Podcast #28: CRY MACHO y homenaje a Clint Eastwood

Aprovechamos el estreno de Cry Macho (2021) para homenajear a uno de nuestros actores y directores favoritos de todos los tiempos: la leyenda viva Clint Eastwood.

El podcast #28 de Cinema Inferno cuenta con la participación de:

Rubén Pintos – Crítico y reportero cinematográfico que ha colaborado en Cámara Salvaje, Revista Cinefagia, Butaca Ancha, Cinema Tradicional y Tomatazos. Especialista en cine asiático, cine de culto y género.

Eric Ortiz García – Periodista (Cinema Inferno, Screen Anarchy) y profesor de cine (FES Aragón UNAM). Colaborador de Radio Mórbido.

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Far East Film Festival 2020: THE CAPTAIN, un complaciente blockbuster chino

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Aunque obviamente todo puede suceder cuando abordamos un avión, los incidentes aéreos no han dejado de ser algo extraordinario. En consecuencia, el cine narrativo siempre le ha puesto atención a este tipo de historias que esperamos nunca vivir en carne propia, encontrando en ellas tanto la singularidad como la tensión necesaria para enganchar a la audiencia.

Tan sólo entre junio y julio del presente año tres películas sobre contratiempos aéreos han emergido: Street Survivors: The True Story of the Lynyrd Skynyrd Plane Crash (2020), la versión no autorizada de la tragedia que terminó con la primera encarnación de la legendaria banda de rock sureño; 7500 (2019), original de Amazon Prime con Joseph Gordon-Levitt como un piloto que tiene que lidiar con un grupo de terroristas musulmanes; y The Captain (2019), esta última descrita por el Far East Film Festival como “la respuesta china a Sully: Hazaña en el Hudson (Sully, 2016)”.

Esa película, dirigida por la leyenda viva Clint Eastwood y protagonizada por Tom Hanks y Aaron Eckhart, es la adaptación de la historia real sobre el forzoso y arriesgado aterrizaje que el piloto americano Chesley Sullenberger hizo en pleno río Hudson, luego de que, insólitamente, una parvada destrozó los motores del avión que capitaneaba. Milagrosamente, nadie perdió la vida esa tarde de enero de 2009.

La historia igualmente verídica en la que está basada The Captain de Andrew Lau (cineasta mejor conocido en occidente por la trilogía de Infernal Affairs, inspiración para Los infiltrados, de Martin Scorsese) es similar al milagro del Hudson: en mayo de 2018, durante un vuelo comercial con rumbo a la región del Tíbet, parte del parabrisas de la cabina del avión se quebró, provocando la pérdida de presión y que el copiloto se saliera parcialmente por la ventana. La crisis se potenció porque estaban volando sobre una zona montañosa y por las condiciones climáticas (había una tormenta); entonces el piloto chino Liu Chuanjian se vio forzado a atravesar la tormenta para llegar a otro aeropuerto y lograr el aterrizaje de emergencia. Increíblemente, en este caso tampoco hubo pérdidas humanas que lamentar.

El filme de Eastwood explora lo que sucedió después del “milagro”, cuando se empezó a cuestionar oficialmente a Sullenberger. Más allá de la secuencia en el avión (que aparece en forma de flashback), el conflicto central está en la interrogante: ¿Sullenberger hizo lo correcto y es un héroe genuino o su carrera está arruinada porque una decisión errónea puso en riesgo la vida del crew y de los pasajeros? Para Eastwood también es importante hacer énfasis en la precisa respuesta desde varias trincheras que garantizó el rescate de la gente estando ya en el río; siendo esto un homenaje fílmico a los ciudadanos de Nueva York, ciertamente con el eco del 9/11 en todo momento.

Si bien en la ejecución de The Captain podemos encontrar algunos paralelismos con Sully: Hazaña en el Hudson, estamos ante algo muy diferente. De hecho, dentro de su propia narrativa se mezclan diversos tonos. Lau parece que se apegará al tenor realista de acuerdo a los primeros minutos, cuando nos adentra a lo que sucede antes de un vuelo desde el punto de vista del capitán (sobriamente interpretado por Hanyu Zhang), la tripulación y el personal de las torres de control: así vemos, por ejemplo, cómo el crew revisa que todo esté en orden mientras los pasajeros aguardan el abordaje. Una vez en el aire, la película mantiene un tono ameno, hay tiempo para ponerle rostro a algunos de los viajeros (entre los más distintivos están un tipo soberbio que es grosero con las azafatas y un viejo veterano de guerra que visitará a sus colegas caídos) y para algunas interacciones de índole más personal entre el personal, aunque en realidad todo esto queda en el fondo.

Naturalmente Lau nos dirige a ese inusual momento de vida o muerte. The Captain se asume como un blockbuster grandilocuente, el ritmo se acelera, lo cual es obvio, pero aún así la ejecución es un tanto desconcertante y toma un minuto acostumbrarse a lo que estamos viendo en pantalla: el copiloto casi saliéndose por completo de la cabina, el piloto tratando de asimilar la intensidad de la situación, las azafatas “flotando” en el pasillo del avión… todo con efectos digitales con un nivel por debajo a lo que nos tiene acostumbrados Hollywood y, por ende, con un dejo de la desmesura (en ocasiones risible) del cine de serie B.

A pesar de que por momentos parece que habrá algo más para acompañar al conflicto principal –por ejemplo se introduce a un grupo de entusiastas de la aviación que están siguiendo de cerca las noticias sobre la emergencia y existen diversas tomas que nos muestran que, como en Nueva York durante Sully: Hazaña en el Hudson, también en China las autoridades estaban preparadas para ayudar en lo posible–, finalmente tampoco sucede algo relevante con esto. La clave aquí sólo está en el aire y ahí se gesta un producto con altibajos.

Por un lado no se puede ignorar cuándo raya en lo sermoneador para que los pasajeros y nosotros como audiencia entendamos la gran profesionalidad con la que laboran las tripulaciones aéreas (hay también guiños al gobierno chino). Tampoco el aspecto sensiblero que por un momento hace que la hija del capitán se aparezca en su mente durante el incidente. Ni que decir del tono híper heroico y de los enormes obstáculos (los relámpagos de la tormenta de tono morado, un ejemplo) cuya representación en pantalla parece sacada de una película de superhéroes de Hollywood pero de presupuesto no tan lujoso (esos efectos digitales “subdesarrollados” a los que ya me referí son una constante). The Captain sí entretiene y en general es efectivo como el blockbuster complaciente por excelencia en el que un grupo de héroes (aquí encabezados por el piloto) se erigen para salvar el día ante la creciente adversidad, pero por todo lo antes mencionado no logra evitar ser un filme sin mayor profundidad e irregular.

LA MULA: Entre las películas más emotivas de Clint Eastwood

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La insólita premisa de La mula (The Mule, 2018), la nueva película de Clint Eastwood, basada en una historia real y primera en la que se dirigió a él mismo desde Gran Torino (2008), ofrece una yuxtaposición total: un veterano de guerra americano de 90 años, que ha dedicado buena parte de su vida a la horticultura, se involucra inesperadamente en el tráfico de drogas, trabajando como mula (transportador de droga) para un cártel mexicano.

Este escenario increíble se sustenta con las claras motivaciones del correoso, solitario y carismático protagonista Earl Stone (Eastwood), personaje que sin duda tiene algunos paralelismos con Walt Kowalski de Gran Torino, pero cuya situación termina remitiendo a la de Walter White (Bryan Cranston en la serie Breaking Bad). Si el también hombre de bien Walter se involucró en el negocio de la metanfetamina tras recibir la súbita noticia de tener cáncer, el descenso de Earl al ámbito criminal por problemas financieros se da una vez que el ascenso del Internet ha terminado de “matar” su negocio de las plantas, aunado a que los problemas con su familia se han tornado irreparables (sólo su nieta, interpretada por Taissa Farmiga, le continúa dando la bienvenida). Es así que La mula construye, al mismo tiempo, una trama de crimen –de policías (Bradley Cooper y Michael Peña como unos agentes de la DEA, y Laurence Fishburne como su jefe directo, en un rol de autoridad dominado por el histrión tras Misión: Imposible 3 y Hannibal) tras la pista de los criminales– y un retrato bastante humano de un anciano que no sólo busca mejorar sus finanzas sino que, en el fondo, desea redimirse de sus errores pasados, en particular: haber puesto su trabajo por encima de su ex esposa (Dianne Wiest) e hija (Alison Eastwood). 

La mula no deja de aprovechar su inusual conflicto central, de hecho mucho de su disfrutable color y humor proviene directamente de varias yuxtaposiciones. Por un lado está la cuestión de enfrentar a un viejo de 90 años con el mundo moderno, con la tecnología, lo cual incluso por momentos se siente como una “actualización” de Gran Torino para la “batalla” actual entre la vieja escuela y los millennials adictos al celular; y en un tono serio, existe un comentario sobre el olvido de los adultos mayores, aunque se traten de veteranos de guerra. Por otra parte, y continuando con lo visto en Gran Torino –no es coincidencia en lo absoluto que el guionista de ambas cintas sea Nick Schenk–, Eastwood vuelve a darle vida a un anciano All-American que interactúa con personas de las llamadas minorías; empero, aquí el tema no es exactamente ponerle fin a los prejuicios, dado que Earl no está enojado con su entorno, y es simplemente un hombre anticuado cuya convivencia con mexicanos y, brevemente, una familia negra y un grupo de mujeres lesbianas, es parte de la vertiente ligera y humorística del filme. Esto no evita que La mula toque el problema del racismo en Estados Unidos casi de manera natural: nadie sospecha que Earl sea parte de una organización criminal primeramente porque es viejo, pero que sea de raza blanca obviamente lo ayuda; como ejemplo, la escena donde salva al inicialmente estricto narco que lo supervisa (Ignacio Serricchio) de un policía racista de Misuri o bien, cuando en lugar de Earl, un hombre moreno es detenido e interrogado.

la mula cinema inferno

La mula también funciona como una cinta de crimen, con algunos ecos de The Wire –una importante operación para detener la entrada de droga a la conflictiva ciudad de Chicago por momentos se ve amenazada por la urgencia de resultados, de arrestos irrelevantes que sólo sirven para las estadísticas–, situaciones clásicas del género (los personajes de Andy García y Clifton Collins Jr. hacen que el cártel mexicano no esté exento de violentas pujas internas) pero sobre todo, y una vez más lo digo, con un gran y único protagonista.

Eastwood, quizás en su (inolvidable) despedida de la actuación, brinda un carisma irresistible (de su camaradería con los narcos mexicanos, su despreocupada manera de trabajar, a verlo disfrutar de su música o dejarse consentir por las voluptuosas mujeres del capo), además de que su personaje tiene un desarrollo bastante efectivo. Del experimentado conductor que sólo tenía que cumplir su rutina y seguir las ordenes del cártel (manejar hasta Chicago sin ver el contenido del cargamento), a la creciente tensión como consecuencia directa de su gusto por las (nobles) acciones que el (sucio) dinero le permite realizar y del incremento de su notoriedad como la mejor mula del negocio. Más droga y dinero lleva a una mayor rigidez y, obvio, al inevitable encuentro con la ley –la ironía dramática de los primeros momentos que comparten Earl y el agente que interpreta Cooper tiene algo de la situación entre Walter White y Hank Schrader (Dean Norris)–, aunque en esta ocasión todo está cargado hacia la humanidad y la lección de vida.

Y es que en La mula, la yuxtaposición más importante de todas es la del hombre de buen corazón y que tiene mucho que perder (i.e. su familia), sumergido en el ámbito del narcotráfico caracterizado por la falta de misericordia de los cárteles. Con un transportador de droga dispuesto a todo, a arriesgar su vida si es necesario, con tal de encaminarse de regreso a sus seres queridos y, consecuentemente, a su redención (este último tema también explorado en Gran Torino), La mula es uno de los momentos más emotivos de la mayormente brillante filmografía de Clint Eastwood.