FELIZ DÍA DE TU MUERTE 2: Del terror cómico a la ciencia ficción

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

A diferencia del time loop en un thriller como el surcoreano El día (Ha-roo, 2017), donde era más que un recurso narrativo y fungía como una alegoría sobre la venganza, el bucle temporal de la original Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, 2017) –una producción exitosa de Blumhouse– concluyó cuando la carismática joven Tree (Jessica Rothe) logró sobrevivir al día de su cumpleaños, una vez que descubrió la verdadera identidad de su victimaria en un plot twist que eliminó cualquier posibilidad de que el loop significara algo adicional.

Feliz día de tu muerte presentó a una protagonista que componía totalmente el rumbo de su vida al verse amenazada en una situación extraordinaria, explorando temas como la valoración de lo que a veces consideramos mundano y la redención, pero en general no pretendió ser nada más que un buen rato de misterio, suspenso, romance juvenil y, sobre todo, un divertido juego con base en romper las convenciones del slasher

Ahora, a menos de dos años del estreno de Feliz día de tu muerte, ¿cómo expandes una trama que había llegado a una conclusión? ¿Cómo logras reincorporar el recurso del time loop aún cuando Tree había podido despertar en el tan deseado día siguiente? Feliz día de tu muerte 2 (Happy Death Day 2U, 2019) inicia con un escenario prometedor, incluso arriesgado considerando que el protagonista pasa a ser Ryan (Phi Vu), el inoportuno, vulgar e hilarante roomie de rasgos asiáticos del novio de Tree, Carter (Israel Broussard). Un día después del cumpleaños de Tree, Ryan es asesinado por alguien con la misma mascara de bebé, y así da inicio otro loop que nos lleva al primer escenario intrigante porque Tree entra al quite para ayudar a Ryan, siendo una total experta en vivir una y otra vez el mismo día. 

Feliz día de tu muerte 2 está obligada a darle sentido a la situación doblemente extraña y es aquí donde la secuela empieza a perder todo el misterio que en buena medida hizo entretenida a la primera parte. En esta ocasión el director y guionista Christopher Landon decide darle una explicación “lógica” al time loop, la cual si bien resulta ser insulsa, abre la película a muchas otras posibilidades, a tal grado que en un punto nos viene a la mente algo reciente como Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse, 2018) porque, de pronto, estamos lidiando ya no sólo con un misterioso asesino enmascarado salido de cualquier slasher ochentero, sino con otras dimensiones.

Sin embargo, resulta casi una paradoja que una secuela que inicialmente toma un rumbo diferente, más allá del obvio recurso del loop, termine aterrizando en algo común que hacen las segundas partes: repetir lo visto en su antecesora. Aquí literalmente porque nos encontraremos siguiendo otra vez a Tree durante ese día de su cumpleaños que ya había superado tras repetidos y dolorosos intentos. 

No podemos olvidar que estas películas siempre han apostado por un tono humorístico, así que crear toda una explicación con tintes de ciencia ficción sólo para llevarnos a experimentar esencialmente un remake de la primera parte es parte de ese lado absurdo. ¿La variante? Tree estará reviviendo su cumpleaños pero inmediatamente notará pequeñas grandes diferencias al estar en un universo paralelo. 

Inconsistencias en la trama (esos famosos plot holes) a un lado –es un hecho que aparecen tras la explicación del bucle temporal–, Feliz día de tu muerte 2 pasa de la mezcla de terror y comedia a un territorio más cercano a El efecto mariposa (The Butterfly Effect, 2004), protagonizada por Ashton Kutcher, con Tree y la oportunidad de elegir su destino final, decisión que asimismo conlleva un sacrificio. Si el personaje de Kutcher entendía que en ningún desenlace era posible estar con su amiga (Amy Smart) sin terminar afectándola, Tree tendrá que lidiar con una decisión importante que involucra a su madre (Missy Yager) y a su novio Carter. 

Así, Feliz día de tu muerte 2 usa su loop y multiverso para comentar directamente sobre hacerle frente al pasado, asumir las tragedias como algo que también nos forma y, al final del día, seguir adelante con nuestras vidas. Es una secuela que intenta ser más conmovedora que su predecesora, empero, sus métodos son familiares y, en un multiverso aparentemente complejo, se esconde una trama central que no sólo juega a ser un remake de la primera parte, con todo y sus gags de calidad variada, sino que tiene un desarrollo simple y una resolución insípida. Ni hablar de la escena post-créditos, la cual hace pensar que vendrán más loops y explicaciones ridículas porque en Blumhouse Productions les gusta ver billetes verdes multiplicarse una y otra vez.

Macabro 2018: LIVING SPACE, fantasmas nazis en un time loop

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La producción australiana Living Space (2018) esencialmente mezcla dos subgéneros por demás conocidos en el cine fantástico: el de la casa embrujada y el de los bucles temporales. Si bien desde la introducción se hace referencia a la Alemania nazi –el título proviene del concepto Lebensraum– y la trama central se desarrolla en suelo germano, Living Space es una cinta de fórmula cuyos antagonistas podrían no ser nazis y poco en realidad cambiaría.

Su primera mitad es, básicamente, la misma película de terror en la que los jóvenes protagonistas terminan encontrando una casa en medio de la nada, donde eventualmente serán atormentados por algo paranormal. Georgia Chara y Leigh Scully interpretan a una pareja que, manejando perdidos en el campo alemán, se topan con una mujer moribunda; desconcertados, deciden buscar ayuda, sólo para terminar en dicha casa, la cual parece estar habitada por fantasmas supremacistas.

Esta primera parte de Living Space funciona como el típico filme de horror efectista que depende enteramente de los jump scares y aunque por momentos parece que se dirigirá hacia el torture porn, el midpoint del argumento lleva al personaje de Chara a un evidente time loop

living space cinema inferno poster

Sin duda los momentos más torpes y burdos de Living Space son los que buscan explicar todo el trasfondo de los antagonistas, i.e. cuando de la nada la protagonista encuentra un proyector en un cuarto y una película comienza para mostrarnos el pasado de la casa. Pero el clímax de Living Space no depende de esto y, como ya apunté, el tema del nazismo queda como mera anécdota.

La clave de Living Space está en revelarse como una película sobre un time loop, por momentos diferente a otras propuestas del subgénero. En la reciente adición surcoreana El día (Ha-roo, 2017), o incluso en el clásico Hechizo del tiempo (Groundhog Day, 1993) con Bill Murray, los personajes centrales son conscientes de que están atrapados en un bucle temporal, mientras que en Living Space la protagonista inicialmente sólo tiene algunos presagios cada vez que el loop comienza otra vez.

Sin embargo, más que continuar explorando la alteración de las reglas del subgénero y de convertirse en una verdadera y valiosa variación, tal y como El día, el filme del debutante Steven Spiel no tiene mayor revelación ni peso. Sus supuestamente grandes shocks son, primero, que una casa está habitada por fantasmas y luego simplemente que todo es parte de un bucle infinito. A estas alturas, una propuesta de género que apuesta por dos vertientes como estas debe hacer, obviamente, algo distinto para estar por encima del promedio, de lo contrario corre el riesgo a quedar en el olvido inmediatamente. 

EL DÍA: Una alegoría del ciclo sin fin de la venganza

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Las películas de género con base en un time loop (bucle temporal) corren el riesgo de quedarse en meros ejercicios que, más allá de ser notorios por una historia o temática concreta, terminan perdiéndose dentro de sus propias reglas, exponiendo explicaciones absurdas o confusas, e irritantes huecos argumentales. 

Luego de introducirnos a sus protagonistas, y de inmediatamente tocar un tema relevante –el padre de familia que por trabajo se ausenta de la vida de su hija, visto también en Estación Zombie: Tren a Busan (Busanhaeng, 2016)–, El día (Ha-roo, 2017) de Cho Sun-ho se revela justo como una cinta que girará en torno a un time loop, en el que vemos una y otra vez un (supuesto) accidente automovilístico que provoca el atropellamiento y la muerte de la jovencita Eun-jung (Jo Eun-hyung), hija del personaje central, el afamado médico Jun-young (Kim Myung-min). 

Con un ritmo in crescendo, El día llega a frenéticas secuencias en las que un desesperado padre hace todo (arriesgar su vida manejando como desquiciado por la ciudad incluido) para tratar de salvar a su hija. Tras remitir a Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014), otro filme de un bucle de tiempo que se desarrolla como si fuese un videojuego con el protagonista fracasando repetidamente en su misión y, en consecuencia, intentando buscar variaciones y evitar los errores anteriores, el midpoint de El día le añade una capa al ejercicio de género, extendiendo la trama de una manera intrigante con la introducción de Min-chul (Byun Yo-han), un hombre joven que está sufriendo la misma situación del doctor: la repetición del día de la muerte de su pareja sentimental, quien iba a bordo del taxi que arrolló a Eun-jung. 

A diferencia de, por ejemplo, una reciente y fallida adición al subgénero de los time loops como The Endless (2017), El día no sólo se mantiene coherente e interesante una vez que su trasfondo se revela gradualmente –y conocemos más sobre el taxista perpetrador del fatal incidente (interpretado por Yoo Jae-myung)–, sino que apuesta por una poderosa reflexión sobre otro tema por excelencia del cine de género asiático: la venganza. 

El loop temporal funciona como una alegoría del ciclo de violencia sin fin que significa elegir el áspero camino de la venganza, ese que suele arrastrar a inocentes al desastre. El día parte como un filme de género bien ejecutado pero es elevado hasta convertirse en una catarsis emocional para sus personajes, cuando queda claro que la única solución está ligada a conceptos como la redención y el perdón, los cuales, aunque difíciles de contemplar en momentos dolorosos, son vitales para ponerle punto final a un loop destructivo.