Fantastic Fest 2019: Vampiro Canadiense y Michael Paszt hablan de NAIL IN THE COFFIN: THE FALL AND RISE OF VAMPIRO

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Como apunté en mi crítica, Nail in the Coffin: The Fall and Rise of Vampiro (2019) es el documental que aborda la vida de Ian Hodgkinson, mejor conocido como el luchador Vampiro Canadiense.

Más allá de que funciona como repaso de la vida de su protagonista –de joven promesa del hockey a inspirarse en la música punk para comenzar a luchar–, las dos principales aportaciones del documental dirigido por Michael Paszt son su acercamiento a lo que ocurre detrás de cámaras en las funciones de lucha libre y, por supuesto, esa vertiente totalmente personal que revela a Ian como alguien que trata en todo momento de ser un buen padre. 

Un día después del estreno mundial de Nail in the Coffin: The Fall and Rise of Vampiro, platicamos con Vampiro y también con el director Paszt para conocer más detalles del documental.

Cinema Inferno: ¿Qué era especial de la lucha libre mexicana en los años noventa?

Ian Hodgkinson (Vampiro Canadiense): En los ochenta, el gobierno, el PRI, no permitía la música en vivo en México. En el principio de los noventa, fueron a México U2, Metallica, grupos así, y el gobierno abrió los canales de televisión: MTV estaba al aire en México, entonces sucedió toda la revolución del cabello largo, Pearl Jam, Guns N’ Roses. Los jóvenes estaban listos para esa energía y, al mismo tiempo, la lucha llegó a la televisión. Vampiro tenía el look de MTV. Todo eso en conjunto fue la razón del gran impulso. 

¿Para ti cual fue la principal atracción hacia este tema?

Michael Paszt: Yo crecí viendo lucha y me terminé mudando a la Ciudad de México en 2001, ahí era reportero para Súper Luchas; me contrataron porque era de Canadá y me pidieron hacer historias internacionales. De ahí, me pregunté “¿quién es Vampiro?” y eventualmente lo localicé, nos conocimos y nos hicimos amigos. Años después, nos volvimos a encontrar. Las luchas han sido mi vida desde que tenía cinco años. 

¿Cómo fue el proceso para elegir lo que vemos en el documental? Dado que no es sobre la historia de la lucha libre y al final se enfoca mucho en la relación de Ian con su hija Dasha.

Paszt: Es una buena pregunta. Hay mucho, tantas historias, tú eres de México entonces seguramente sabes todo lo que él ha hecho. Nosotros miramos todo, la música, este show de televisión Extranormal, lucha, cocina, todo. Pero luego tienes que pensar “¿cuál es el corazón de la historia?”. Y como yo o como cualquiera, simplemente estamos tratando de sobrevivir, tenemos familia y al final del día, la familia lo es todo. Yo también soy papá, de dos hijas, entonces dijimos “ese es el corazón” y lo demás es lo que lo rodea. 

¿Dudaste al contar tu historia? ¿Qué te hizo aceptar el acercamiento de Michael?

Hodgkinson: Confío en Michael, somos más que amigos, somos familia. Él se me acercó con esta idea y yo dije “no me pidas participar en la parte creativa, tú cuenta la historia, yo sólo te contaré todo… no me preguntes, simplemente hazlo”, porque yo quería su versión, yo conozco mi versión y no creo que sea una muy buena versión. Cuando le confías a alguien más tu historia, es todo un proceso, y tenía mucha curiosidad. Él tenía un sueño, una visión, y cuando alguien se apasiona tanto por un sueño o una visión, necesitas apoyarlo. 

Otro tema muy importante del documental es que ahora trabajas en la producción de programas de lucha libre para televisión, vemos que es una actividad intensa. ¿Cómo sucedió esto?

Hodgkinson: Yo era un personaje, entonces para continuar con mi personaje necesitaba expandirme porque se hizo aburrido ser Vampiro. Crear detrás de cámaras es una evolución. Simplemente fue una oportunidad para ser más creativo, es la única razón. 

Y soy un tipo intenso, la mayoría de los productores de televisión no son así pero la forma en cómo Vampiro es en el ring, es muy intenso, entonces no conozco otra manera: golpear, sudar, gritar, es sólo parte del proceso. 

¿Cómo fue tu reacción inicial al atestiguar esta intensidad entre bastidores?

[Hodgkinson se ríe].

Me encantaron esas escenas del documental, son fantásticas. 

Paszt: Triplemanía XXV fue el show más grande de la compañía hasta ese momento. Fue puro caos organizado. Sin duda pudimos haber enloquecido, pero nos tomamos nuestro tiempo y nos mantuvimos enfocados en Ian. Te podías perder en la locura, pero nos enfocamos en él. Tuvimos la fortuna de contar con otras cámaras para tener metraje. Es impresionante, lo que ocurre detrás de este negocio es increíble. La compañía AAA nos recibió con los brazos abiertos, aún cuando en México no suelen dejarte estar entre bastidores, pero fueron muy cálidos y confiaron en nosotros, en que no íbamos a revelar los secretos. 

En estas secuencias siempre vemos cómo tratas de mantenerte en contacto con tu hija. ¿Cuál es la principal dificultad al balancear tu vida profesional en México con la personal en Canadá?

Hodgkinson: No lo veo como algo difícil porque es lo que he hecho durante toda su vida. Es un reto para la gente que trabaja conmigo, como Triplemanía, una gran producción televisiva, yo detengo la producción para hablar con mi hija. No tengo ningún problema en hacerlo, pero los demás se tienen que adaptar, ¿me entiendes? 

El punto es: no hay trabajo, no hay carrera en la vida que sea más importante que tu familia, porque si no tienes armonía en tu familia, el trabajo no significa nada. Mi hija necesita a su padre, más de lo que la lucha necesita a Vampiro. Ese es el punto. 

¿Ya vio el documental tu hija?

Hodgkinson: No.

¿Cómo imaginas que será su reacción?

Hodgkinson: Creo que será difícil para ella, porque yo me divorcié cuando ella tenía dos años. Entonces, ella nunca ha visto a sus padres juntos de una buena manera. 

Me tomó por sorpresa cuando vi el metraje de la boda, no lo había visto antes, y no sé cómo reaccionará mi hija a esto. Ella dice que su mayor tristeza es que no conoce a sus padres juntos, yo le digo “bueno, sí había amor, sí existió una relación”, porque su madre se volvió a casar y tiene otra familia. Mi hija no conoce sus orígenes. Creo que esto le va a pegar muy duro; la película la hará feliz, se va a reír de su papá, estoy seguro, pero creo que esto será un momento determinante para ella, que le cambiará la vida. Yo no me lo esperaba, no le he dicho, no le quiero decir porque sé que no la vería, pero quiero estar a su lado cuando suceda porque sé que la afectará. 

Michael, sé que ayer [viernes 20 de septiembre de 2019] en Fantastic Fest fue la primera vez que Ian vio el filme. ¿Te pusiste nervioso al mostrarle el producto completado?

Paszt: Absolutamente, tenía nervios, pero lo bueno es que suficientes personas ya habían visto la película, en otros festivales, programadores y gente así. Si alguien hubiese dicho algo, pero todas sus reacciones fueron muy positivas. Sentí confianza. 

Cuando estás haciendo el documental, tienes que ser observador y no hacer juicios, no estábamos ahí para juzgar su vida. Al final, la gente nos dijo “sí, esto es grandioso, el público quiere verlo”. Así que con esto me sentí aliviado. 

Sé que es difícil, pero ¿cómo te sientes ahora que ya viste el documental?

Hodgkinson: Estoy extremadamente orgulloso de él [Michael], aprendí una increíble lección que no se trata sobre mi, aunque haya sido mi vida, pero ya no es más mi historia. Cuando haces estas cosas, tienes que dejar ir tu ego porque la gente te dirá lo que ellos sintieron, entonces no te lo puedes tomar personal. 

Estoy increíblemente agradecido… aunque estaba esperando algo completamente diferente, estaba esperando más de mis orígenes, la música, etc., pero cuando vi la historia que él contó, y vi a este tipo roto que está luchando por su hija, ya no soy ese tipo, he dado pasos en mi vida para ser mejor. Entonces es interesante ver lo que otros piensan de ti, porque no importa si yo pienso que estoy bien, alguien más te ve de forma diferente. Así que ayer aprendí mucho de la película. 

Paszt: Cuando haces una película, te toma un par de años, entonces vas en un viaje juntos. Cuando lo conocí primeramente hace tres años, él pesaba 330 libras, y to también pesaba más, al menos 20 libras más. Pero entre la filmación, hablar de las decisiones de vida y cosas así, hay un crecimiento que sale de esto. Yo también soy una persona diferente ahora. Él me enseñó muchas cosas en ese sentido. Cuando estás filmando, muchas veces dudas, pero él decía “hazlo, filma, luego puedes ofrecer disculpas”. Obtienes confianza y te transformas, ahora los dos somos más fuertes. 

La secuencia más poderosa para mi es cuando conocemos el diagnóstico del Alzheimer de Ian, pero inmediatamente después lo vemos luchar contra Konnan…

Paszt: ¡Eso fue apenas el mes pasado! Es sólo parte del viaje. La idea era que, sí, ahí está el diagnóstico pero al mismo tiempo, él no lo está escuchando, no le importa, no lo va a detener y seguirá luchando, esa es la esencia de hecho: la lucha por la vida, eso es lo que está haciendo. 

Hodgkinson: Sólo porque estoy enfermo, no significa que debo dejar de vivir. Ojalá que la gente con enfermedades mentales pueda seguir mi ejemplo; porque te puedes sentar, decir “pobre Vampiro”, o decir “échale ganas cabrón”. 

Me sorprendió ver ese momento, sería más cool si pusieras la secuencia completa, desde que salí y la gente se volvió loca. ¿Puedes ajustar eso?

Paszt: Es posible, sí. 

Hodgkinson: ¿Por qué? Porque la gente escuchará cómo este cabrón sigue siendo popular.

Fantastic Fest 2019: Alexandre O. Philippe y su documental MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Alexandre O. Philippe es el documentalista que se ha encargado de explorar momentos de vital importancia en la historia del cine y la cultura popular. Tras ahondar en la icónica escena del asesinato en la regadera de Psicosis (Psycho, 1960), en su valioso documental 78/52 (2017), Philippe regresó a Fantastic Fest para presentar Memory: The Origins of Alien (2019).

Concebido como un documental similar a 78/52, con Philippe deseando hablar de la obra maestra de la ciencia ficción de terror Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) a partir de la famosa escena cuando la criatura alienígena brota del pecho del personaje de John Hurt (conocida como la secuencia del chestburster), Memory: The Origins of Alien termina siendo algo diferente, con su foco puesto en diversas cuestiones.

Además de abarcar la parte del chestbursterMemory: The Origins of Alien actúa por momentos como documental sobre Dan O’Bannon (guionista de Alien, el octavo pasajero) y H.R. Giger (el artista clave para los diseños alienígenas), dándole un peso importante a sus influencias. Philippe también nos ofrece un vistazo al making-of de Alien, el octavo pasajero y al momento cuando el director Ridley Scott se unió al proyecto. Por último, no quedan fuera las variadas interpretaciones del influyente filme estrenado en 1979. 

Tras su presentación en Fantastic Fest 2019, tuve la oportunidad de platicar con Philippe acerca de todos estos temas. 

Cinema Inferno: Conozco tu trabajo, particularmente el documental The People vs. George Lucas (2010) y 78/52. En esta ocasión, Memory: The Origins of Alien se siente más amplio porque estás abarcando más temas. Sé que todo empezó con el deseo de hacer un documental exclusivamente sobre la escena del chestburster, pero ¿cómo fue evolucionando la idea?

Alexandre O. Philippe: Parte de lo que sucedió fue que me di cuenta rápidamente que no puedes examinar el chestburster de la misma manera que la escena de la regadera en Psicosis, porque creo que las audiencias reaccionaron ante Alien, el octavo pasajero de diversas formas. La razón por la que Alien, el octavo pasajero resonó con el público de manera tan profunda fue porque usa ideas e imágenes que se remontan a nuestro pasado lejano. 

Alien, el octavo pasajero es un filme mitológico, que le habla directamente a la mitología y a ideas mitológicas. Entonces cuando me estaba enfocando en una vertiente en particular, me di cuenta que la escena del chestburster tenía que ser el punto culminante del filme, todo nos conduce hacia el chestburster, pero para apreciar ese momento por lo que es, tenía que profundizar en los orígenes del filme: por supuesto empezando con Dan O’Bannon, pero también los orígenes antiguos del filme yendo hasta las mitologías griegas y egipcias. 

Ahora que mencionas a Dan O’Bannon, es grandiosa esa sección del documental pero particularmente me interesó cuando se menciona los desacuerdos que tuvo con John Carpenter en Dark Star (1974), porque O’Bannon quería tener crédito como director…

Sí, ellos tuvieron una discusión, lamentablemente. Dark Star es un filme maravilloso, es interesante y me encanta que Diane [O’Bannon] la describe como “la versión cómica de Alien, el octavo pasajero”. La historia es muy similar, ¿sabes? 

Uno de se debe preguntar: ¿qué hubiese pasado si Dan O’Bannon y John Carpenter hubiesen trabajado juntos en más filmes? Creo que hubiese sido una colaboración muy interesante. 

Tuve la oportunidad de leer un guión de antaño de Dan, titulado They Bite, el cual es mencionado en el documental; They Bite es una versión inicial de Alien, el octavo pasajero, incluso antes de Memory que es el guión con la historia. Es una lectura extraordinaria porque hay ciertas escenas en ese guión [They Bite] que te hacen pensar que John Carpenter lo tuvo que haber leído, porque esas escenas aparecen en La cosa del otro mundo (The Thing, 1982).

La forma en cómo Dan O’Bannon conectó con H.R. Giger en un nivel lovecraftiano… él también conectó con John Carpenter en un nivel lovecraftiano. Para mí, tanto Alien, el octavo pasajero como La cosa del otro mundo son las películas lovecraftianas definitivas.

Una parte importante del documental es identificar las influencias de O’Bannon y Giger. Para ti, ¿cuál fue el descubrimiento más fascinante en esa búsqueda que llega hasta la mitología griega y egipcia?

Personalmente, como un fan del cine, poder indagar en los archivos de Dan, que Diane puso a nuestra disposición. Fue simplemente increíble. Descubrir esas diferentes versiones del guión, todas las notas sobre la historia, todos los finales alternativos, pero también esos hermosos storyboards iniciales de Ron Cobb en los que puedes ver que la nave Derelict fue concebida originalmente como una pirámide; de hecho hay unos dibujos de Dan O’Bannon donde podemos ver que es una especie de pirámide, de templo por así decirlo. 

Poder ver esto, de primera mano, definitivamente se me puso la piel de gallina, era un poco difícil concentrarse [risas], cuando la historia antigua de este filme ha significado tanto para ti desde que eras joven. 

Recuerdo el documental Dunas de Jodorowsky (Jodorowsky’s Dune, 2013).

Sí, es grandioso. 

Naturalmente ese documental se enfoca en O’Bannon y Giger, pero el tuyo le da mucho crédito a lo que el director Ridley Scott le aportó a Alien, el octavo pasajero

Mira, hay muchas personas que podemos celebrar cuando pensamos en Alien, el octavo pasajero, de los actores a Walter Hill y David Giler [productores], todas las diferentes personas que, a su manera, contribuyeron al filme. 

Pero el foco muy específico y la tesis de Memory: The Origins of Alien es que ocurrió una rara y extraordinaria simbiosis entre Dan O’Bannon, H.R. Giger y Ridley Scott, la cual nos dio el filme que conocemos. 

Ellos tuvieron que conectar en ese nivel para que Alien, el octavo pasajero pudiese ser Alien, el octavo pasajero, porque no importa si O’Bannon y Giger hicieron conexión de manera muy profunda, O’Bannon aún así tenía que convencer a Ridley Scott para que contrataran a Giger. Pero lo curioso es que no lo tuvo que convencer, porque en el momento en que le enseñó Necronomicon, en específico Necronom IV, Scott inmediatamente dijo, como vemos en un clip del documental, “¡eso es!”. Él se mantuvo firme, Fox no quería a Giger, no lo entendían, pero Scott entendió la importancia de mantener a ese artista. Entonces en ese nivel, O’Bannon y Giger necesitaban a Scott para ejecutar su visión, de otro modo hoy no estaríamos aquí hablando del filme.

Otro aspecto clave de tu documental es el análisis de Alien, el octavo pasajero, por ejemplo esos puntos de vista feministas. En ese sentido, ¿cuál fue el mayor hallazgo de estas opiniones que quizá nunca se te habían ocurrido al ver la película?

Gracias a explorar la mitología de Alien, el octavo pasajero, a mirar estas conexiones poéticas, me gusta llamarlas conexiones poéticas porque sí lo son; no estoy diciendo que las Erinias de la mitología griega son reales, pero los mitos son reales y viven en nuestras mentes, entonces hay un cierto nivel de realidad en los mitos y en las historias porque viven dentro de nosotros. 

Pienso que hay una representación muy interesante, que sólo puedo expresar como lo que llamo “una culpa patriarcal inconsciente”, que aparece en forma del chestburster, que hizo erupción en las pantallas de cine en 1979: imágenes que necesitábamos ver en ese momento, no que queríamos ver. 

Es tan actual que aquí estamos, 40 años después, y finalmente estamos teniendo una conversación cultural sobre la manera en la que las mujeres son tratadas en nuestra sociedad, en los trabajos, en Hollywood… y sólo puedes mirar al pasado, a Alien, el octavo pasajero y decir “¿sabes?, que película tan contemporánea es el día de hoy”. Eso es lo que la hace extraordinaria: qué tanto fue de su propio tiempo y también qué tanto se adelantó a su tiempo. Es un absoluto tesoro de película que debemos apreciar por siempre.

Fantastic Fest 2019: SYNCHRONIC, la faceta más humana de Benson & Moorhead

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Synchronic (2019) es la nueva película del dúo formado por Justin Benson y Aaron Moorhead, quienes han destacado en el circuito de festivales de género durante la presente década gracias a trabajos como Resolution (2012), Spring (2014) y The Endless (2017). 

En lo personal, ninguno de sus trabajos (altamente aclamados en dichos circuitos) me había convencido de que estamos ante nuevos maestros del cine de género, no obstante, Synchronic fue una muy grata sorpresa, sin duda su obra más notable hasta la fecha porque contrasta por completo con su proyecto anterior, The Endless (presentada en el Festival Mórbido 2017). El filme era un sinsentido total, incluso autocomplaciente, gracias a sus guiños a Resolution y un posible universo compartido. Synchronic, por el contrario, está basada en el desarrollo de personajes, en construir una relación entre los protagonistas que nos haga sentir empatía, mientras explora los territorios de la ciencia ficción.

Si bien los dos protagonistas de Synchronic (interpretados por Jamie Dornan y Anthony Mackie) no son detectives sino paramédicos, ambos terminan actuando como los investigadores principales de una serie de extraños sucesos cuyas víctimas se conectan por la aparición de una droga sintética llamada Synchronic. Benson y Moorhead se sumergen en una clásica historia detectivesca donde, además de ser trama principal, dedican tiempo a exponer los problemas personales de los personajes: Mackie le da vida a un hombre que acaba de recibir el diagnóstico de un agresivo tumor cancerígeno cerebral; mientras que el personaje de Dornan, no es feliz en su matrimonio y, eventualmente, su propia hija adolescente (Ally Ioannides) desaparece tras uno de estos incidentes ligados a la droga.

Benson y Moorhead vuelven al cine fantástico de ciencia ficción que siempre les ha interesado. Destaca de Synchronic, dentro de la filmografía de sus directores y del género como tal, su simpleza –hasta cierto punto–. Más que enfrascarse en tramas gratuitamente enredadas o en desconcertar a su público como ya lo habían hecho anteriormente (sobre todo en Resolution y The Endless), Benson y Moorhead deciden crear una película sobre viajes en el tiempo muy directa, cuya ejecución y temática elevan por completo el material.

Es curioso que, de pronto, Synchronic se enfoca totalmente en el personaje de Mackie (sí, el de los Avengers) y su experimentación/estudio de una droga que altera el tiempo pero que en su caso, al tener el tumor cerebral, puede ser un tanto más controlable. Sin caer en complicaciones, Synchronic se divierte mostrándonos mundos pasados (se nota el presupuesto) e, incluso, se permite comentar sobre la situación política actual de Estados Unidos, al hacer que su protagonista afroamericano viaje en el tiempo a una parte de Luisiana donde el Ku Klux Klan aún tenía una presencia importante. Sobre todo, Synchronic nunca deja de enfocarse en la relación anteriormente establecida entre sus tres personajes principales (los dos paramédicos y la hija de uno de ellos). Y por ello logra ser no sólo visualmente notable, sino también relevante, divertida, efectiva y humana.

Fantastic Fest 2019: COLOR OUT OF SPACE, Richard Stanley y el horror lovecraftiano

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Color Out of Space (2019) marca el regreso de Richard Stanley, cineasta de culto y figura genuinamente enigmática, quien se recluyó en un recóndito lugar de Francia luego de filmar Dust Devil (1992) y tras esa surreal y catastrófica experiencia con la maquinaria hollywoodense que lo privó de completar su versión del Dr. Moreau (expuesto perfectamente en el documental Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory). Color Out of Space es su primer largometraje de ficción desde 1992. 

Basada en una historia del inmensamente influyente H.P. Lovecraft y protagonizada por la leyenda viva de la actuación Nicolas Cage, Color Out of Space nos hace pensar que Stanley debió volver al cine fantástico hace mucho tiempo. La película se desarrolla en una zona boscosa aislada de la civilización, donde sólo vive una familia (los padres y tres hijos) y un extraño ermitaño stoner (interpretado por el mismísimo Tommy Chong). 

Un hidrólogo afroamericano (Elliot Knight) se encuentra inspeccionando el lugar, al tiempo que la hija del protagonista (Madeleine Arthur) desea irse del bosque y realiza rituales para que el cáncer ya no regrese al cuerpo de su madre (Joely Richardson). La repentina caída de un meteorito dará pie a una serie de sucesos extraños, imposibles de explicar bajo la lógica humana.

Color Out of Space no es una película de ciencia ficción y terror convencional, su peso recae por igual en su aspecto visual –la vistosa paleta de color y las fantásticas transformaciones provocadas por la influencia alienígena (una vertiente que remite a La cosa del otro mundo, de John Carpenter, que en palabras de Stanley es “la película más lovecraftiana sin ser adaptación del autor”)– y en un tono humorístico delirantemente absurdo, emanado principalmente de Nic Cage (aunque no podemos ignorar la aportación del gran Tommy Chong). 

Luego de películas recientes como Mamá y papá (Mom and Dad, 2017) y, sobre todo, Mandy, el desmesurado Cage ha estado muy presente en el pensamiento colectivo de los seguidores del cine de género. Color Out of Space es otra adición a esta faceta sumamente memorable del ganador del premio Oscar. Detalles como el peculiar interés que su personaje (un granjero) tiene por las alpacas son parte del color (figurativamente hablando) de Color Out of Space, al tiempo que ese característico delirio in crescendo en las actuaciones de Cage en esta ocasión se termina ligando a la influencia extraterrestre. 

Obviamente el color (literalmente hablando) de Color Out of Space también juega un papel vital: esos tonos morados que representan la misteriosa entidad alienígena en un mal viaje que, como ya apuntaba, de igual forma incluye la transformación (mental y física) de animales y personas. Esto da paso a una imaginería terrorífica y a acciones violentas, que potencian la locura total. Bienvenido de vuelta, señor Stanley.

Fantastic Fest 2019: MI NOMBRE ES DOLEMITE, una gran celebración del cine popular y de guerrilla

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La biopic sobre Rudy Ray Moore (Eddie Murphy de vuelta a lo grande) no inicia con un lugar común de este tipo de películas. En los primeros minutos de Mi nombre es Dolemite (Dolemite Is My Name, 2019) (primera función secreta de Fantastic Fest 2019), Rudy, cantante y comediante, tiene que trabajar como dependiente en una tienda de discos porque el éxito artístico lo elude. Todo parece indicar que el tren del estrellato se le ha pasado. Sin embargo, Rudy comenzará a desarrollar a su personaje más icónico, Dolemite, basado en una conexión con la “gente real” de los barrios afroamericanos, vital para su eventual ascenso al estrellato.

Rudy empezará a revolucionar su show gracias a las palabras de un vagabundo –cuyo fuerte olor de orina molestaba a los clientes y empleados en la tienda de discos–, haciéndolo más vulgar, musicalmente más sabroso y, en general, más adecuado y atractivo para su gente. Otra cuestión importante a notar en el primer gran logro de Rudy en el ámbito cómico/musical, es su independencia, dado que nunca se detuvo cuando alguien (en especial esos hombres blancos de negocios) no creía en él. Su conexión con la gente y su accionar independiente serán el sostén de Rudy Ray Moore una vez que decide intentar lo imposible: no conformarse con su éxito musical y saltar a la pantalla grande. 

Dirigida por Craig Brewer, escrita por Scott Alexander y Larry Karaszewski, responsables del guión de la igualmente maravillosa Ed Wood (1994), de Tim Burton, Mi nombre es Dolemite se une a la tradición de películas sobre obreros cinematográficos apasionados y soñadores que remaron contracorriente. En este caso, su nula experiencia y poco conocimiento técnico (ya ni decir su inexistente relación con los peces gordos de la industria establecida), no evitó la realización de la cinta que Rudy gustosamente había imaginado: Dolemite (1975), sobre un carismático pimp/cuentacuentos/showman que sale de prisión y se reencuentra con su rival criminal Willie Green.

En una colorida y divertidísima mirada al making-of de Dolemite, al Rudy de Murphy lo vemos rodeado de otros personajes memorables, como: Lady Reed (de mujer maltratada a compañera indispensable de Dolemite, interpretada por Da’Vine Joy Randolph), Jerry Jones (Keegan-Michael Key como este guionista de teatro que de pronto se ve involucrado en un filme blaxploitation cuya locura contrasta por completo con su seriedad), D’Urville Martin (un inspirado Wesley Snipes le da vida a este egocéntrico director que ve por debajo del hombro a los demás porque trabajó, prácticamente como extra, con Roman Polanski y John Cassavetes en El bebé de Rosemary), el jovencito blanco Nick (Kodi Smith-McPhee como el DP que sí tiene formación fílmica), y los fieles amigos de Rudy interpretados por actores como Craig Robinson y Tituss Burgess. 

Si bien Mi nombre es Dolemite se conecta con Ed Wood, e incluso con la reciente The Disaster Artist: Obra maestra (The Disaster Artist, 2017) –sobre todo por la nada convencional y poco profesional manera de filmar de los protagonistas y su eventual éxito sorpresivo–, también remite bastante a Baadasssss! (2003), filme sobre otra figura imprescindible del blaxploitation (Melvin Van Peebles) y su película clave: Sweet Sweetback’s Baadasssss Song (1971).

Tanto Melvin Van Peebles como Rudy Ray Moore dejan absolutamente todo por completar sus proyectos, desafiando al sistema, arriesgando su situación económica (en Mi nombre es Dolemite vemos a Rudy obtener financiamiento tras poner como garantía las regalías de su trabajo musical), actuando como verdaderos guerrilleros del cine. Además, contra todo pronóstico Sweet Sweetback’s Baadasssss Song y Dolemite fueron películas exitosas, salvadas por un público que se sintió identificado con lo proyectado en pantalla.

En una excelsa secuencia de Mi nombre es Dolemite, Rudy sale de una sala cinematográfica junto a sus amigos tras ver una película con la que no se sintieron representados, ni les ofreció entretenimiento puro: “humor, sexo y acción con kung fu”, como lo explica Rudy a través de Murphy (recordemos que en los setenta el cine de acción de Hong Kong fue muy influyente en el público afroamericano). Mi nombre es Dolemite es un satisfactorio y necesario recordatorio de que las películas son sólo relevantes si conectan con una audiencia. Una gran celebración del cine popular que se sobrepuso a las malas críticas, y de un artista, Rudy Ray Moore, que se enfrascó en brindarle a la gente nada más que un espectáculo por el que valía la pena pagar un boleto del cine. 

Fácilmente entre las mejores películas de 2019.