Cannes 2019: LA PARANZA DEI BAMBINI, los adolescentes de la Camorra

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Como lo evidenció el documental Camorra (2018), recién presentado en Ambulante: Gira de documentales, y algunas historias de Gomorra (2008), el crimen organizado en Nápoles –una ciudad al sur de Italia históricamente azotada por la pobreza– encuentra en la juventud uno de sus principales soportes.

La paranza dei bambini (2019) de Claudio Giovannesi, también conocida como Piranhas, es la más reciente adaptación cinematográfica de la obra de Roberto Saviano, escritor que en 2006 se dio a conocer mundialmente por Gomorra, recibiendo por su labor periodística una condena de muerte por parte de la Camorra, el equivalente napolitano a la mafia siciliana. En esta ocasión, Saviano, quien también co-escribió el guión, decidió abordar de lleno la realidad de los jóvenes en su ciudad natal, donde los padres de familia suelen tener que soportar las extorsiones de los criminales y una sociedad capitalista hace que cualquiera, hasta los niños de sólo 15 años, deseen algo de dinero para satisfacer sus intereses.

Con cierta similitud a la reciente película mexicana Huachicolero (2019), aquí las motivaciones de los protagonistas –Nicola (Francesco Di Napoli) y su grupo de amigos– que los harán “aprovechar” su entorno, robar una joyería y consecuentemente caer en las manos de la Camorra, no podrían ser más normales: entrar a un club y pagar unas botellas un viernes por la noche, comprar ropa de calidad o bien, lo clásico, impresionar a la chica más bonita del barrio.

A diferencia de lo visto en Huachicolero, La paranza dei bambini sí se enfoca en la estructura del crimen organizado. El contexto de las acciones nos indica que el barrio napolitano en cuestión es controlado por un grupo más brutal que el anterior (la familia de dos conocidos del protagonista ahora sufre las repercusiones del nuevo poder) y, como si se tratara de cualquier cambio de gobierno, dado que la Camorra es algo natural en Nápoles, la gente añora el mandato previo porque, por ejemplo, no se extorsionaba a los comerciantes locales.

Con La paranza dei bambini, Saviano deja en claro que el  crimen organizado es inherente a esa parte de Italia de calles estrechas y múltiples motonetas, y que no se irá pronto, porque simplemente va mutando con el paso del tiempo. La particularidad de la cinta es, sin duda, que está contada desde el punto de vista de unos carismáticos jovencitos, quienes aprovechan las circunstancias y deciden pasar de ser simples vendedores de droga a los que controlan todo.

El protagonista de Saviano es interesante porque se revela como un joven considerado y muy inteligente que a diferencia del mandato previo, piensa en el pueblo y en su familia (su mamá solía ser extorsionada), en los niños de la zona (les compra uniformes para jugar fútbol), en su interés romántico (Viviana Aprea como una jovencita que compite en concursos en los strip clubs), en los capos del pasado (hace una acertada asociación con un viejo camorrista que ha perdido poder) y en general, en ningún momento parece carecer de humanidad.

Sin embargo, este personaje, que por momentos podría parecer una especie de mini Pablo Escobar, está diseñado par remarcar que a pesar de todo, de estar preparado para buscar un ambiente pacífico y amoroso (Nicola en un momento no responde de la peor forma a una traición interna o a un ataque de un clan de otro barrio), una vez que te involucras en algo como el crimen organizado, que tomas cocaína, que conoces el sabor del poder, no hay punto de retorno. En La paranza dei bambini, los jóvenes de 15 años, o menos, pueden ser inocentes, humanos, y también actuar como los más desalmados capos criminales.

Esa es la mayor tragedia de Nápoles y de varios lugares en el mundo. Es la de nuestro propio país.

Fantastic Fest 2018: DOGMAN, el regreso de Matteo Garrone al cine realista sobre crimen

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Luego de indagar en el cine fantástico con la gran y extraña cinta de antología Tale of Tales (Il racconto dei racconti, 2015), el director italiano Matteo Garrone regresa al territorio que originalmente le brindó reconocimiento a nivel mundial: el drama realista sobre crimen y violencia situado en las periferias urbanas de su propio país.

En otras palabras, Dogman (2018) remite a la forma y a los temas explorados por el filme más famoso de Garrone, Gomorra (2008), aquella importante adaptación de la novela del mismo nombre, escrita por Roberto Saviano, sobre la organización criminal del sur de Italia conocida como Camorra. Aunque en esta ocasión Garrone presenta una historia más condensada –recordemos que Gomorra es una colección de diversos relatos–, Dogman no deja de ser una cinta pertinente que resalta al hombre común de la clase obrera que se ve inmiscuido en el ambiente criminal que se vive en su comunidad.

Marcello Fonte, de inolvidable interpretación, es Marcello, dedicado padre de una jovencita (Alida Baldari Calabria) y encargado de Dogman, una humilde estética y guardería para perros ubicada en un barrio bajo de la capital italiana, Roma. Dos secuencias claves en la primera parte de Dogman definen a Marcello como un hombre de buen corazón que, de cualquier manera y tanto por necesidad económica como por su personalidad sumisa, se involucra en actividades ilícitas. 

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Primero atestiguamos que Marcello complementa sus ingresos vendiendo cocaína, aunque tiene la decencia de alterarse cuando su principal cliente, el fortachón y maniático vecino de la zona Simoncino (Edoardo Pesce, también de excelente trabajo), quiere inhalar el producto recién adquirido en plena estética canina donde también está presente la hija del protagonista. En la segunda escena, Marcello es arrastrado por el mismo Simoncino a que funja como chofer en un asalto a una casa, donde Simoncino y su otro cómplice encierran a la escandalosa mascota en la nevera para que no haga ruido durante el atraco; eventualmente, Marcello demuestra la humanidad que lo separa de los criminales de su barrio cuando decide regresar a la casa para intentar salvarle la vida al perrito. 

La intención de Dogman no es poner los reflectores en el panorama general del crimen en Roma, sino revelarse como un estudio de personaje enfocado en la evolución de la peculiar relación “amistosa” entre Marcello y Simoncino, el primero un hombre que goza de una buena reputación con las demás personas de la comunidad y el segundo el típico joven bully/criminal de poca monta/adicto a la cocaína que tiene hartos a los vecinos. En el valioso y contundente cine realista, con tintes de venganza, que Garrone presenta en Dogman, la tragedia tiene que ver con la gradual transformación del hombre trabajador aunque no totalmente inocente (Marcello) en lo que no era, provocada tanto por sus acciones aparentemente inofensivas (vender cocaína, por ejemplo) como por los actos salvajes y deshonestos de un individuo (Simoncino) que refleja la profunda descomposición social de la actualidad.