SXSW 2021: INTRODUCING, SELMA BLAIR, una inspiradora batalla personal

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Quizás haya quien recuerde a la actriz Selma Blair por su aparición en Juegos sexuales (Cruel Intentions, 1999) o Legalmente rubia (Legally Blonde, 2001). En mi caso, es por su sentida actuación como Liz Sherman en las maravillosas Hellboy (2004) y Hellboy 2: El ejército dorado (Hellboy II: The Golden Army, 2008), ambas dirigidas por Guillermo del Toro. O su interpretación al lado de Nicolas Cage en Mamá y papá (Mom and Dad, 2017), sobre unos padres que quieren asesinar a sus propios hijos. Sin embargo, en años recientes Blair se ha alejado de los sets debido a una batalla personal. Por ello, Introducing, Selma Blair (2021), documental de Rachel Fleit, es una reintroducción total a la actriz americana.

Blair fue diagnosticada en 2018 con esclerosis múltiple, enfermedad autoinmune que daña el cerebro y la médula espinal. Para aquellos que desconocen la situación –como era mi caso–, encontrarán la primera secuencia de Introducing, Selma Blair particularmente fuerte. Después de maquillarse, ponerse una suerte de turbante y bromear sobre la apropiación cultural, Blair se dispone a ser entrevistada acompañada de su perro de servicio, cuando éste se va, la discapacidad de Blair es más que evidente, casi no puede hablar. Si bien en este momento Blair logra comunicar que siente algo de vergüenza por su estado, la realidad es que a partir de hacer pública su enfermedad –vía Instagram en 2018– la actriz ha sido muy vocal, convirtiéndose en una fuente de inspiración para incontables personas. 

Al centro de Introducing, Selma Blair está una mujer de fortaleza admirable, haciendo frente a una enfermedad que la afecta física –tiene dificultad para caminar– y mentalmente. Más que un retrato convencional de la vida de Blair, la película se centra en acompañarla durante un importante tratamiento al que se sometió en 2019: un trasplante de células madre. Una alternativa, ante una enfermedad considerada incurable, compleja y desgastante, que por momentos remite al cáncer porque involucra quimioterapias. 

Quienes han seguido a Blair en Instagram saben de su apertura en estos momentos tan personales como difíciles, aunque siempre mantiene el sentido del humor. El documental sigue esa línea íntima, al tiempo que nos acerca –siempre desde la perspectiva de Blair– a las dos personas definitivas en su vida: su madre y su pequeño hijo. 

En Introducing, Selma Blair se asoma una mujer que, antes del diagnóstico, sufría ansiedad y depresión. Ligaba su infelicidad –incluidos los problemas que surgieron cuando se convirtió en mamá– a la relación conflictiva que siempre tuvo con su madre. Ahora, Blair afirma estar en paz. El amor hacia su hijo es palpable, sin duda es su principal motor para seguir. También piensa diferente sobre su madre (la señora no estaba bien de salud durante la filmación). Blair nunca esconde nada, entendemos lo complicado de lidiar con una enfermedad que, a pesar de los intentos, la seguirá de por vida. Introducing, Selma Blair va con su filosofía actual de, simplemente, tratar de ser mejor persona, ayudar e inspirar a los demás.

MAMÁ Y PAPÁ: Brian Taylor y su retorcido thriller sobre unos padres que quieren asesinar a sus hijos

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Los directores Brian Taylor y Mark Neveldine, trabajando en equipo como Neveldine/Taylor, nos introdujeron al asesino a sueldo Chev Chelios en el díptico plagado de adrenalina y testosterona Crank: Muerte anunciada (Crank, 2006) y Crank 2: Alto voltaje (Crank: High Voltage, 2009); exploraron qué pasaría si en un videojuego controláramos a personas reales en la futurista Gamer (2009); y continuaron con la batalla entre Ghost Rider y Satanás en la secuela El Vengador Fantasma 2: Espíritu de venganza (Ghost Rider: Spirit of Vengeance, 2011). 

Eventualmente, Neveldine y Taylor dieron un paso natural y comenzaron a trabajar por separado; Neveldine fue el primero en estrenar un largometraje dirigido en solitario, Exorcismo en el Vaticano (The Vatican Tapes, 2015), mientras que la respuesta de Taylor, Mamá y papá (Mom and Dad, 2017), tuvo su premiere mundial en 2017 como parte de la sección Midnight Madness del Festival de Toronto. En entrevista con Cinema Inferno, Taylor dijo que decidió filmar esta película porque “es algo que no se ha hecho antes, siempre me emocionan cosas así, aunque en algunas ocasiones te das cuenta que hay una razón por la que nunca se han hecho. Es el riesgo que debes tomar”. 

Mamá y papá es la primera cinta de Taylor que tiene como protagonistas a personas ordinarias. Aquí no hay un matón que requiere adrenalina, o electricidad, para mantenerse con vida; tampoco un convicto cuyo cerebro es controlado a distancia por un adolescente; ni mucho menos un motociclista que ha vendido su alma al diablo. Como su título indica, Mamá y papá es sobre una madre (Selma Blair) y un padre (Nicolas Cage), quienes tienen que lidiar con un par de cuestiones por demás mundanas: la crisis de la mediana edad y el temperamento de sus dos hijos, una adolescente (Anne Winters) y un infante (Zackary Arthur). 

Al ser padre de familia, Taylor no podría conocer mejor esta situación. “Cuando procreamos y nos convertimos en padres cumplimos con nuestra razón de vida. Eso funciona muy bien en la naturaleza, si eres un pez o algo por el estilo, pero como humanos, todavía tenemos muchos propósitos de acuerdo con nuestra propia relevancia. No funciona tan bien para los humanos, entonces tenemos a un padre o madre a medias, que no siente pertenencia. Creo que es una verdad universal para cualquier padre, aunque amamos a nuestros hijos, ellos no tienen la culpa”.  

Si bien Mamá y papá muestra la nostalgia que el papá siente por su desenfrenada juventud, o a la mamá añorando los tiempos cuando su pequeña hija era su mejor amiga, muy pronto se revela el verdadero conflicto, propio del cine de género al que Taylor nos tiene acostumbrados. Existe una epidemia, de origen desconocido aunque aparentemente transmitida por las ondas del radio y la televisión, que convierte a los padres de familia en despiadados asesinos, cuyas únicas víctimas son sus propios hijos. Para Taylor, “una gran influencia fue La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Me encanta que no explican nada, simplemente es un fenómeno con el que tienes que lidiar como lo harías  en la vida real. Hay algunas teorías pero al final no hay una explicación, sólo te quedan los personajes y sus reacciones”. 

En ese sentido, Mamá y papá es un ejercicio en el género del terror que se desarrolla principalmente dentro de la casa de la familia, una vez que papi y mami se han contagiado y están más que dispuestos a descargar toda su ira y frustración en sus descendientes. Toda familia pasa por momentos buenos y malos, aunque en esta cinta el contraste es maximizado, sin olvidar una buena dosis de humor negro. “El cine de género toma cuestiones que son usualmente tratadas como metáforas y las hace reales. Parte de mi estilo, si es que tengo uno, es jugar con diferentes tonos. Es mi naturaleza porque siempre estoy buscando el humor negro en cualquier situación, y eso se traduce en lo que se ve en pantalla. No sé hacerlo de otra forma”, afirmó Taylor.

Finalmente, Mamá y papá tiene otra de las actuaciones desmesuradas de Nicolas Cage, quien ya había sido dirigido por Taylor en El Vengador Fantasma 2: Espíritu de venganza. Si aquella secuela nos mostró a un Johnny Blaze “en esteroides” (¡poseído pero por el espíritu de Chev Chelios!), en Mamá y papá vemos a un Cage que en un instante se puede tornar verdaderamente rabioso, arruinando cualquier intento de (falsa) delicadeza por parte del personaje de Selma Blair. En palabras de Taylor, Cage “es genial, cada día en el set es como un regalo del Dios del cine. Nunca sabes realmente lo que obtendrás, sólo que será placentero. Simplemente soy un admirador de Nic y no podría imaginarme a alguien más en esta película. La clave con él son los pequeños detalles; todos sabemos que puede actuar como demente, pero es la sutileza de su interpretación lo que para mí es más divertido”.

Fantastic Fest 2019: COLOR OUT OF SPACE, Richard Stanley y el horror lovecraftiano

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Color Out of Space (2019) marca el regreso de Richard Stanley, cineasta de culto y figura genuinamente enigmática, quien se recluyó en un recóndito lugar de Francia luego de filmar Dust Devil (1992) y tras esa surreal y catastrófica experiencia con la maquinaria hollywoodense que lo privó de completar su versión del Dr. Moreau (expuesto perfectamente en el documental Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory). Color Out of Space es su primer largometraje de ficción desde 1992. 

Basada en una historia del inmensamente influyente H.P. Lovecraft y protagonizada por la leyenda viva de la actuación Nicolas Cage, Color Out of Space nos hace pensar que Stanley debió volver al cine fantástico hace mucho tiempo. La película se desarrolla en una zona boscosa aislada de la civilización, donde sólo vive una familia (los padres y tres hijos) y un extraño ermitaño stoner (interpretado por el mismísimo Tommy Chong). 

Un hidrólogo afroamericano (Elliot Knight) se encuentra inspeccionando el lugar, al tiempo que la hija del protagonista (Madeleine Arthur) desea irse del bosque y realiza rituales para que el cáncer ya no regrese al cuerpo de su madre (Joely Richardson). La repentina caída de un meteorito dará pie a una serie de sucesos extraños, imposibles de explicar bajo la lógica humana.

Color Out of Space no es una película de ciencia ficción y terror convencional, su peso recae por igual en su aspecto visual –la vistosa paleta de color y las fantásticas transformaciones provocadas por la influencia alienígena (una vertiente que remite a La cosa del otro mundo, de John Carpenter, que en palabras de Stanley es “la película más lovecraftiana sin ser adaptación del autor”)– y en un tono humorístico delirantemente absurdo, emanado principalmente de Nic Cage (aunque no podemos ignorar la aportación del gran Tommy Chong). 

Luego de películas recientes como Mamá y papá (Mom and Dad, 2017) y, sobre todo, Mandy, el desmesurado Cage ha estado muy presente en el pensamiento colectivo de los seguidores del cine de género. Color Out of Space es otra adición a esta faceta sumamente memorable del ganador del premio Oscar. Detalles como el peculiar interés que su personaje (un granjero) tiene por las alpacas son parte del color (figurativamente hablando) de Color Out of Space, al tiempo que ese característico delirio in crescendo en las actuaciones de Cage en esta ocasión se termina ligando a la influencia extraterrestre. 

Obviamente el color (literalmente hablando) de Color Out of Space también juega un papel vital: esos tonos morados que representan la misteriosa entidad alienígena en un mal viaje que, como ya apuntaba, de igual forma incluye la transformación (mental y física) de animales y personas. Esto da paso a una imaginería terrorífica y a acciones violentas, que potencian la locura total. Bienvenido de vuelta, señor Stanley.