SXSW 2021: CLERK, una celebración del ícono pop Kevin Smith

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

En 1992 un joven oriundo de Nueva Jersey, Estados Unidos, viajó hasta Vancouver, Canadá para estudiar cine y perseguir su sueño. Desde pequeño, su papá le inculcó amor por el séptimo arte. Luego una cinta en particular, Slacker (1990) de Richard Linklater, le cambió la vida, porque lo convenció de poder hacer sus propias películas con pocos recursos. El nombre de Kevin Smith fue introducido al mundo del cine de la mano del Festival de Sundance en 1994. Sin haber completado sus estudios cinematográficos, Smith escribió su ópera prima, Clerks (1994), la cual filmó principalmente en una tienda de conveniencia en Nueva Jersey, donde el cineasta debutante trabajaba. Con elementos memorables e hilarantes, Clerks cautivó a los críticos y fue vital para la siguiente generación: si Slacker influyó a Smith; Clerks hizo lo propio, entre otros, con Jason Reitman (Gracias por fumar, Juno). 

Enmedio del éxito de una nueva ola de cine independiente americano, Smith y Scott Mosier –productor de todo su trabajo, de Clerks a Zack y Miri hacen una porno (Zack and Miri Make a Porno, 2008)– apadrinaron a otros cineastas como el canadiense Malcolm Ingram. 

Juntos produjeron la ópera prima de Ingram, Drawing Flies (1996), codirigida por Matt Gissing. Es sobre un grupo de slackers que, sin dinero ni ganas de conseguir empleo, emprenden un viaje por una zona boscosa, supuestamente rumbo a la cabaña del tío del protagonista, Donner (Jason Lee), quien le ocultó a sus amigos su verdadera intención: motivado por una extraña visión, decidió ir tras la pista del Sasquatch (el mismísimo Pie Grande). Además de Lee, en Drawing Flies aparecen otras caras conocidas como Jason Mewes, Renee Humphrey, Carmen Llywelyn, Joey Lauren Adams y el propio Smith, en un cameo como Silent Bob. Es considerada una suerte de puente entre Mallrats (1995) y Chasing Amy (1997), Smith vio cualidades en Lee para hacer una parte más dramática. 

Ingram saltó al cine documental eventualmente. Smith y Mosier continuaron brindándole confianza y estuvieron involucrados en la producción de Small Town Gay Bar (2006), donde Ingram exhibe la importancia de varios bares gay como espacios seguros para la comunidad LGBT en el estado de Mississippi, donde la homofobia es terriblemente evidente. 

Recientemente dirigió Phantom of Winnipeg (2019), documental que se pregunta ¿por qué la película de culto El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise, 1974), de Brian De Palma, originalmente fracasó en todos lados excepto en Winnipeg? La pandemia del COVID-19 lamentablemente afectó los planes de distribución y tenemos que seguir esperando para verlo. 

El nuevo documental de Malcolm Ingram, estrenado en SXSW 2021, se enfoca en la vida de su colega y amigo Kevin Smith. Clerk (2021) abarca los primeros 25 años de la carrera del héroe del cine independiente, desde su debut hasta Jay and Silent Bob Reboot (2019), la cual ya había sido una celebración total del View Askewniverse (el universo compartido de Smith, Mewes y compañía). Smith casi perdió la vida a los 47 años tras un infarto a principios de 2018. Tanto Jay and Silent Bob Reboot como Clerk tienen una carga emocional importante, con un Smith reflexivo que se detiene para mirar hacia atrás. 

Clerk revela una carrera peculiar, con trabajos personales inmediatamente aclamados (Clerks, Chasing Amy), la polémica Dogma (1999), fracasos taquilleros (Mallrats, Jersey Girl, Zack y Miri hacen una porno), secuelas/remakes (Clerks II, Jay and Silent Bob Reboot), un solitario trabajo por encargo (Cop Out) y, claro, unas curvas extrañas y divisorias (Red State, Tusk: En un lugar de Canadá…, Yoga Hosers). Smith asegura haber buscado siempre la exitosa película de los $100 millones de dólares en taquilla. Mallrats, su primer trabajo de estudio, en teoría iba a conseguir ese nivel, sin embargo se quedó muy lejos: le faltaron $98 millones de dólares, recuerda Smith provocando risas cómo es su costumbre. 

Todo artista con una trayectoria tan larga ha tenido momentos difíciles. Los fracasos, vistos en retrospectiva, suelen ser importantes para lograr esa longevidad. Smith afirma en Clerk que de haber sido sólo cineasta su carrera habría terminado hace muchos años. Fue pionero en crear comunidad con sus fans por medio de Internet –les vendió, por ejemplo, pósters arrumbados tras la decepción taquillera de Mallrats–, consolidó su figura poco a poco. Conversatorios, podcasts, cómics (acompañados de una famosa tienda), libros, caricaturas, juguetes, una liga de hockey callejero y hasta cigarros de mariguana… hoy día, el nombre de Kevin Smith está inmerso en la cultura pop. Y, en el cine, puede filmar cualquier debraye –Tusk: En un lugar de Canadá… (Tusk, 2014) surgió de un podcast con altas dosis de THC– y probar métodos diferentes, como los roadshows para llevar las películas a sus seguidores. 

El documental Clerk –que incluye música de Bruce Springsteen y entrevistas con familiares, colaboradores (Ben Affleck y Stan Lee incluidos) y otras personalidades ligadas a Smith (¡Linklater en plan burlón se roba el show!)– será irresistible para esta legión de fanáticos. Antes de su estreno mundial en el SXSW, platiqué con su director. 

Cinema Inferno (CI): Cuéntanos sobre tu relación con Kevin Smith.

Malcolm Ingram (MI): Lo conocí en 1994, yo trabajaba en la revista Film Threat, él estaba en el circuito de festivales con Clerks. Fue en el Festival de Toronto, en un restaurante francés de lujo… aunque él ordenó hotcakes. Nos llevamos bien inmediatamente, esencialmente éramos dos gordos que crecimos amando a Prince y a los Talking Heads. Hablamos el mismo lenguaje, por eso nos hicimos amigos. 

Gracias a Clerks obtuvo un trato para hacer dos películas de $40 mil dólares. Terminamos haciendo una de ellas: Drawing Flies, que él produjo. Es como un hermano.

CI: ¿Cómo se originó el documental?

MI: Estábamos en Sundance, vimos el maravilloso documental Richard Linklater: Dream Is Destiny (2016). Después de la función le dije: “si vamos a hacer un documental sobre ti, tengo que hacerlo yo”. Eventualmente llegó el momento, empezamos a filmar durante el aniversario 25 de su carrera, una fecha especial. 

Sentí que podía contar la historia de manera correcta, fue complicado porque soy un documentalista que aborda cuestiones queer y sociales, valoro mi integridad. No quería un documental masturbatorio. Quería hacerle justicia al tema por los fans; si bien deseo que esta película llegue al mayor número posible de personas, sé que la audiencia más importante son los fans de Kevin. Ellos han invertido mucho de su tiempo, amor y pasión en él. Ahora es generacional, mamás y papás le presentan las películas de Kevin a sus hijas e hijos. No quería decepcionar a esa gente.

CI: ¿Cómo te aproximaste a la trayectoria del protagonista?

MI: Esencialmente es una cronología. Pudimos filmar más, pero la cosa con el cine documental es que debes estar cómodo con retirarte y decir “he contado la historia que quería”. La culminación de su 25 aniversario fue filmar Jay and Silent Bob Reboot, entonces quería compendiar ese período. Ojalá dentro de 25 años alguien más haga otro documental sobre Kevin partiendo de Jay and Silent Bob Reboot

CI: ¿Cómo recuerdas el cine americano independiente de los 90?

MI: Los 90 fueron increíbles. Trabajé en el Festival de Toronto desde 1990, me encargaba de los pósters de películas. Conocí a Quentin (Tarantino), él quería todos los pósters de John Woo y yo, que era fan de este director, tenía algunos. Entonces me hice amigo de Quentin antes de ver Perros de reserva (Reservoir Dogs, 1992). Cuando la vi, estaba en la misma fila con Quentin, Harvey Keitel y Michael Madsen. La gente que hoy ve Perros de reserva sabe de antemano que es grandiosa, pero verla en el cine sin referencias: ¡wow!  Los 90 fueron notables para el cine en ese sentido, luego tienes también a Paul Thomas Anderson, a Doug Liman con Go (1999).

Soy un bebé de los 70 que maduró en los 90, entonces esas épocas son la piedra angular. Los 90 fue la última vez que la gente no era indiferente, había responsabilidad social. El grunge, Kurt Cobain, estos tipos pensaban y sentían, eran muy conscientes de las cuestiones importantes como los derechos de las mujeres y de los homosexuales. El 9/11 fue un balde de agua fría, la actitud cambió. Pero antes, tan sólo en el cine, fue una época notable y el trabajo de Kevin es una parte muy importante. Ser testigo de esto fue un privilegio y una experiencia increíble. 

CI: Kevin nunca ha logrado un éxito de taquilla masivo, sí una carrera longeva. ¿Qué piensas de este tipo de artistas?

MI: La carrera de Kevin ha sido una montaña rusa, de verdad. Clerks fue un éxito y Mallrats fue un fracaso abismal. Luego Chasing Amy fue exitosa, mientras que Jersey Girl (2004) fue un fracaso rotundo. 

Jersey Girl es un filme grandioso, el corte original antes de que tuvieran que cortar un montón de escenas con J.Lo (Jennifer Lopez). Esto fue por todo el asunto “Bennifer”, a la gente no le gustaba el concepto de J.Lo y Ben Affleck juntos. Ella es una actriz fenomenal. Básicamente fue una película destrozada por actitudes de mierda. Como amigo de Kevin, la gente espera que diga algo así, pero no hombre, yo sé identificar una película de mierda, yo he hecho películas así. Ojalá algún día se pueda ver la versión original de Jersey Girl.

La gente odió Mallrats, los hizo enojar. Mallrats no cambió, sí la actitud de la gente. En su momento Kevin estaba haciendo una película para Universal, se decía que podía ser un éxito al nivel de Animal House (1978), que lo iba a cambiar todo y fracasó. Ahora Mallrats es probablemente la primera película de Kevin que el público ve, le ha dado mucho. Es tan extraño, Mallrats siempre fue divertida, genial, y es interesante pensar que hubo una época en la que la gente la odiaba. 

CI: Kevin se convirtió en un ícono de la cultura pop. ¿Qué piensas de esto?

MI: Kevin siempre dice que él mismo es el fan más grande de Kevin Smith. Cuando llegó el Internet se dio cuenta que la gente quería hablar de sus películas y eso le encantó. Kevin inició el View Askew Board, donde la gente le podía hacer preguntas de su trabajo. Él era feliz, siempre le dio la bienvenida a ese tipo de acercamiento. Antes de eso hablarle a tus fans era considerado bajo, todos estaban por encima de sus fans. Pero a Kevin le ha gustado comunicarse con ellos desde el primer día. Son incontables las veces que he presenciado a personas que lloran cuando lo conocen. Es increíble el profundo impacto que su trabajo ha tenido en la gente. Me hace sentir orgulloso.

CI: ¿Cuáles son las películas esenciales de Kevin Smith?

MI: Si vas a entrar al mundo de Kevin, debes empezar con Clerks. Yo seguiría la cronología, les aseguro que no se van a aburrir, aunque quizás se enojen. Su trabajo es variado, si bien ha creado un mundo, ha abordado relaciones amorosas –incluso homosexuales–, sexualidad, religión, política. Y ha tomado direcciones muy interesantes, como Red State (2011), ¿quién lo hubiera pensado? Me encanta esa película, es fantástica. Tusk: En un lugar de Canadá… es jodidamente loca, pero yo y muchas otras personas pensamos que es grandiosa. Es una filmografía muy divertida y entretenida.

CI: ¿Cómo recibiste la noticia de su infarto?

MI: Fue aterrador. Debía tomar un vuelo a Los Ángeles al día siguiente, pero recibí un mensaje del socio de Kevin. Cuando desperté todo había terminado, estaba bien. Todos los amigos de Kevin revisamos Twitter, incluso antes de contactarlo, sabíamos que él iba a reaccionar en Twitter y lo hizo: desde la cama del hospital mandó un tweet. Tenemos una parte de esto en la película. Es la naturaleza de Kevin.

Kevin ha cuidado seriamente su salud desde ese momento. Mucho se debe a su hija Harley Quinn Smith, quien básicamente lo obligó a seguir una dieta vegana. Basta verlo, luce sano. Le costó mucho trabajo pero lo logró. Estoy orgulloso, ese infarto le cambió la vida.

CI: ¿Cuál será el legado de Kevin Smith?

MI: Su trabajo es su legado. Lo grandioso de Kevin es que su voz sale a relucir en su trabajo. Nos ha dejado una obra variada, interesante, que refleja los tiempos y las actitudes. Kevin ha conmovido a mucha gente. 

En esta industria es difícil quedarse por mucho tiempo. Algunos llegan y se van, algunos regresan. Kevin Smith perduró.

Fantasia 2020: CLAPBOARD JUNGLE, luchando por el sueño cinematográfico

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

“Es un milagro cada que un filme logra realizarse, ¡un milagro! Es un milagro hacer cada escena, nunca es menos que eso, nunca deja de ser difícil” – Paul Thomas Anderson

Justin McConnell, como muchos otros, comenzó a soñar con tener una carrera en la industria del cine a muy temprana edad. Específicamente su generación, la que creció en los años noventa, parecía ser imparable. La tecnología llegó a un punto en el que no tenías que ser rico para comprar una cámara de video. Abundaban las historias de personas de la clase trabajadora triunfando en Hollywood, las suficientes como para sentir que tú también podías lograrlo, sin importar que, como McConnell, vivieras en una pequeña ciudad canadiense y no tuvieras ningún contacto en la industria. McConnell soñaba con ser el siguiente Quentin Tarantino, Kevin Smith o cualquier otro cineasta “indie” que el festival de Sundance catapultó a Hollywood. Sin embargo, su destino fue diferente.

Su documental, Clapboard Jungle (2020), tiene como hilo conductor su propio viaje, lleno de contratiempos y momentos esperanzadores. Inicia en 2014, cuando el director, tras muchos años en el medio persiguiendo el mismo objetivo, seguía sin poder dar ese salto importante. Luego de filmar ficciones y documentales de muy bajo presupuesto sin mucha trascendencia, McConnell batalló para levantar sus proyectos más grandes. 

En Clapboard Jungle, lo seguimos en diferentes etapas: mientras desarrolla sus guiones, asiste a mercados de industria y festivales, su renovado entusiasmo y la continua aparición de malas noticias. McDonnell aprovecha y, más allá de compartir su propia lucha, abre la conversación en torno al cine, aprovechando al máximo un roster de “cabezas parlantes” –desde los consolidados como el mexicano Guillermo del Toro, los veteranos retirados como Sam Firstenberg (director de la gloriosa época ochentera de Cannon), hasta todo el mundillo actual del cine de género independiente (cameos de Gigi Saul Guerrero y Abraham Castillo Flores, programador de Mórbido Fest, incluidos)–. 

Documentales anteriores han abordado el mismo tema, retratos honestos que buscan dejar atrás el mito para enfrentar la difícil realidad de la industria fílmica. Remite, por ejemplo, a los constantes esfuerzos de Lloyd Kaufman, líder de Troma Entertainment (y uno de los entrevistados de McConnell), quien lleva años escribiendo libros y produciendo materiales con el objetivo de que los soñadores tengan los pies sobre la tierra, conozcan de primera mano los retos inherentes al medio, al mismo tiempo que se inspiran para continuar adelante pero de manera realista. 

Clapboard Jungle se siente como la más reciente actualización de este tipo de documental, captura un momento específico (y complejo) de la industria cinematográfica antes de la pandemia de la COVID-19. Caracterizado por la consolidación del streaming y la decreciente afluencia a las salas, la saturación de “contenido” y la crisis económica. Como nos dijo en entrevista Lloyd Kaufman: “en el mundo digital puedes hacer una película por menos dinero. El problema es: ¿cómo vives de tu arte?” 

McConnell siempre encontró impulso ante la adversidad, esto lo llevó a realizar Lifechanger (2018), su primer filme de presupuesto considerable. Una propuesta notable, entre el drama existencial y el body horror, sobre una entidad misteriosa que va de persona en persona, arrebatándoles la vida para tomar posesión de su cuerpo y recuerdos, al tiempo que no puede dejar de pensar en la mujer a la que ama. 

Si Lifechanger fue el proyecto que le abrió más puertas a McConnell, Clapboard Jungle nos motiva e invita a seguir peleando por aquello que queremos. Tras su presentación en el Fantasia International Film Festival, Cinema Inferno charló con el realizador.

Cinema Inferno: El documental refleja la época del cine indie que salía desde Sundance y las historias sobre los tipos de clase trabajadora que se convertían en cineastas rockstars. ¿Crees que estos relatos tuvieron un impacto positivo o negativo para tu generación?

Justin McConnell: Es una pregunta complicada. Creo que fue tan bueno como malo. Bueno, porque empoderó a una generación entera de gente joven para que realmente lucharan por sus sueños en el cine, entonces hay un montón de talento que ha tratado de tener una carrera desde entonces. Algunos han tenido éxito de verdad. Trajo de vuelta el espíritu del autor a la escena independiente, el efecto todavía se siente hoy. 

El lado negativo del asunto es que una ola de cineastas, en conjunto con equipo barato y la democratización de las plataformas de distribución, ha provocado una saturación de contenido. Más contenido del que es posible ver. Entonces ahora todos quieren ser cineastas, mucha gente se siente empoderada, pero es imposible mirar todos esos filmes. Muchos simplemente pasan desapercibidos. 

Esa época hizo sexy el quehacer cinematográfico, la idea del cineasta como un rockstar emergente, y sin duda esto es atractivo. Pero también resulta en mucha gente que persigue la fama en lugar de la habilidad para contar buenas historias. 

Como muchas cosas, supongo que no es ni bueno ni malo. Ciertamente tuvo un impacto. 

Tu documental abrirá los ojos de muchos jóvenes que aspiran a ser cineastas sobre la realidad de la industria, como en su momento lo hizo el trabajo de Robert Rodriguez y Lloyd Kaufman. ¿Tuviste alguna fuente de inspiración similar cuando eras joven? 

Acabas de mencionar un par. Leí todos los libros de Lloyd y también el libro de Robert Rodriguez. También cosas como Painting with Light y el libro de Walter Murch. Recuerdo amar un libro llamado The Writer Got Screwed (But Didn’t Have To). Aunque principalmente veía muchos documentales del detrás de cámaras, películas sobre cine, leía Fangoria, los sitios de fans del cine que fueron lanzados a finales de los noventa y principios del nuevo milenio y un montón de biografías de cineastas. 

Es un documental personal, muestras tu propio trayecto y lucha. ¿En qué momento decidiste compartir tu historia?

Desde el comienzo tomé esa decisión. Necesitaba un arco narrativo para realizar un documental, más allá de las “cabezas parlantes”, y pronto me di cuenta que yo mismo era el único protagonista que podía usar… por necesidades económicas. No podía gastar un gran pedazo de mi vida para seguir a alguien más. Sabía que podía diseñar la logística de producción si lo hacía personal y enfocado en mí, así que tomé ese rumbo. Una vez que empecé me di cuenta que la única manera de hacerlo correctamente era ser honesto, con todas las imperfecciones. Me vi a mí mismo como si fuera un avatar para la audiencia. 

Hubo una reseña del filme que hablaba de cómo parezco Tribilín en una de esas viejas caricaturas sobre cómo jugar béisbol. Soy el protagonista torpe que comete errores al principio pero luego me corrigen aquellos con conocimiento de lo que es correcto. Creo que es una metáfora apropiada de cómo veo mi rol en el filme. Soy el esqueleto emocional al que se le agrega la carne (las entrevistas). 

¿Cuál fue el principal aprendizaje que te dejó entrevistar a tantas personalidades?

Muchos de ellos no se dieron cuenta que eran exitosos y que sus filmes habían tenido un gran impacto hasta mucho tiempo después de hacerlos. Especialmente los cineastas mayores que emergieron en el boom inicial del video en los años ochenta y noventa. Ellos mencionan seguido cómo no se dieron cuenta que uno de sus filmes tenía un legado importante y una base de seguidores, hasta décadas después. 

Eso me ayudó a poner las cosas en perspectiva. En la actualidad vivimos en un mundo de gratificación instantánea. Con las redes sociales puedes postear algo y obtener respuestas, opiniones, likes y demás de manera inmediata. La cultura de los influencers está construida alrededor del golpe instantáneo de dopamina de la aprobación y valoración. No obstante, para la gente a la que idolatré mientras crecía, esa no era su realidad. Ni de cerca. Me consuela el hecho de que no sabré si mi trabajo sobrevive, es recordado, o es influyente, hasta que sea mucho más viejo. Entonces por ahora simplemente tengo que guiarme por mi instinto y hacer las cosas que realmente me importan, darlo todo, porque eso es lo único que está a mi alcance  en este momento.

¿Cuál es la característica más especial, en específico, del cine de género e independiente que retratas?

Para mí es una comunidad. Las caras son familiares porque son parte de un movimiento en el cine de género que es de este momento. Es un ambiente social diferente pero algunas de estas personas terminarán con un legado que impactará a toda la industria. La escena del cine de género en festivales y mercados de industria, más o menos, se siente hoy como debió sentirse en la región de la bahía de San Francisco cuando emergió la escena del trash metal. 

Estamos en un momento importante de transición en la industria del cine. Todos los que destacan hoy en el circuito del cine de género son pioneros de este cambio. Simplemente no tenemos idea de lo que significará a la larga. Ciertamente, es grandioso tener amigos de todo el mundo, cada uno en una etapa diferente de la misma misión. La mayoría lo están haciendo por las razones correctas. Es un mundo fuera del sistema de Hollywood. Por más que sea difícil, para muchos es próspero. 

El documental es positivo y busca inspirarnos, no sólo a los cineastas, para seguir tratando de cumplir nuestras metas. ¿Qué tan importante era comunicar este mensaje? 

Probablemente fue lo más importante que quise inculcar. Quería un documental honesto, franco sobre las probabilidades, pero, al final del día, busqué que la gente terminara revitalizada y motivada. La intención fue fungir, al mismo tiempo, como un baño de realidad y como un discurso motivacional. 

La industria del cine está mutando constantemente. Tomando en cuenta que la pandemia de la COVID-19 está marcando un antes y después, ¿cómo te sientes al pensar en el presente y futuro cercano de la industria fílmica?

Me siento inseguro. Habrá cine mientras tengamos electricidad y gente que quiera contar historias. Pero el estado de la industria está por verse. 

La situación antes de la COVID-19 ya era turbulenta, ahora con las producciones deteniéndose y la gente obligada a ajustar sus planes, es indeterminado. Pienso que será cosa de mantenerte alerta y adaptarse, no cometer el error de aferrarte al pasado y de señalar las cosas como eran, porque esas maneras se han ido. Lo que vendrá está tomando forma, tendrá que ser aceptado y estar basado en nuevos rumbos.