Fantasia 2020: THE OLD MAN MOVIE, locuras desde Estonia

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Más allá de maestros legendarios como Willis H. O’Brien (King Kong), Ray Harryhausen (20 millones de años a la Tierra, Furia de titanes) o Jan Svankmajer (Alicia, Fausto), cuando pensamos en cine con animación stop motion es referirse a maestros contemporáneos de la técnica como el estudio británico Aardman (creadores de Wallace y Gromit, Pollitos en fuga y Shaun, el cordero), los cineastas Tim Burton y Henry Selick (El extraño mundo de Jack), exponentes atípicos como Wes Anderson (El fantástico Sr. Zorro, Isla de perros) o el estudio americano Laika (cuyos créditos incluyen Coraline, ParaNorman y Kubo y la búsqueda samurái).

Si algo tienen en común todas estas producciones es que pueden ser disfrutadas por toda la familia (bueno, los más pequeños quizá no conectan tanto con las cintas de Anderson), aunque también existen animaciones stop motion con temas más adultos y duros que han tenido bastante reconocimiento, incluso en tiempos de CGI (Anomalisa o La vida de Calabacín, por ejemplo).

Alejadas del mainstream y “escondidas” en festivales de género como Fantasia o Fantaspoa, se pueden encontrar otras animaciones que usan la misma técnica laboriosa pero con un público diferente en mente, como los seguidores del terror (piensen en Pos eso, que bebe del cine de exorcismos) o del cine absolutamente disparatado. En este último apartado, el del cine (cómicamente) extravagante, podemos colocar el filme estonio The Old Man Movie (Vanamehe film, 2019).

Desde su primera secuencia la película anuncia sus intenciones: se trata de un viejo anuncio de servicio público, en blanco y negro, que nos acerca al peculiar mundo de The Old Man Movie, donde existe una cultura y mucha pasión alrededor de la leche de vaca y los lecheros. El PSA también funge para establecer el conflicto central de la cinta: hace muchos años el lechero de un pueblo rompió con la religiosa rutina diaria de ordeñar a su vaca, provocando que sus ubres crecieran exponencialmente hasta explotar casi como si se trataran de una bomba atómica. Desde entonces, las generaciones posteriores fueron alertadas sobre el riesgo de no ordeñar diariamente a una vaca, aunque con el paso del tiempo esta amenaza fue perdiendo relevancia en el pensamiento colectivo del pueblo. Entonces, nos movemos al presente para seguir a tres niños citadinos que van a pasar su verano con su abuelo, el lechero actual del poblado donde décadas atrás ocurrió la catástrofe láctea.

The Old Man Movie tiene elementos familiares. En su forma encontramos un trabajo de animación excepcional, lleno de variados y coloridos personajes (hechos con arcilla aunque también hay marionetas, algunos animales, por ejemplo, parecen cubiertos enteramente de tela) y escenarios que no le piden absolutamente nada al trabajo de los famosos estudios de stop motion arriba mencionados. Es posible ubicar en su trasfondo temas clásicos como el choque generacional y cultural (los dos nietos más grandes no paran de ver el teléfono celular, mientras que el abuelo no conoce otra vida más que la de la granja), e incluso el principal conflicto tiene que ver con un animal inocente –la entrañable vaca principal, actúa como un perrote, es explotada por el abuelo y manifiesta cansancio–, los humanos que lo acechan y los que lo quieren defender (temática que aparece en Shaun, el cordero: La película, ¡Piratas! Una loca aventura y, fuera del stop motion, en Paddington). Sin embargo, las peculiaridades de The Old Man Movie nunca paran para recordamos que no, no estamos viendo una película animada mainstream.

Esto quiere decir que tenemos animales siniestros, humanos borrachos y mucha mierda. El humor escatológico se resume en una divertida y extraña secuencia en la que el abuelo, para divertir a sus nietos, “infla” a su puerco por el trasero para que este suelte gases, sin importar que le quede algo de caca en la boca. El humor también tiene un toque más seco, que yuxtapone, por ejemplo, al antagonista netamente cinematográfico (el antiguo lechero que sobrevivió la explosión y ahora insiste en que las vacas son un mal para la sociedad) con la realidad, ya sea la propia (él imagina que su accionar es intenso cuando la verdad es que anda lentamente en su silla de ruedas) o la de los habitantes del pueblo. 

En la secuencia que más me hizo reír de toda la película, nuestro villano le expone con harto entusiasmo a sus ayudantes (unos obreros de una aserradero necesitados de más trabajo) sus malvados y, en su mente, importantes planes (quiere matar a la vaca que escapó antes de que le exploten las ubres), sólo para obtener como respuesta la historia de la deprimente realidad de uno de los trabajadores, quien tiene ocho hijos y perdió sus dedos trabajando horas extras, para luego ser abandonado por su mujer y volverse alcohólico. Este tipo de situaciones, de fino humor negro, destacan y funcionan a la perfección.

Conforme avanza a The Old Man Movie le sucede algo que no es inusual en el cine de género deliberadamente pirado. Es como si un vehículo que de por sí siempre había ido a exceso de velocidad de pronto se queda sin frenos. Irremediablemente el resultado final será irregular cuando las nociones (que aquí parecen apuntar a la liberación de los animales, a la posibilidad de cambiar para bien costumbres arraigadas y a que la vida rural sí es emocionante), se ven intencionalmente opacadas por el deseo de hacer un filme cada vez más descabellado.

Hay algo de admirable, sin duda, en un cóctel animado que incluye: una dosis de gore (no le va nada bien a unos hippies… sí, hay hippies), gags sexuales que involucran a un árbol parlante, y en general una colección de momentos WTF. No esperaba que al ver The Old Man Movie pasaran por mi cabeza South Park (esa forma de incluir diálogo sobre un disparate para luego hacerlo realidad, ese legendario capítulo con el roedor Lemmiwinks en el recto del Sr. Esclavo), la rareza absoluta Butt Boy (otra película de premisa absurda y desarrollo aún más absurdo estrenada en 2019), el mismísimo Axl Rose de Guns N’ Roses (sí, en serio), el típico personaje del chavito aparentemente inocente y despistado (aquí el menor de los hermanos) que termina siendo un genio de algo, Terminator (The Terminator, 1984), RoboCop (1987), y las peleas de mechas, aunque en esta ocasión también hay una simbiosis totalmente ridícula. 

The Old Man Movie es, naturalmente, un loco divertimento, aleatorio en su narrativa y lleno de altibajos.

Fantastic Fest 2019: DEERSKIN y BUTT BOY llegan hasta las últimas consecuencias de lo absurdo

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Georges (interpretado de forma genial por Jean Dujardin, actor mejor conocido por El artista y la saga sobre el agente OSS 117), un hombre recién separado de su esposa, paga una buena cantidad de euros por una chaqueta hecha con piel de ciervo e inmediatamente se obsesiona con la prenda, como si nunca antes hubiera apreciado tanto su propio look. Dado que el viejo que le vendió la chamarra decidió regalarle una cámara de video (en una de esas acciones aleatorias tan características en el cine del francés Quentin Dupieux), Georges inventará que trabaja como cineasta cuando empieza a socializar con Denise, (Adèle Haenel) la bartender del pueblo donde se aisló tras su separación. 

Naturalmente, en las manos de Dupieux (Reality, Keep an Eye Out), ambos gags que involucran al protagonista –la chamarra y la mentira de que es director de cine– llegarán hasta las últimas consecuencias de lo absurdo. Que a estas alturas la locura sea inherente al apellido Dupieux no le resta puntos al factor sorpresa, de hecho Deerskin (Le daim, 2019) es su película más lograda desde su hilarante ópera prima: Rubber (2010), esa exploración de los sinsentidos del cine y la metaficción que también jugaba con las convenciones del slasher (en otras palabras: ¡la película sobre la llanta asesina!). 

En Deerskin, Dupieux estira hasta más no poder el chiste de un hombre enamorado de su propia chamarra y, gradualmente, de otras prendas de piel de ciervo, elemento que jamás deja de ser hilarante sino todo lo contrario, cada faceta de su siempre creciente obsesión es más maravillosa que la anterior. Eso se mezcla con una trama sobre la (inicialmente falsa) grabación de un largometraje, y lo que comienza como un retrato de un hombre que parece hacerle frente a su soledad actuando como si su chaqueta tuviese vida propia (le presta su voz, naturalmente), pasa a ser también una farsa sobre el quehacer cinematográfico, con Georges como un cineasta que no tiene ni puta idea del oficio que dice estar ejerciendo y que se ha quedado sin un solo euro (aquí es clave el personaje de Haenel cuando revela que aparte de ser bartender, desea desarrollarse como editora). 

Dupieux se burla del cine de bajo presupuesto y, por supuesto, de su propia figura; no por nada hay secuencias autorreferenciales en las que Georges pone a sus (desconcertados) actores a realizar escenas que no tienen sentido. Por si fuera poco, Deerskin evoluciona en algo que también podría considerarse parte del slasher pero, a diferencia de Rubber, nos ofrece asimismo la versión humorística con el sello Dupieux de las cintas de asesinos seriales más cercanas al horror psicológico. 

La clave es que las risas genuinas jamás paran en este cóctel tan extraño, que tiene vasos comunicantes con Man Bites Dog (1992) –esto lo mencionó acertadamente el programador de Fantastic Fest a cargo de la presentación de la función–, sobre un cineasta y asesino en serie (de verdad), motivado por un sueño inalcanzable que comparte con su preciosa chamarra de piel de ciervo (¡!) y financiado por una joven con calibre de productora fílmica. Deerskin, sin duda de las comedias del año. 

Hablando de premisas ridículas que no a cualquiera se la ocurrirían y de directores que las llevan a lugares más extremos e impensables, imposible no mencionar Butt Boy (2019), de Tyler Cornack, presentada como Deerskin en las funciones de medianoche de Fantastic Fest 2019. 

Butt Boy va sobre un padre de familia (interpretado por el propio Cornack) que está atravesando la famosa crisis de la mediana edad. Aunado a que no vive su mejor momento en su trabajo ni con su pareja, el protagonista, Chip, está a punto de enfrentar su primer examen de próstata. Esta consulta médica provocará un total giro en su vida, una vez que descubre el placer que le causa introducirse cosas por el ano… y la mera premisa no se detiene ahí sino que se convierte en una obsesión para Chip, a tal grado que comienza a meterse por el trasero ¡seres vivos! Iniciando con su propio perro y, luego, en una decisión bastante radical, a un infante ajeno. 

Con estas palabras se pueden dar cuenta que, incluso más que Deerskin, Butt Boy es una película no apta para cualquier tipo de público. Cornack bien se pudo quedar en la mera anécdota, sin embargo realmente se atreve a ir a otro nivel… y casi milagrosamente funciona.

La verdadera trama de Butt Boy se desarrolla años después del incidente del niño desaparecido, cuando Chip ha dejado su adicción, ayudado por un grupo de alcohólicos anónimos (aunque obviamente nadie sabe que su verdadero problema no es el alcohol). No obstante, Chip recaerá y otro niño desaparecerá… por su culo. 

Lo interesante de Butt Boy es que se convierte en un thriller genuino, de la mano del otro protagonista: Russel (Tyler Rice de actuación memorable), el nuevo compañero de Chip en alcohólicos anónimos que labora como detective y a quien le es asignado el trágico caso que provocó Chip. Imaginen ese escenario clásico del policía vs. criminal, particularmente del hábil y dedicado detective (con problemas personales) que deduce todo pero a quien nadie le cree (por razones obvias). La seriedad con la que Butt Boy se toma este duelo es genial, ciertamente el humor absurdo no sólo es omnipresente sino que, como audiencia, sabemos que pone en riesgo la dirección final de la película. 

Afortunadamente, la evolución de Butt Boy siempre es ridícula, ingeniosa e hilarante por igual; basta decir que su elemento de thriller pasa a un terreno de fantasía post apocalíptica e incluso el detective Russel se convierte en un personaje complejo y héroe genuino. Que todo esto se desarrolle en el recto de Chip… bueno, como les decía, no a cualquiera se le pudo ocurrir estas ideas y, menos, lograr filmar algo interesante basado en ellas.