Podcast #15: Festivales virtuales de cine de género: Macabro y Fantasia

La pandemia hizo que festivales de cine de género como Macabro FICH y Fantasia International Film Festival llevaran a cabo sus ediciones 2020 de manera virtual. En este podcast, con José Luis Ortega de Revista Cinefagia como invitado especial, compartimos nuestras impresiones luego de experimentar estos festivales por primera vez desde casa.

El podcast #15 de Cinema Inferno cuenta con la participación de:

José Luis Ortega – Investigador, docente y crítico de cine. Cofundador de Revista Cinefagia y de la muestra Masacre en Xoco.

Alberto Acuña Navarijo – Crítico de cine del programa radiofónico Derretinas de la barra Resistencia Modulada de Radio UNAM.

Eric Ortiz García – Periodista (Cinema Inferno, Screen Anarchy) y profesor de cine (FES Aragón UNAM). Fue parte del Screening Team 2019 de Fantastic Fest. Autor del reportaje “Troma, 40 años de cine independiente”.

Otras opciones para escucharlo

Spotify

Mixcloud

ivoox

Apple

Macabro 2019: SOMETHING ELSE, la antítesis del terror metafórico

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

El director y actor americano Jeremy Gardner es un viejo conocido del público de Macabro FICH. Él y el actor Adam Cronheim fueron los protagonistas de la memorable noche inaugural de la edición 2013, cuando presentaron la ópera prima de Gardner: The Battery (2012), una hilarante película de zombies de nulo presupuesto e incansable ingenio. 

Gardner regresó seis años después a la Ciudad de México con su tercer largometraje, Something Else (2019), el cual tiene vasos comunicantes con The Battery, aunque su tema central es algo totalmente diferente y más personal: un retrato honesto sobre una larga relación amorosa y los altibajos inherentes al inevitable paso del tiempo. 

Hank (interpretado por el propio Gardner, algo que ya es costumbre en su cine) y Abby (Brea Grant) han pasado los últimos 10 años de sus vidas como novios. Jugando con los tiempos, Something Else contrasta una de las noches más memorables de la pareja –el cumpleaños de Abby una década atrás, cuando ella aceptó vivir en una casa en medio de la nada con Hank– con un complicado presente: tras dejar una nota poco reveladora, Abby ha decidido irse de la casa por un tiempo indefinido, que se ha prolongado a varias semanas.

Something Else entra en otro territorio por medio de un Hank desconcertado y dolido que, luego de la “desaparición” de Abby, parece perder la cabeza al insistirle al hermano de Abby (un policía interpretado por Justin Benson, co-director de Spring y The Endless, entre otras) y a su mejor amigo Wade (Henry Zebrowski, el hilarante compañero del protagonista que remite a los rasgos de buddy movie que había en The Battery) que una misteriosa criatura acecha su casa todas las noches. ¿Será que este monstruo es una metáfora del horror de una ruptura amorosa?

Something Else aborda seriamente esos conflictos de pareja que parecen ser ineludibles, sobre todo si han transcurrido 10 años y una de las partes (en este caso Hank) se niega a dar el paso siguiente. Esto ha provocado un entendible sentimiento de estancamiento y arrepentimiento en la otra persona (Abby obviamente). Al tiempo que Hank encuentra su redención, la cinta de Gardner (con co-dirección de Christian Stella) funciona como un verdadero “fuck you” a todas esas creature features donde la metáfora se prolonga hasta los créditos finales. Por el contrario, aquí el romance se mezcla divertidamente con una dosis de sangre y efectos prácticos –como de antaño– para una aparición tardía aunque nada decepcionante de la criatura. Something Else mantiene la esencia de desmadre puro y absoluto gozo de The Battery.

Bonus: Entrevista en video con el director Jeremy Gardner

Macabro 2019: MUTANT BLAST, un festín splatter y de absurda diversión

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Mutant Blast (2018) –ópera prima del cineasta portugués Fernando Alle y co-producción de la legendaria compañía independiente neoyorquina Troma Entertainment (El vengador tóxico, Tromeo y Julieta, Poultrygeist: Night of the Chicken Dead, entre muchos otros clásicos)– utiliza uno de los escenarios cliché por excelencia del cine de terror: el mundo postapocalíptico plagado de zombies. 

Sin embargo, la palabra zombie es censurada durante buena parte del metraje en un ejemplo del afilado sentido del humor del director, quien de igual forma está plenamente consciente de esos lugares comunes del cine de género en los que se está adentrando: las criaturas antagonistas técnicamente no son muertos vivientes, sino humanos mutados tras un fallido experimento militar pero tienen características idénticas a un zombie.  

En Mutant Blast, un hombre (Pedro Barão Dias) despierta tras una farra y gradualmente recuerda que el apocalipsis zombie alcanzó a sus amigos de manera brutal; en otra parte, una joven soldado (Maria Leite) con una agenda clara tiene que resguardar al único mutante perfecto: un súper soldado de impresionante fuerza (Joaquim Guerreiro), la aparente solución ante los zombies que no son zombies. Cuando el camino de este par de personajes se cruza, Alle pisa el acelerador para llevarnos hacia cierto rumbo y luego cambiar la dirección totalmente, algo que es constante en 80 minutos de impredictibilidad, absurdo y locura. 

Justo ahí radica la valía y el disfrute de Mutant Blast: pasa de ser un onírico y violento cuento de hadas, a una sátira de esos hombres que controlan el mundo, y, como su título lo indica, resulta un imaginativo desfile de mutantes que incluye, por ejemplo, el momento cuando la radioactividad provoca que al protagonista le crezca ¡una rata viva en lugar de mano! Que esta marioneta roedora sea un personaje adorable y memorable parece difícil de creer, sin embargo no hay otra forma de describirlo.

Con ésta y muchas otras ocurrencias dementes –esa otra rata gigante de apariencia kaiju, una genial y enamorada langosta francesa que odia a los delfines porque estos mamíferos marinos son en realidad unos hijos de la chingada, y hasta una crítica a la naturaleza destructiva del ser humano–, los clichés iniciales quedan sepultados por completo en un festín splatter con efectos prácticos, absurda diversión e inagotable imaginación (¡hay una secuencia musical animada!). Mutant Blast es una de las películas más disfrutables en las que ha estado involucrada Troma desde su magistral musical de los pollos zombie estrenado en el ya lejano 2006.

Bonus: Entrevista en video con el director Fernando Alle

Macabro 2019: FUNERAL SINIESTRO y EL ESPÍRITU DE LA MUERTE, función doble de Jairo Pinilla

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La retrospectiva de la décimo octava edición de Macabro: Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México (Macabro FICH) está dedicada al cineasta colombiano Jairo Pinilla, quien afirmó que su ópera prima Funeral siniestro (1977) representó la primera aportación de su país al género del thriller. Y precisamente, más que un filme de terror, la minimalista Funeral siniestro recurre al suspenso, a la sugestión y al malvibre. 

La intriga central comienza tras el funeral de un hombre que nunca vemos, éste dejó una pugna que involucra sobre todo a su última pareja, Lucrecia (Derly Díaz), quien buscará a toda costa quedarse con la herencia: una hacienda a las afueras de Bogotá, Colombia. Lo curioso, y donde recae el núcleo de la película, es que la principal “adversaria” de Lucrecia es Isabel (Constanza Rincón), su pequeña hijastra y la única descendiente del hombre muerto. 

Funeral siniestro nos revela a Lucrecia como una mujer doble cara, amoral, capaz de ser un amor a la mirada del hermano del difunto (Humberto, interpretado por el propio Pinilla), luego, sin nadie a su alrededor, no escatima y actúa como una verdadera hija de la chingada con la niña protagonista y con otro jovenzuelo (Carlos Rodríguez Jr.), ayudante en la hacienda. La audiencia sabe las verdaderas intenciones de Lucrecia, de su amante, su participación en la muerte de su marido y, por su puesto, lo que le tiene preparado a la niña. Será cuestión de tiempo para que los demás personajes noten el peligro que representa esta mujer.

La mayor sorpresa de Funeral siniestro sucede cuando, al intentar aniquilar de una vez por todas a la pequeña Isabel, la villana termina sufriendo un accidente mortal. ¿Hay algo paranormal con el cadáver de esta madrastra? ¿Será que todavía después de la muerte seguirá atormentando a la infante? Pinilla juega con estas ideas en un clímax  que, como ya apuntaba, se apega a la sugestión y al suspenso más que a cualquier elemento explícito relativo al terror. 

Funeral siniestro es una valiosa curiosidad, cuyo minimalismo y coherencia contrasta por completo con el más reciente trabajo de Pinilla, presentado el mismo día como función secreta de Macabro. Desde el título triple se puede anticipar algo épico, pero, créanme, los resultados nos llevan a niveles totalmente inesperados (aunque quizá los súper expertos en el trabajo de Pinilla digan lo contrario). 

El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad (2019) (no es broma) es, probablemente, la mejor peor película que he visto desde Polos (2013), la joya de Alan Coton, esta última también presentada en un festival de cine de género: Feratum 2013. No es fácil llegar a estas alturas, no cualquier cinta logra ser así de notable, no cualquier cineasta se atreve a subir el volumen más allá del 11. 

La trama de El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad va sobre un triángulo amoroso: la voluptuosa amante de un hombre (a quien usualmente vemos en paños menores) decide recurrir al satanismo, a un conjuro por medio de un juguete, para que finalmente el tipo abandone a su esposa y a su pequeña hija y, así, sea feliz a su lado. Podría parecer increíble pero de aquí parte un hilarante panfleto anti drogas, anti Internet, que liga por igual conceptos como el satanismo y el vampirismo a todo el mal de la sociedad actual, particularmente a los suicidios (si eres satánico y te drogas eventualmente te vas a querer quitar la vida como si fueses vampiro: ¡succionando tu propia sangre!), al narcotráfico e, incluso, a sucesos como ¡el reciente incendio de la catedral de Notre Dame! 

La versión presentada en Macabro fue un work-in-progress que es notable por su terrible hechura. Un ruido horrible casi deja sordos a los asistentes en cada corte abrupto de la edición, un trabajo de audio infame que se escuchaba disparejamente por las bocinas de la Cineteca Nacional, efectos especiales (por si fuera poco es una película en 3D) y un risible doblaje de voz (en especial el de la chavita protagonista) como de work-in-progress pero de sonoridad definitiva.

Lo más memorable de El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad es que una vez entendido su propósito –el rant religioso y conservador que nos alecciona sobre los peligros del Internet, las drogas, el satanismo y el vampirismo, para así acercarnos al camino del Señor–, que disfrutamos sus delirantes elementos propios del subgénero del terror sobre posesiones (¡esas patas de cabra y las apariciones del diablo en 3D! ¡Las expertas en lo paranormal que ya están acostumbradas a atender drogadíctos poseídos por el demonio!), la película todavía tiene un as más bajo la manga. Cuando nadie lo esperaba, cuando parecía que las luces de la sala estaban a punto de encenderse, cuando satanás ya se había salido con la suya, Pinilla sube el volumen un par de niveles más y le añade otra capa a este festín de lo absurdo: usando el video de un cumpleaños y la cinta original de la grabación para cambiar –por medio del poder de la mente– una decisión del pasado que, naturalmente, alterará el presente. Esta cumbre del sinsentido, sin duda, te lleva directo al pódium de lo mejor de lo peor.

Macabro 2018: LIVING SPACE, fantasmas nazis en un time loop

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La producción australiana Living Space (2018) esencialmente mezcla dos subgéneros por demás conocidos en el cine fantástico: el de la casa embrujada y el de los bucles temporales. Si bien desde la introducción se hace referencia a la Alemania nazi –el título proviene del concepto Lebensraum– y la trama central se desarrolla en suelo germano, Living Space es una cinta de fórmula cuyos antagonistas podrían no ser nazis y poco en realidad cambiaría.

Su primera mitad es, básicamente, la misma película de terror en la que los jóvenes protagonistas terminan encontrando una casa en medio de la nada, donde eventualmente serán atormentados por algo paranormal. Georgia Chara y Leigh Scully interpretan a una pareja que, manejando perdidos en el campo alemán, se topan con una mujer moribunda; desconcertados, deciden buscar ayuda, sólo para terminar en dicha casa, la cual parece estar habitada por fantasmas supremacistas.

Esta primera parte de Living Space funciona como el típico filme de horror efectista que depende enteramente de los jump scares y aunque por momentos parece que se dirigirá hacia el torture porn, el midpoint del argumento lleva al personaje de Chara a un evidente time loop

living space cinema inferno poster

Sin duda los momentos más torpes y burdos de Living Space son los que buscan explicar todo el trasfondo de los antagonistas, i.e. cuando de la nada la protagonista encuentra un proyector en un cuarto y una película comienza para mostrarnos el pasado de la casa. Pero el clímax de Living Space no depende de esto y, como ya apunté, el tema del nazismo queda como mera anécdota.

La clave de Living Space está en revelarse como una película sobre un time loop, por momentos diferente a otras propuestas del subgénero. En la reciente adición surcoreana El día (Ha-roo, 2017), o incluso en el clásico Hechizo del tiempo (Groundhog Day, 1993) con Bill Murray, los personajes centrales son conscientes de que están atrapados en un bucle temporal, mientras que en Living Space la protagonista inicialmente sólo tiene algunos presagios cada vez que el loop comienza otra vez.

Sin embargo, más que continuar explorando la alteración de las reglas del subgénero y de convertirse en una verdadera y valiosa variación, tal y como El día, el filme del debutante Steven Spiel no tiene mayor revelación ni peso. Sus supuestamente grandes shocks son, primero, que una casa está habitada por fantasmas y luego simplemente que todo es parte de un bucle infinito. A estas alturas, una propuesta de género que apuesta por dos vertientes como estas debe hacer, obviamente, algo distinto para estar por encima del promedio, de lo contrario corre el riesgo a quedar en el olvido inmediatamente.