Fantastic Fest 2019: MI NOMBRE ES DOLEMITE, una gran celebración del cine popular y de guerrilla

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La biopic sobre Rudy Ray Moore (Eddie Murphy de vuelta a lo grande) no inicia con un lugar común de este tipo de películas. En los primeros minutos de Mi nombre es Dolemite (Dolemite Is My Name, 2019) (primera función secreta de Fantastic Fest 2019), Rudy, cantante y comediante, tiene que trabajar como dependiente en una tienda de discos porque el éxito artístico lo elude. Todo parece indicar que el tren del estrellato se le ha pasado. Sin embargo, Rudy comenzará a desarrollar a su personaje más icónico, Dolemite, basado en una conexión con la “gente real” de los barrios afroamericanos, vital para su eventual ascenso al estrellato.

Rudy empezará a revolucionar su show gracias a las palabras de un vagabundo –cuyo fuerte olor de orina molestaba a los clientes y empleados en la tienda de discos–, haciéndolo más vulgar, musicalmente más sabroso y, en general, más adecuado y atractivo para su gente. Otra cuestión importante a notar en el primer gran logro de Rudy en el ámbito cómico/musical, es su independencia, dado que nunca se detuvo cuando alguien (en especial esos hombres blancos de negocios) no creía en él. Su conexión con la gente y su accionar independiente serán el sostén de Rudy Ray Moore una vez que decide intentar lo imposible: no conformarse con su éxito musical y saltar a la pantalla grande. 

Dirigida por Craig Brewer, escrita por Scott Alexander y Larry Karaszewski, responsables del guión de la igualmente maravillosa Ed Wood (1994), de Tim Burton, Mi nombre es Dolemite se une a la tradición de películas sobre obreros cinematográficos apasionados y soñadores que remaron contracorriente. En este caso, su nula experiencia y poco conocimiento técnico (ya ni decir su inexistente relación con los peces gordos de la industria establecida), no evitó la realización de la cinta que Rudy gustosamente había imaginado: Dolemite (1975), sobre un carismático pimp/cuentacuentos/showman que sale de prisión y se reencuentra con su rival criminal Willie Green.

En una colorida y divertidísima mirada al making-of de Dolemite, al Rudy de Murphy lo vemos rodeado de otros personajes memorables, como: Lady Reed (de mujer maltratada a compañera indispensable de Dolemite, interpretada por Da’Vine Joy Randolph), Jerry Jones (Keegan-Michael Key como este guionista de teatro que de pronto se ve involucrado en un filme blaxploitation cuya locura contrasta por completo con su seriedad), D’Urville Martin (un inspirado Wesley Snipes le da vida a este egocéntrico director que ve por debajo del hombro a los demás porque trabajó, prácticamente como extra, con Roman Polanski y John Cassavetes en El bebé de Rosemary), el jovencito blanco Nick (Kodi Smith-McPhee como el DP que sí tiene formación fílmica), y los fieles amigos de Rudy interpretados por actores como Craig Robinson y Tituss Burgess. 

Si bien Mi nombre es Dolemite se conecta con Ed Wood, e incluso con la reciente The Disaster Artist: Obra maestra (The Disaster Artist, 2017) –sobre todo por la nada convencional y poco profesional manera de filmar de los protagonistas y su eventual éxito sorpresivo–, también remite bastante a Baadasssss! (2003), filme sobre otra figura imprescindible del blaxploitation (Melvin Van Peebles) y su película clave: Sweet Sweetback’s Baadasssss Song (1971).

Tanto Melvin Van Peebles como Rudy Ray Moore dejan absolutamente todo por completar sus proyectos, desafiando al sistema, arriesgando su situación económica (en Mi nombre es Dolemite vemos a Rudy obtener financiamiento tras poner como garantía las regalías de su trabajo musical), actuando como verdaderos guerrilleros del cine. Además, contra todo pronóstico Sweet Sweetback’s Baadasssss Song y Dolemite fueron películas exitosas, salvadas por un público que se sintió identificado con lo proyectado en pantalla.

En una excelsa secuencia de Mi nombre es Dolemite, Rudy sale de una sala cinematográfica junto a sus amigos tras ver una película con la que no se sintieron representados, ni les ofreció entretenimiento puro: “humor, sexo y acción con kung fu”, como lo explica Rudy a través de Murphy (recordemos que en los setenta el cine de acción de Hong Kong fue muy influyente en el público afroamericano). Mi nombre es Dolemite es un satisfactorio y necesario recordatorio de que las películas son sólo relevantes si conectan con una audiencia. Una gran celebración del cine popular que se sobrepuso a las malas críticas, y de un artista, Rudy Ray Moore, que se enfrascó en brindarle a la gente nada más que un espectáculo por el que valía la pena pagar un boleto del cine. 

Fácilmente entre las mejores películas de 2019.

KING COHEN: El maravilloso retrato de un cineasta salvaje

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Al introducir King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen (2017) en Fantastic Fest 2017, el legendario guionista/director/productor Larry Cohen, quien falleció apenas el pasado 23 de marzo de 2019, dijo que filmar como lo hacía en su tiempo ya es prácticamente imposible hoy en día, sobre todo después de los atentados terroristas del 9/11. Este comentario seguramente resultó extraño para algunos –¿qué tiene que ver la filmación de una película con un atentado terrorista?–, sin embargo al ver el documental quedó claro a lo que se refería Cohen y su aserción no fue para nada exagerada.

Luego de indagar en los orígenes de Cohen –aprendemos que originalmente quería ser comediante y que luego trabajó varios años escribiendo programas de televisión– el documental de Steve Mitchell toma una ruta sencilla en cuanto a estructura, similar a lo que hicieron Noah Baumbach y Jake Paltrow en su filme sobre Brian De Palma (De Palma). Esto quiere decir que King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen es esencialmente un resumen que va abordando las cintas de Cohen cronológicamente, enfocándose casi exclusivamente en las producciones que dirigió, ya que su larga trayectoria como guionista pasa a segundo plano.

No se necesita más para que el resultado sea un documental extremadamente divertido, que sin duda le hace justicia al legado de Cohen. Los entrevistados van de colaboradores usuales de Cohen –como Fred Williamson (Black CaesarHell Up in HarlemOriginal Gangstas) y Michael Moriarty (QThe StuffA Return to Salem’s Lot)– a colegas que siempre lo han admirado, tanto contemporáneos (Martin Scorsese, John Landis, Joe Dante) como más jóvenes (Mick Garris, J.J. Abrams).

La esencia de Cohen está perfectamente capturada y, sin duda, es un verdadero deleite escuchar esas historias que retratan a un cineasta salvaje, dispuesto a todo en pro de sus filmes. Así se entiende que un obrero intrépido del cine como Cohen perteneció a otra época, pre 9/11: él solía filmar sin permisos oficiales y sin avisarle a nadie en lugares públicos como un aeropuerto, las calles de Nueva York (donde la gente llegó a pensar que los asaltos de la película eran reales), y hasta la casa del otrora director del FBI, J. Edgar Hoover.

Verdadero cine de guerrilla, que a su vez respetaba a artistas del pasado (Cohen trabajó con leyendas como el compositor Bernard Herrmann, el director Samuel Fuller y la actriz Bette Davis), se basaba en ideas absurdas que no cualquiera se atrevería a filmar, y lograba hacer comentarios sociales.

Queda claro que películas como It’s Alive (1974) y The Stuff (1985) tienen un gran base de seguidores, pero no sólo eso: como la de Roger Corman o Lloyd Kaufman, la prolífica filmografía de Cohen se merece un lugar en la historia del cine aunque muchos lo quieran negar. Aquí encuentran una clase magistral de cómo hacer las películas que te apasionan, de forma rápida y sin dejar a un lado la visión comercial.

Bonus: Entrevista con Steve Mitchell, director de King Cohen

Cinema Inferno: ¿Cuál fue el principal objetivo del documental?

Steve Mitchell: Tuve un par de objetivos. Uno era celebrar una carrera verdaderamente única. Larry trabajó en televisión mainstream, decidió hacer sus propias películas, continuó laborando en televisión, escribió guiones… nadie hace eso. Larry dijo que John Cassavetes lo hacía, porque actuaba en películas comerciales para poder pagar sus propias películas. Entonces yo quería celebrar el hecho de que Larry hizo algo que casi nadie más: ir de ida y vuelta a voluntad. Eso me llamó la atención porque en los viejos tiempos, no tanto en la actualidad, si eras un tipo de televisión o que trabaja con presupuestos bajos, te quedabas estancado ahí.

El otro objetivo era celebrar a un tipo con una gran mente creativa y una voluntad muy fuerte para hacer las cosas de la manera en la que creía que se tenían que hacer. Quería hacer una película interesante sobre un tipo interesante; creo que eso es siempre la clave para cualquier cinta, ya sea si es ficción o documental: tienes que tener a una estrella interesante. Yo tuve suerte porque Larry tiene una gran carrera y también es un personaje interesante.

¿Cuál fue el principal reto para lograr que Larry se abriera y contara sus historias?

Afortunadamente no tuve que forzar nada. Hicimos cuatro sesiones con él y después de la primera surgió un chiste: dije que simplemente lo podíamos sentar en una silla, prender las luces y apretar el botón de grabar en la cámara, y luego nos podíamos ir a desayunar por tres horas y yo les garantizaba que regresando, él iba a seguir hablando. Gracias a Dios, Larry tenía historias en abundancia. Para un cineasta como yo fue fantástico tener a un protagonista que es constantemente interesante y entretenido.

Sobre los otros entrevistados, ¿fue complicado acercarse a gente como Martin Scorsese y John Landis?

Landis fue relativamente fácil. Cuando haces un documental como King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen, se trata de ajustar agendas, ver si están disponibles, si están en la ciudad. Eso no es difícil pero algunas veces es complejo.

La historia de Scorsese es muy interesante. Nos pusimos en contacto con su oficina y literalmente les preguntamos por meses si estaba listo. En ese momento, él estaba listo para ir a Taiwán y filmar Silencio (Silence, 2016), pero también se preguntaba por el documental de Larry Cohen. El tiempo se estaba agotando. Yo me hubiera subido a un avión para ir a Nueva York, hubiera hecho cualquier cosa, pero él sugirió que le mandara las preguntas y que uno de sus trabajadores lo grabara; le mandé 30, respondió una docena. Entonces la gente me pregunta, “¿cómo es Scorsese?” ¡No lo sé! Pero obviamente es un fan y tiene una relación personal con Larry, gracias a Bernard Herrmann.

Hubo algunas personas que no pudimos entrevistar. Yo quería hablar con Joel Schumacher [director de Enlace mortal] pero no estaba disponible. Intenté contactar a Tony Lo Bianco [protagonista de God Told Me To] pero no se concretó. Sharon Farrell [actriz de It’s Alive] iba a hablar con nosotros pero cambió de opinión. Pero estoy muy contento con el reparto que tenemos. Yaphet Kotto [protagonista de Bone] nunca da entrevistas, pero lo hizo porque ama a Larry. Tuvimos que cazar a Michael Moriarty [protagonista de The Stuff y Q, entre otras] porque está en Canadá en un exilio auto impuesto. Obvio que teníamos que tener a Fred Williamson [protagonista de Black Caesar y Hell Up in Harlem, entre otras]. Fred, Moriarty y Yaphet fueron la clave.

Por otro lado, algunas veces simplemente te encuentras a las personas. Me topé a Robert Forster [actor de Original Gangstas] en Los Ángeles y le pregunté si estaría interesado en hablar sobre Larry Cohen; él le habló a Larry para confirmar y luego habló con nosotros. Eric Roberts [protagonista de The Ambulance] fue muy divertido, pero nunca sabes.

Larry es un cineasta prolífico, entonces ¿cómo decidiste que el documental tenía que enfocarse en su trabajo de director?

Bueno, está enfocado en su carrera creativa primeramente. Usamos la cronología de su carrera como nuestra columna vertebral, porque no hay guión; escribimos la película en el cuarto de edición. Ahí le dije a mi editor que usáramos la cronología, pero todo lo que incluyéramos tenía que tener una razón.

La secuencia de It’s Alive, por ejemplo, tiene que ver con su colaboración con Rick Baker y, por supuesto, con Bernard Herrmann. Espero que cada secuencia revele algún aspecto de Larry. Editamos la secuencia de A Return to Salem’s Lot (1987) tres veces porque no funcionaba del todo; la película no es una de mis favoritas pero lo interesante es la participación de Samuel Fuller y su relación con Larry.

Similar al caso de Bette Davis y Wicked Stepmother (1989).

El capítulo de Bette Davis… las intenciones de Larry fueron espectaculares, cálidas y decentes, por el hecho de que él ama a las estrellas de cine. Pero todo esto explotó en su cara, y aún así buscó una manera para que funcionara. Esa secuencia muestra que le importaba su trabajo.

Cuando haces un largometraje, no es sobre las historias sino que al final del día, estás creando un retrato de alguien. Cada capítulo tiene ciertos colores para crear el retrato. Ese fue nuestro motor principal.

¿Cuáles son los filmes esenciales para conocer a Larry Cohen?

Eso es subjetivo, pero ¿qué demonios? Tú me preguntaste, entonces te lo diré.

Creo que Q (1982) es la más esencial porque muestra muchas de sus facetas, sus ideas locas y su osadía como cineasta de guerrilla. Michael Moriarty da la mejor actuación de su carrera. También es una gran película de Nueva York; yo soy de ahí y lo neoyorquino de la cinta es grandioso. De igual forma es un filme de monstruos, crimen callejero, detectives… eso es la clave con las películas de Larry, nunca son sólo sobre una cosa.

The Ambulance (1990) es otra esencial. Pienso que es simplemente disparatada, pero la amo. It’s Alive es muy significativa. Bone (1972) es interesante porque si hubiera sido un éxito, la carrera de Larry sería diferente, más cercana a la de un dramaturgo.

¿Cuál es el lugar de Larry Cohen en la historia del cine?

Larry se merece estar en la cima de los cineastas independientes. Roger Corman es famoso e hizo muchas películas, pero yo trabajé con él y sé que dirigió todas esas películas para ahorrarse dinero; Corman siempre fue más un productor. Larry, por su parte, siempre fue una fuerza creativa.

¿Es uno de los grandes directores de clase A? No lo creo, pero es un cineasta único, idiosincrásico, con una voz distintiva, que hizo películas de una manera atrevida y arriesgada. Creo que se merece algo de reconocimiento y por eso hice este documental.

Versiones diferentes de estos textos fueron publicadas originalmente en Mórbido.