar, batallar y seguir tu camino, es el problema del individualismo y de no tener ideologías comunitarias. Se nos dice que debemos ser individuales y lo que viene con ser individual es ganar.

Eso es parte de mi forma de pensar, la democracia es un ideal desde hace mucho tiempo que todavía estamos implementando o tratando de, y por supuesto, políticamente, todos estamos pidiendo ayuda y en peligro donde quiera que vivas, pero en nuestras relaciones personales, la democracia es imposible y alguien siempre necesita sentir que tiene la ventaja. Amamos a nuestros amigos, pero tan pronto como se casan, pensamos que “eso nunca va a durar”, o si consiguen un trabajo, decimos “nosotros merecemos ese trabajo”. Eso es la humanidad, ¿cierto? La humanidad es algo traicionera.

Entonces, los problemas en esta llamada democracia dentro de las chicas son mayores cuando aparece la idea de un hombre que es peligroso, pero al final parece que siempre son sus propias enemigas, así que, ¿qué puedes comentar sobre esta idea?

Perfectamente pensado. El hombre, por supuesto, está destinado a ser enemigo, él está en la casa de alguna manera, se encuentra en el sótano quejándose, tal vez quiere lastimarlas, tal vez quiere atacarlas, pero la traición principal es cómo se hieren y atacan mutuamente y las tensiones entre ellas es realmente donde está la tensión de la película. En un ambiente donde vemos películas de Marvel y pensamos en héroes y villanos, quién es malo y quién es bueno, y queremos crear estas líneas binarias, es importante reconocer que a veces la villanía es como una táctica de distracción y, en realidad, simplemente estamos luchando con nosotros mismos.

En ese sentido, el filme se convierte en una especie de performance con las chicas realmente volviéndose locas. ¿Cómo fue el proceso con tu elenco para entregar estas escenas llenas de acciones irracionales?

Ocho niñas que son todas ocho mujeres, extremadamente talentosas, muy vívidas, excéntricas y eléctricas, y también amigas, que se llevan bien y son muy poco dramáticas en el set y amables entre sí; así que es difícil decir, “sé que se están riendo en la esquina, pero tenemos que hacer una escena y tienen que ser malvadas entre ustedes”. Pero fueron capaces de comunicar eso, lo cual es un testimonio del gran trabajo actoral, que realmente no puedes estar absorto en el melodrama y luego la cámara comienza a grabar y todo es melodrama, melodrama puro, angustia y tormento.

En realidad, al final funcionó para que no te guste ninguna de ellas, lo cual es difícil, es difícil pedirle a una actriz que sea desagradable y eso es lo que yo les decía, “confundan a la audiencia, no traten de ganarse a nadie, no me ganes a mí, simplemente háganlo de manera pura, extáticamente, y tendremos algo realmente fantástico”. Y lo hicieron .

¿Cuál fue el mayor desafío al hacer una película en una sola locación?

Estábamos una encima de la otra, no mentiré. Creo que empezamos a sentir que todo se estaba haciendo realidad. Después de un día de filmación de 12 horas, en una casa muy pequeña con bastantes seres humanos, sientes esa energía claustrofóbica. Es la casa de un amigo y la destruí.

Estar en una sola locación, el principal desafío es, ¿puedes mantener a la audiencia interesada? Creo que tiene mucho que ver con la actuación, si la actuación es increíblemente abrumadora, realmente sensacional y convincente, no hay necesidad de nada más. Nunca pensé, “ojalá pudiéramos hacer esto en otro lugar o me gustaría que este momento pasara afuera”. No sentía la necesidad de mirar otra cosa, porque sólo quería mirar sus caras.

Acabas de decir que la actuación es básicamente lo más importante de la película, así que, ¿cómo fue el proceso para encontrar a las actrices adecuadas para interpretar a estos personajes?

Fue muy desafiante. La actuación lo es todo, no tengo trucos, mi truco es mi trabajo con los actores, así que no tengo ningún helicóptero, llamas, ni nada de eso. Para elegir a estas mujeres, hice una combinación de ver a quién admiraba y preguntarles si tenían alguna amiga que quisieran recomendar. Curiosamente, algunas de estas chicas se eligieron unas a otras. Nunca hago audiciones, no creo en las audiciones, no me gustan, por lo que se trataba de conversaciones, llamadas telefónicas y encuentros cara a cara. Sientes inmediatamente si son las actrices correctas.

Preferiste dejar muchas preguntas sin respuesta. ¿Por qué decidiste hacer una película que está abierta a diferentes interpretaciones?

En el mundo en el que vivimos ahora, con información, redes sociales y toda esa mierda, ya nadie aprecia un misterio. Todos quieren que les den todo y quieren saber. Pero algunos de los misterios de la vida son emocionantes, especialmente en el arte, el arte debe ser incognoscible, intocable, debe dar más preguntas que respuestas. No soy una cineasta que tenga un mensaje, tengo mis sentimientos y mis tradiciones, y las cosas que me emocionan en la escritura, el teatro y la actuación, pero preferiría ser más interesante y desafiante que cualquier otra cosa. Obviamente, la idea de que alguien salga de la película con sus propias teorías es mucho más emocionante para mí que mantener las cosas en una caja. Quiero crear y entablar una conversación, y quiero que mi película no se olvide de inmediato.

Fantastic Fest 2018: Jim Hosking charla sobre AN EVENING WITH BEVERLY LUFF LINN

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

An Evening with Beverly Luff Linn (2018) –cinta de la que ya les platicamos en nuestra crítica– tuvo su premiere texana bajo el marco de Fantastic Fest, donde el director británico Jim Hosking (The Greasy Strangler) nos dio una entrevista sobre temas como su colaboración con el neozelandés Jemaine Clement, las comparaciones con Wes Anderson y Jared Hess que suele recibir, y los elementos emocionales y misteriosos de su segunda película. 

Cinema Inferno: Parece que en este mundo, y también en tu película anterior [The Greasy Strangler], no hay espacio para personajes que no sean al menos un poco extravagantes…

Jim Hosking: Sí, hay algo de verdad en eso. Siento que no tiene sentido tener un personaje que de alguna manera se pueda olvidar, por eso he hecho eso, sólo intento que sean lo más memorable y distintivo posible. No tienes muchas oportunidades de hacer largometrajes, así que pienso, ¿por qué diablos harías algo que es totalmente normal? [risas].

Creo que mi actor favorito de la película es Jemaine Clement, así que, ¿cómo fue trabajar con él y si ya eras fan de su trabajo, especialmente de sus colaboraciones con Taika Waititi?

Con Jemaine, no soy uno de los devotos de Flight of the Conchords. Es más que lo he visto en varias cosas diferentes y siempre me había interesado, supongo, su aspecto, pero también su talento, y sentir que tal vez podía llevarlo en una dirección diferente. Me interesaba que interpretara un personaje más vulnerable.

Él no deja de pensar, definitivamente había momentos en los que estábamos peleando sobre cómo abordar incluso una línea. Hay una escena en la que Shane (Emile Hirsch) está de vuelta en casa con Carl (Sky Elobar) y Tyrone (Zach Cherry), y luego Colin (Clement) se acerca a la casa y aparece Lulu (Aubrey Plaza); tuve una conversación masiva que siguió y siguió con Jemaine sobre cuándo el personaje de Aubrey debía subir los escalones [risas].

Fue divertido, ¿sabes? Piensa mucho sobre la lógica y esas cosas, pero eso también es brillante. Es muy inteligente, muy inventivo y esto realmente lo ves cuando miras los dailies y cuando empiezas a editar. Tuvimos un horario muy apretado y por eso tienes que confiar en tu instinto, y definitivamente con Jemaine, viendo los dailies fue como, “wow, hombre, realmente la rompió”.

En The Greasy Strangler (2016), el público supo desde el principio quién era el asesino titular, pero aquí es mucho más enigmático con el personaje de Craig Robinson. ¿Cómo fue trabajar con el elemento de misterio?

Para nosotros fue hilarante, esa es realmente la palabra, nos reíamos tanto por tener un personaje que no dice nada y sólo hace este ruido mientras todos dicen que es el hombre más brillante que han conocido. Lo encontramos muy divertido, fue fantástico.

Trabajar con Craig, él es tan capaz, tan confiable y tan sólido como actor, e incluso como un actor dramático. Fue fascinante tener este personaje y estas facetas diferentes, pero sí, el aspecto misterioso es toda la película en realidad. Se trata de identidad y misterio, pero también es graciosa.

Desde que salió tu primera película, hubo algunas comparaciones con comedias independientes quirky y directores como Jared Hess y Wes Anderson. Esta vez siento que hay algo de Wes Anderson en An Evening with Beverly Luff Linn, particularmente en el enfrentamiento en el hotel, el timing peculiar de la pelea me recordó a El gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014). 

No he visto El gran Hotel Budapest, tal vez esté conectado con Wes Anderson.

Tú no eres estadounidense, pero honestamente, para mí eso se siente como una actitud americana, ser agrupado con esos directores. No son mis influencias y probablemente veo mucho más cine del resto del mundo. Creo que en realidad es más una reflexión sobre el hecho de que no hay muchos cineastas que parecen preocuparse por cómo lucen sus personajes. Estás eligiendo a otros dos directores que crean mundos bastante específicos.

Wes Anderson se siente como un mundo controlado, ¿sabes? La forma en cómo se mueve la cámara y en la que los personajes hablan, y cómo todo está increíblemente controlado. No siento que yo trabaje así, en lo absoluto. Siento que hay mucho más espacio, hay mucha más humanidad, y siento que tiene más emoción y vida.

La pelea que mencionas, fue bastante sencilla la forma en cómo se filmó, si hubiese tenido un presupuesto mayor y más tiempo, habría pasado 12 horas filmando esa escena y habría lucido muy, muy diferente. Estarías hablando de Toro salvaje (Raging Bull, 1980) [risas]. 

En The Greasy Strangler había un elemento romántico, pero al final el personaje femenino se convirtió en parte del lado absurdo y de la violencia de la película. Esta vez, el aspecto romántico es dulce y, diría, más maduro en el sentido de que creas un personaje [Colin] que cuida a Lulu y ella valora eso. ¿Qué piensas sobre esto? 

Sí, creo que eso es cierto. Son películas muy, muy diferentes. Ambas me satisfacen de diferentes maneras. Me parece realmente gracioso que The Greasy Strangler exista y que de alguna manera se me permitiera realizarla, realmente disfruto eso de cierta manera.

Pero con An Evening with Beverly Luff Linn, siento que fue una película mucho más difícil de hacer; el desafío de la película era intentar combinar exitosamente la naturaleza peculiar del mundo y los personajes con el corazón y la emoción. Eso es lo que encontré más satisfactorio, lo que realmente me dejó esta película es que me sentí muy conmovido cuando rodamos ciertas escenas. Fue por mucho la experiencia más satisfactoria de todo lo que he hecho.

Creo que es lo más sorprendente de esta película, que espero que conecte emocionalmente con la gente, de una manera que los sorprenda.

Fantastic Fest 2018: Nicolas Pesce y su adaptación de la novela PIERCING

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Para su segundo largometraje, después de The Eyes of My Mother (2016), el joven director americano Nicolas Pesce decidió adaptar la novela Piercing, escrita por el japonés Ryu Murakami y publicada en 1994. 

La cinta del mismo nombre es protagonizada por Christopher Abbott y tiene, en definitiva, una de las secuencias iniciales más llamativas del año: Reed, el personaje de Abbott, es un hombre de familia bien educado que, de cualquier manera, está listo para matar a su propio hijo, sin embargo, su esposa lo interrumpe y su propia voz interior –proyectada a través de un bebé que habla– dice que debería asesinar a una prostituta. Rápidamente, decide continuar con este último plan, por lo que alquila una habitación y contrata a la trabajadora sexual Jackie (Mia Wasikowska), quien, para la sorpresa de Reed, resulta ser otra alma retorcida.

Piercing (2018) tuvo un par de funciones en Fantastic Fest, donde tuvimos la oportunidad de platicar con Pesce.

Cinema Inferno: ¿Por qué decidiste hacer una adaptación después de tu primer largometraje?

Nicolas Pesce: Descubrí a Murakami a través de Takashi Miike, quien dirigió Audición (Ôdishon, 1999) basada en un libro de Murakami. Así es cómo descubrí al autor, leí Piercing, me encantó, y encontré muchos elementos que realmente pensé que serían interesantes de explorar. Vi la oportunidad de hacer algo muy diferente a mi primera película. Me intrigó la idea de encontrar una historia con la que me identificaba, pero que yo no había generado, y de averiguar cómo tomar el material de origen, hacerlo mío, pero aún así tratar de permanecer fiel a su esencia.

Entonces, ¿cuál crees que era la esencia de la novela?

La esencia del libro, ante todo, es una interpretación de los thrillers sensuales americanos; en el libro es muy abierto y consciente a la hora de burlarse de Bajos instintos (Basic Instinct, 1992) y ese tipo de película. Pero debajo de eso, se trata de dos personas profundamente dañadas que piensan que quieren hacer daño pero realmente no lo hacen, y encuentran un poco de este amor extraño y retorcido, y una conexión, entre ellos. Así que es como una historia de amor pirada, ¿sabes? Esa fue realmente la esencia del libro para mí: estas dos personas dañadas que se encuentran. Estilísticamente le puse mi propio toque, pero sí, ese fue el lugar de partida.

Creo que cualquier película que comienza con un padre que intenta matar a su propio bebé, realmente te atrapa desde el principio…

Ese también es el inicio de la novela. Creo que la razón por la que te atrapa es porque creemos que como padre debes tener amor incondicional por tu hijo, pero ser padre no es necesariamente tan fácil y el personaje de la historia no puede librarse de estos pensamientos oscuros que está teniendo. Ver a alguien que se supone es el protector definitivo, ser la persona que potencialmente está poniendo en peligro al niño, es fascinante, pero también es un gran impulso para querer encontrar una manera de deshacerse de eso. El protagonista también sabe que es oscuro y no quiere ese sentimiento, por lo que la historia realmente trata sobre este hombre que intenta deshacerse de estos pensamientos, aunque no de la mejor manera: está planeando otro asesinato, pero al menos la víctima no es su hijo [risas].

Al mismo tiempo, es divertido, desde el principio con la voz del bebé y demás. El tono me recordó a Psicópata americano (American Psycho, 2000)…

Totalmente.

¿Cómo se equilibra ese tono con la historia de un psicópata?

Eso es parte de lo divertido de toda la película, tratar de hacer que esta historia realmente oscura y retorcida se sienta más divertida y juguetona, con un extraño sentido del humor. El libro tiene un sentido del humor muy extraño, pero vi muchas películas de Park Chan-wook, Bong Joon-ho y Takashi Miike, que tienen un sentido del humor negro, como si estuvieras viendo la cosa más horrible y aún así tienes una sonrisa en tu cara porque hay una punzada de alegría. Creo que gran parte del cine asiático, particularmente de género, hace cosas asombrosas de este tipo, híbridos que yuxtaponen sentimientos y emociones que no necesariamente deben ir juntas para un efecto impresionante. Me inspiraron mucho los cineastas que acabo de mencionar para intentar jugar con ese tono.

La película depende básicamente de los actores, hay pocas locaciones y sólo dos protagonistas. ¿Qué tan desafiante fue encontrar a las personas adecuadas para interpretar estos roles?

Siempre es una apuesta, especialmente en una película independiente, no tienes mucho tiempo, no tienes tiempo para ensayar. Chris, quien interpreta a Reed, era un amigo mío y, a menudo, participa en películas muy naturalistas, como un hombre ordinario. Quería darle algo que no era eso, algo totalmente diferente y que pudiera demostrar que él es más que eso. También por tener una relación personal con él, y saber que mucho de la película es sobre él, sabía que podríamos hacer ciertas cosas juntos.

Con Mia, ella entró en el proyecto poco tiempo antes de que filmáramos. Soy un admirador de su trabajo, creo que es una gran actriz, en cada película en la que participa, su estilo tan único impregna toda la película con su tono.

Lo último es esperar que los dos puedan trabajar juntos, los dos por su cuenta son grandiosos así que queda esperar a que tengan química, y creo que en ese punto dependes un poco de la suerte, ¿sabes? Fuimos afortunados porque estuvieron muy bien juntos y realmente se llevaban bien, se conectaron de inmediato y pudieron complementarse.

Ya hablaste sobre el personaje masculino, pero ¿qué pasa con el personaje masoquista femenino?

En la mayoría de las películas como esta, este tipo thrillers sexuales y psicópatas, el personaje femenino está ahí para ser una damisela en apuros, para salir desnuda o para ser asesinada de una manera realmente brutal. Esta película establece que aquí hay un tipo que quiere matar a una prostituta, por lo que piensas que la película se dirige a entregar todas esas cosas, pero no es así.

La belleza del personaje de Mia es que ella no se deja llevar por ninguno de esos clichés, no es una damisela en apuros, no deja que se aprovechen de ella, ni es asesinada; Jackie realmente es la que tiene todo el poder y la que se está divirtiendo con los juegos mentales.

Creo que el aspecto más divertido de esta película es que al inicio la audiencia tiene una expectativa muy clara de a dónde irá, y gracias a Jackie, ella te dice que no esperes nada porque no sabes de lo que es capaz, no sabes lo que hará. Eso alteró el rol femenino en este tipo de película, eso fue importante e interesante para mí.