Fantasia 2021: HAYOP KA! THE NIMFA DIMAANO STORY, divertida animación sobre amor, sexo y desigualdad

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Los cineastas detrás de Hayop Ka! The Nimfa Dimaano Story (Hayop Ka!, 2020) incorporaron una pequeña introducción a la exhibición de su película en el Fantasia International Film Festival. En ella, nos informaron que la animación tomó inspiración de telenovelas muy populares en Filipinas. La frase hayop ka!, por ejemplo, significa “¡animal!” o “¡hijo de perra!” y suele ser usada como insulto en este tipo de dramas. Fue así que Avid Liongoren y los guionistas Manny Angeles y Paulle Olivenza idearon su propia “telenovela” animada, estelarizada literalmente por animales, incluyendo un par de “hijos de perra”. 

Nuestra protagonista es una felina: Nimfa (voz de Angelica Panganiban), una gata de clase trabajadora originaria de la provincia. Actualmente vive en Manila y es vendedora de perfumes en un centro comercial. Su novio, Roger (Robin Padilla), es un perro conserje que disfruta de llevar a su enamorada a comer estofado en un puesto callejero. Si bien su vida sexual no es mala, un pequeño gran problema frustra la evolución de su relación: la falta de dinero. A Nimfa le gustaría pasar la tarde en un motel, en lugar de volver a tener sexo en su lugar de trabajo o degustar de una cena más fina, sin embargo, el sueldo de Roger no da para más. Ella tampoco puede costearlo porque carga con la renta de ambos y con los estudios de su hermana menor (Yeng Constantino), quien vive con su madre en la provincia y parece estar encaminada a un futuro más próspero. 

La desigualdad social existente en Filipinas es uno de los temas centrales de Hayop Ka! The Nimfa Dimaano Story. Ésta se expresa a través de ciertos detalles visuales, como un centro comercial que funciona como pirámide social, con un restaurante de lujo hasta arriba y el comedor de los empleados en el sótano, debajo de un nivel que guarda huesos humanos enterrados. También queda claro que los animales antropomórficos de clase alta dominan mejor el inglés. 

Ese cliché telenovelesco ligado a la desigualdad, provoca el enamoramiento de Nimfa con otro perro: Iñigo (Sam Milby), un playdog que recién terminó una relación seria. Es un businessdog de la industria de la construcción que tiene entre sus planes erigir un call center en el espacio exterior con la ayuda de un tal Eel-on Mask. Si bien se hace referencia al lado turbio de los poderosos –por ejemplo, una imagen en el periódico muestra a un cocodrilo policía reprimiendo una manifestación contra los proyectos del can empresario–, el inevitable drama nace del amor. 

Hayop Ka! The Nimfa Dimaano Story es una comedia… bastante sexosa y guarra, con animales permanentemente cachondos. Tiene el espíritu similar a La fiesta de las salchichas (Sausage Party, 2016), recurriendo constantemente al doble sentido para provocar la risa. Esta esencia queda clara, por citar un ejemplo, cuando Iñigo tiene antojo de comida rápida y Nimfa no quiere hamburguesas o papas fritas, ¡sino longaniza! 

Otra veta que explota la película es la violencia provocada por los líos amorosos, estilizada con evidente influencia de la cultura pop nipona (sobre todo Street Fighter). Imposible no reírse cuando el valet parking de Iñigo, una pobre e inocente ranita (Empoy Marquez), se lleva por error la peor parte de la ira explosiva del macho Roger. 

Este momento llega después de la entrada de Nimfa a un mundo completamente diferente al suyo, uno que incluye cosas que Roger jamás podría ofrecer: viajar en carro o disfrutar de una casa de playa. Incluso, durante una de sus citas, Nimfa mira la ciudad de Manila desde arriba gracias al helicóptero del pudiente Iñigo. Aunque, claro, es cuestión de tiempo para la aparición de más y más conflictos dramáticos en la vida de Nimfa, que se acumulan hasta que el grito de hayop ka! aparece con énfasis. 

Dejando a un lado al par de hijos de perra, Hayop Ka! The Nimfa Dimaano Story se concentra en Nimfa y su relación con su círculo social. En un punto, Nimfa vuelve a la provincia para reflexionar sobre su situación amorosa y visitar a su familia, pero se encuentra con que su hermana de 17 años abandonó sus estudios porque tuvo un bebé. La adolescente dice ser feliz como mamá y para lograr salir adelante planea tener su propio negocio junto al padre, además de contar con el apoyo de la abuela. Nimfa rechaza por completo la situación, contrastando lo sucedido con la vida de ensueño que probó recientemente. Hayop Ka! The Nimfa Dimaano Story es una caricatura cómica y libidinosa, que se da tiempo de poner a Nimfa en una situación equivalente a la de su hermana para abrazar esa vida humilde, llena de trabajo y familia… quizá también de un nuevo e inesperado pretendiente.

LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS: Más sexo y menos religión

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Cuando Trey Parker y Matt Stone decidieron retirase del cine después de Team America: Policía mundial (Team America: World Police, 2004) –su memorable cinta de marionetas que supuso una filmación tormentosa–, dejaron un gran vacío en la animación para adultos, el cual se ha llenado hasta ahora, gracias a Seth Rogen y Evan Goldberg, quienes reclutaron a su pandilla usual (Michael Cera, Jonah Hill, James Franco, Bill Hader, etc.) y a los directores Greg Tiernan y Conrad Vernon para su debut en este difícil género. No es coincidencia que La fiesta de las salchichas (Sausage Party, 2016) se convirtió en la película animada para adultos más exitosa desde, precisamente, South Park: Más grande, más larga y sin censura (South Park: Bigger, Longer & Uncut, 1999). Su ADN es similar, con mucho que decir sobre el mundo actual, pero, antes que todo, el deseo de provocar risas, con humor vulgar y que no se limita a burlarse de sólo un grupo de personas.

La referencia a Pixar –el nombre del estudio aparece en el sticker de un carro–, tampoco es casualidad. Para su aventura animada, Rogen y Goldberg trabajaron la formula que el estudio responsable de Toy Story (1995) ha llevado al mainstream durante los últimos años: mostrar la “vida secreta” de objetos o animales, aunque ciertamente en este caso desde un punto de vista no apto para infantes. ¿Qué mejor para el doble sentido que una salchicha y un voluptuoso pan de hot dog como la pareja protagonista?

La regla de este universo es que cualquier cosa que encontramos en el supermercado tiene conciencia, desde los vegetales y las bebidas alcohólicas hasta las duchas vaginales, los tampones, el papel de baño y los condones. Sí, estamos ante otra peculiar mezcla entre caricaturas y sexo que recuerda a la propia Team America: Policía mundial, pero la vulgaridad característica que Rogen y Goldberg vienen explorando como guionistas desde Supercool (Superbad, 2007), llega a su punto más interesante. Los gags siguen transpirando adolescencia, marihuana y autorreferencia, no se equivoquen, pero ahora ayudan a exponer un tema que ha acompañado a la humanidad desde tiempos remotos: la religión. 

Por medio de sus personajes centrales –la salchicha Frank (Rogen), el pan Brenda (Kristen Wiig), el taco Teresa (Salma Hayek), entre otros–, se presenta la noción de la necesidad de los individuos de creer en algo superior para tratar de comprender su existencia; además su entorno (un complejo de una cadena de supermercados) funciona como un micro universo inspirado en la historia de la humanidad, donde la religión se ha corrompido y llegado a los extremos, siendo parte fundamental de conflictos como el de Israel y Palestina o del Holocausto. La “vida secreta del supermercado” se parece más de lo que pensamos a nuestro mundo.

Los productos esperan felices ser adquiridos por los humanos porque su vida entera se basa en una creencia que nadie puede comprobar, pero aún así es lo único en lo que todos coinciden: ser comprados por las personas (sus dioses) significa la entrada al paraíso. El camino del héroe Frank da inicio cuando conoce a un frasco de mostaza dulce que estuvo en “el más allá” pero fue devuelto a la tienda no sin antes descubrir el verdadero y cruel destino de los alimentos; el paraíso no existe y los llamados dioses son “asesinos” que se los devorarán sin piedad. Así, una idea simple y condescendiente sobre el significado de la vida se rompe y comienzan a surgir todo tipo de cuestionamientos, aunque para la carismática salchicha no será fácil lograr que el resto de creyentes puedan/quieran ver la realidad.

La fiesta de las salchichas, como ya mencioné, tiene el logro de comentar sobre estos temas siendo una caricatura, y al mismo tiempo funciona por saber aprovechar su universo para el efecto cómico. Como lo han hecho sus antecesores (de Pixar a South Park pasando por Los Simpson) en repetidas ocasiones, el toque cinematográfico recae en recrear con sus propios personajes momentos de películas de guerra, horror o vaqueros. El gag constante es que las salchichas y demás alimentos viven con demasiada intensidad su aventura, pero en los ojos de los humanos nada raro sucede cuando tiran los productos del carrito del super, pelan una papa o hierven tocino. 

No es la primera vez que Rogen y Goldberg trasladan su comedia a un contexto sociopolítico, pero me parece que La fiesta de las salchichas es más hilarante que Una loca entrevista (The Interview, 2014) ya desde su formato, o sea la ingeniosa manera para trasladar la realidad al supermercado animado: productos alemanes que buscan la exterminación de los jugos (porque en inglés juices suena como jews); el bagel (judío) y el pan lavash (árabe) que no se toleran a pesar de compartir estante; y otras referencias que no son netamente religiosas, unas de temas igualmente controversiales (como el racial con los productos ilegales mexicanos, o los de origen negro y nativo americano siendo desplazados por las galletas blancas) y otras que son genialmente obvias (el villano de la historia es literalmente un douche, las frutas son homosexuales, Meat Loaf tiene un cameo…). 

El discurso de La fiesta de las salchichas es anti-religión, sí, porque la desnuda como el producto de una vil mentira; pero al mismo tiempo está en contra del sermoneo (de cualquier vertiente) y sobre todo condena la corrupción de la necesidad inicial de los individuos por creer en algo más. Finalmente es este el problema de los productos en el filme. Ellos viven engañados, con miedos (i.e. Brenda teme que tener pensamientos “sucios” podría hacer enojar a los seres supremos) y prejuicios. Ellos verán como “monstruos” a los humanos sin darse cuenta que, poco a poco, han pasado a actuar de una manera similar. Aquí la solución se simplifica a que sería mejor olvidarse de todo, de esos “dioses” que no dejan actuar libremente, y dar paso a disfrutar de lo mejor de la vida (resumido por la cinta en el sexo). El mundo real debería funcionar así pero esto es algo que jamás pasará, por eso funciona mejor expresar dicha noción con un montón de alimentos calenturientos y ansiosos por el deleite sin límites.

Texto publicado originalmente en Butaca Ancha (en octubre de 2016).