Cannes 2019: FIRST LOVE, la película reciente más notable de Takashi Miike

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Pocos directores logran hacer de la violencia explícita algo tan gozoso y divertido como el nipón Takashi Miike. El prolífico cineasta, a tal grado que estamos ante su largometraje número 103, es uno de los maestros que dominan este arte y desde los primeros momentos de First Love (Hatsukoi, 2019) la brutal decapitación de un miembro del crimen organizado revela un toque absurdo y demencial irresistible (la edición la liga genialmente con una secuencia anterior de boxeo, mientras la cámara muestra la extraña expresión de la cabeza decapitada).

First Love nos presenta un par de tramas. Primero conocemos a una joven promesa del boxeo, Leo (Masataka Kubota), quien en una pelea se desvanece sorpresivamente arriba del cuadrilátero para después recibir una noticia crucial y trágica: su doctor le ha detectado un tumor en el cerebro que, naturalmente, lo dejará con poco tiempo de vida.

Por otra parte, Miike regresa a un territorio en el que ha navegado durante décadas: el cine de yakuzas, ahora explorando un contexto particular en el que la vieja escuela criminal añora un pasado con más honor y, donde, una vez que el jefe ha salido de prisión, una guerra contra los chinos parece inminente. Ahí Miike introduce a otro puñado de personajes y al móvil narrativo central de su cinta: un yakuza (Shota Sometan de memorable actuación), preocupado por los tiempos violentos y difíciles que vienen en su submundo, decide traicionar a los suyos y aliarse con un policía corrupto (Nao Ohmori), robar un cargamento de drogas, y así dirigirse a un futuro en prisión eventualmente pacífico, mientras yakuzas y chinos se destruyen afuera. Las víctimas del robo serán otro yakuza y su mujer, quienes a su vez son responsables de Monica (Sakurako Konishi), una jovencita que, para pagar la deuda de su ausente padre con el clan yakuza, ha tenido que prostituirse, lo cual la ha llevado también a convertirse en una adicta a las drogas que sufre de alucinaciones.

Toda esta variedad de personajes se reunirán la noche que tanto el yakuza traidor como el policía corrupto han elegido para llevar a cabo su plan maestro. Con esto como pretexto, Takashi Miike nos muestra una serie de situaciones improbables, que llevarán al boxeador a involucrarse con personas ajenas a su mundo de manera circunstancial, alterando todo el plan y comenzando a sentir algo por la inocente joven que se encuentra  secuestrada por los yakuzas y las drogas.

El resto de First Love se desarrolla en el transcurso de una sola noche en la que nada, absolutamente nada sale acorde a lo planeado y todo se torna más violento, increíble y épico. Un frenético cóctel en el que caben otros personajes, como la demente y deseosa de venganza novia (Becky Rabone) del yakuza al que le roban la droga; continuos asesinatos; una batalla entre criminales japoneses y chinos; y hasta una delirante secuencia animada, por ejemplo. Si bien a estas alturas se pudiera pensar que Miike ya le ha ofrecido todo al cine de yakuzas o de crimen en general, First Love lo muestra como un cineasta que, a sus 59 años, sigue sorprendiendo por su impredecible manera de innovar.

First Love es una colección de momentos que nos obligan a preguntarnos: ¿cómo demonios se le ocurrió esto a alguien?. En este caso un pensamiento siempre asociado por el nivel de violencia pero al mismo tiempo de comicidad, exageración y lo absurdo. Por si fuera poco, y como su título lo indica, First Love es otra muestra de que la humanidad es también una parte esencial del cine de Miike: aquí todo ese delirio ya mencionado está acompañado de una historia de amor y de un par de protagonistas entrañables, a quienes deseas ver juntos al final de la locura. First Love es, sin duda, uno de los puntos altos de la interminable filmografía de Miike.

Cannes 2019: LIAM GALLAGHER: AS IT WAS, el exitoso regreso del ex vocalista de Oasis

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Si el documental sobre el venerado grupo británico Oasis, Supersonic (2016), de Mat Whitecross, fue un vistazo a su breve pero inolvidable momento en la cima del mundo musical en los años noventa, Liam Gallagher: As It Was (2019), por el contrario, comienza en el peor momento profesional para los Gallagher: Paris, 2009, cuando la repentina cancelación de un concierto derivó en la separación definitiva de la banda de Manchester, Inglaterra. Esto dio paso también al peor momento en la vida personal del vocalista y hermano menor Liam, traducido en el rotundo fracaso de su subsecuente grupo Beady Eye (el cual mantuvo a miembros del último lineup de Oasis) y en un doloroso y costoso divorcio.

Creado principalmente para fans de los Gallagher, Liam Gallagher: As It Was no titubea a la hora de mostrar al arrogante pero carismático Liam en su estado de mayor inseguridad: no es secreto que aunque él comenzó la banda, su hermano mayor se convirtió en el (casi) único compositor del grupo,  y la arrogancia de ambos provocó que Noel demerite a su hermano continuamente por ello.

Entonces, a diferencia de otros documentales de rock ‘n’ roll, Liam Gallagher: As It Was parte del momento más bajo de su artista en cuestión, para eventualmente mostrarnos una total mejoría tanto en lo profesional como en lo personal. Una borrachera en Irlanda con su otro hermano lo llevó a tomar una guitarra e interpretar en vivo lo que se convertiría en “Bold”, un tema tan memorable como personal del As You Were (el primer disco solista de Liam) con el que parece desmarcarse de la pesada sombra de Noel (“gonna take you off my list of to-dosthere’s no love worth chasing yesterday…”).

En parte un satisfactorio making-of del As You Were, así como un seguimiento al detrás de cámaras de la primera gira de Liam en solitario (con el ataque terrorista en Manchester de 2017 como contexto), Liam Gallagher: As It Was tiene en su núcleo a alguien más apreciativo de la vida y de su familia (destacan las interacciones de Liam con su madre, su actual pareja y sus tres hijos), cuestiones mundanas que ningún rockstar a sus 25 años podría considerar importantes.

A estas alturas, cuando Liam cuida como nunca su voz y su condición física (porque los intensos años noventa quedaron muy atrás), una reunión con Noel luce más que improbable, pero un exitoso segundo álbum como solista, que lo mantenga vigente, parece inminente.

Texto publicado originalmente en Chilango.

Cannes 2019: BANDISHALA sigue a una mujer fuerte en un ambiente machista

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

No es raro para las películas de la India mezclar géneros y elementos, ni que sus segundas mitades (los intermedios siguen siendo comunes en esta cinematografía) tomen un rumbo diferente respecto a lo visto al inicio. Bandishala (2019) de Milind Lele (también conocida como The Prison), la cual se exhibió en el mercado del Festival Internacional de Cine de Cannes, no es la excepción. Empieza como una cinta desarrollada dentro de una prisión, donde cualquier mal comportamiento de los reos es controlado y castigado por nuestra protagonista Madhavi Sawant (Mukta Barve), una mujer cuya sensible vida personal contrasta rotundamente con sus jornadas laborales, donde, en algunos casos, la fuerza que usa en contra de los prisioneros es excesiva.

Sin embargo, la intención de la primera mitad de Bandishala es la de revelar a una mujer fuerte que no se va a dejar intimidar en lo absoluto ante un sistema corrupto y un juego político que descubre la realidad de las prisiones en la India. Por medio de una subtrama que eventualmente pierde peso –la cual involucra a la hermana de la protagonista y a su abusivo esposo–, desde su primera parte Bandishala apunta a exponer y cuestionar al patriarcado.

Una vez que ocurre lo previsible, aunque no por eso menos brutal, y los superiores de la guardia deciden poner un alto a su convicción que ha alterado los intereses del podrido sistema, Bandishala pasa a ser algo totalmente diferente a lo que nos habíamos imaginado tras atestiguar a la protagonista en acción controlando a los prisioneros. Los momentos musicales festivos de la primera mitad se convierten en secuencias totalmente dramáticas, con el objetivo de hacer énfasis en el horror experimentado por Madhavi, sin duda una la triste realidad similar a la de muchas mujeres mexicanas.

Así , Bandishala, después del intermedio, es más bien un drama que cambia la locación de la prisión por la corte, así como la fuerza bruta en contra de los criminales por el desolador panorama en torno a la impartición de justicia (otro tema que, lamentablemente, es universal). Un drama inclusive un tanto aleccionador, que, como ya apuntaba, denuncia lo que suele hacer el patriarcado cuando una mujer demuestra fuerza, Bandishala nunca deja de cambiar de tono y rumbo, recorriendo la usualmente catártica y satisfactoria estructura del subgénero conocido como rape-and-revenge. Sin duda otra valiosa propuesta de la India, en este caso proveniente de la región Marathi.

Cannes 2019: LA PARANZA DEI BAMBINI, los adolescentes de la Camorra

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Como lo evidenció el documental Camorra (2018), recién presentado en Ambulante: Gira de documentales, y algunas historias de Gomorra (2008), el crimen organizado en Nápoles –una ciudad al sur de Italia históricamente azotada por la pobreza– encuentra en la juventud uno de sus principales soportes.

La paranza dei bambini (2019) de Claudio Giovannesi, también conocida como Piranhas, es la más reciente adaptación cinematográfica de la obra de Roberto Saviano, escritor que en 2006 se dio a conocer mundialmente por Gomorra, recibiendo por su labor periodística una condena de muerte por parte de la Camorra, el equivalente napolitano a la mafia siciliana. En esta ocasión, Saviano, quien también co-escribió el guión, decidió abordar de lleno la realidad de los jóvenes en su ciudad natal, donde los padres de familia suelen tener que soportar las extorsiones de los criminales y una sociedad capitalista hace que cualquiera, hasta los niños de sólo 15 años, deseen algo de dinero para satisfacer sus intereses.

Con cierta similitud a la reciente película mexicana Huachicolero (2019), aquí las motivaciones de los protagonistas –Nicola (Francesco Di Napoli) y su grupo de amigos– que los harán “aprovechar” su entorno, robar una joyería y consecuentemente caer en las manos de la Camorra, no podrían ser más normales: entrar a un club y pagar unas botellas un viernes por la noche, comprar ropa de calidad o bien, lo clásico, impresionar a la chica más bonita del barrio.

A diferencia de lo visto en Huachicolero, La paranza dei bambini sí se enfoca en la estructura del crimen organizado. El contexto de las acciones nos indica que el barrio napolitano en cuestión es controlado por un grupo más brutal que el anterior (la familia de dos conocidos del protagonista ahora sufre las repercusiones del nuevo poder) y, como si se tratara de cualquier cambio de gobierno, dado que la Camorra es algo natural en Nápoles, la gente añora el mandato previo porque, por ejemplo, no se extorsionaba a los comerciantes locales.

Con La paranza dei bambini, Saviano deja en claro que el  crimen organizado es inherente a esa parte de Italia de calles estrechas y múltiples motonetas, y que no se irá pronto, porque simplemente va mutando con el paso del tiempo. La particularidad de la cinta es, sin duda, que está contada desde el punto de vista de unos carismáticos jovencitos, quienes aprovechan las circunstancias y deciden pasar de ser simples vendedores de droga a los que controlan todo.

El protagonista de Saviano es interesante porque se revela como un joven considerado y muy inteligente que a diferencia del mandato previo, piensa en el pueblo y en su familia (su mamá solía ser extorsionada), en los niños de la zona (les compra uniformes para jugar fútbol), en su interés romántico (Viviana Aprea como una jovencita que compite en concursos en los strip clubs), en los capos del pasado (hace una acertada asociación con un viejo camorrista que ha perdido poder) y en general, en ningún momento parece carecer de humanidad.

Sin embargo, este personaje, que por momentos podría parecer una especie de mini Pablo Escobar, está diseñado par remarcar que a pesar de todo, de estar preparado para buscar un ambiente pacífico y amoroso (Nicola en un momento no responde de la peor forma a una traición interna o a un ataque de un clan de otro barrio), una vez que te involucras en algo como el crimen organizado, que tomas cocaína, que conoces el sabor del poder, no hay punto de retorno. En La paranza dei bambini, los jóvenes de 15 años, o menos, pueden ser inocentes, humanos, y también actuar como los más desalmados capos criminales.

Esa es la mayor tragedia de Nápoles y de varios lugares en el mundo. Es la de nuestro propio país.

Cannes 2019: THE DEAD DON’T DIE, divertida y autocomplaciente

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Un subgénero del terror tan clásico como el de los zombies tiene, ciertamente, diversas reglas concretas. Esto es algo que el cineasta americano Jim Jarmusch entiende a la perfección como evidente seguidor del terror clásico en general: de George A. Romero y John Carpenter hasta llegar al Nosferatu (1922), de F.W. Murnau.

Tras explorar el mito de los vampiros en Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013), Jarmusch ahora aborda el apocalipsis zombie en The Dead Don’t Die (2019), consciente de los pasos que una cinta de este subgénero tiene que seguir. En ese sentido, Jarmusch no pretende cambiar su gastada estructura, haciendo énfasis, por ejemplo, en el origen del fin del mundo y de otros sucesos extraños (que en este caso tienen que ver con el fracking polar y la desviación del eje de la Tierra), y en las bien conocidas características del muerto viviente: continúan sintiendo atracción por lo que disfrutaban cuando estaban vivos y, para eliminarlos, no hay de otra más que atacar su cabeza.

Es en lo reiterativo de las cintas de zombies donde Jarmusch encuentra su disfrute, inyectando un constante tono absurdo que lleva a geniales momentos cómicos, de la mano de, sobre todo, los oficiales del pueblo americano de Centerville, interpretados por Bill Murray y Adam Driver; y una Tilda Swinton memorable, como la extraña extranjera que atiende la funeraria local y que tiene un gusto por la cultura japonesa (es experta en manejar las espadas samuráis).

Con una cinta como Ghost Dog: El camino del samurái (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999) en mente, es obvio que más allá de las convenciones del género, The Dead Don’t Die, así como en su momento Sólo los amantes sobreviven, tiene el sello del autor. Mientras que conocemos a otros habitantes del tranquilo pueblo –de un seguidor de Donald Trump (Steve Buscemi), un hermitaño estrafalario (Tom Waits), un empleado de una tienda de servicios y aficionado al terror (Caleb Landry Jones) a un grupo de niños que están en una correcional (estos últimos notables por su truncado arco narrativo)–, también caben las referencias usuales del cineasta a la cultura fílmica, literaria y musical.

Pero en esta ocasión, guiños a Zelda Fitzgerald o a Herman Melville, además de los más obvios si pensamos que se trata de un filme de zombies (el influyente Romero siempre en la mente de Jarmusch) vienen acompañados de metaficción y, muy probablemente, del Jarmusch más autorreferencial hasta ahora. The Dead Don’t Die cumple siempre como una cinta dentro del subgénero única (basta decir que Swinton usa esa espada samurái para decapitar muertos vivientes, o que el humor absurdo no para), pero incluso se siente como una rareza aún si conocemos la filmografía de Jarmusch (en particular el desenlace del personaje de Swinton es desconcertante).

Tan autocomplaciente como pesimista, Jarmusch parece cada vez más interesado en exponer que, como dice el personaje de Tom Hiddleston en Sólo los amantes sobreviven, la sociedad moderna está plagada de zombies adictos al Wi-Fi y, en general, a lo material y superficial. Valiosa pero no llega inmediatamente a lo más destacado de este genial cineasta (donde sí se encuentran sus dos anteriores filmes, Sólo los amantes sobreviven y Paterson).

Texto publicado originalmente en Chilango.