Macabro 2019: SOMETHING ELSE, la antítesis del terror metafórico

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

El director y actor americano Jeremy Gardner es un viejo conocido del público de Macabro FICH. Él y el actor Adam Cronheim fueron los protagonistas de la memorable noche inaugural de la edición 2013, cuando presentaron la ópera prima de Gardner: The Battery (2012), una hilarante película de zombies de nulo presupuesto e incansable ingenio. 

Gardner regresó seis años después a la Ciudad de México con su tercer largometraje, Something Else (2019), el cual tiene vasos comunicantes con The Battery, aunque su tema central es algo totalmente diferente y más personal: un retrato honesto sobre una larga relación amorosa y los altibajos inherentes al inevitable paso del tiempo. 

Hank (interpretado por el propio Gardner, algo que ya es costumbre en su cine) y Abby (Brea Grant) han pasado los últimos 10 años de sus vidas como novios. Jugando con los tiempos, Something Else contrasta una de las noches más memorables de la pareja –el cumpleaños de Abby una década atrás, cuando ella aceptó vivir en una casa en medio de la nada con Hank– con un complicado presente: tras dejar una nota poco reveladora, Abby ha decidido irse de la casa por un tiempo indefinido, que se ha prolongado a varias semanas.

Something Else entra en otro territorio por medio de un Hank desconcertado y dolido que, luego de la “desaparición” de Abby, parece perder la cabeza al insistirle al hermano de Abby (un policía interpretado por Justin Benson, co-director de Spring y The Endless, entre otras) y a su mejor amigo Wade (Henry Zebrowski, el hilarante compañero del protagonista que remite a los rasgos de buddy movie que había en The Battery) que una misteriosa criatura acecha su casa todas las noches. ¿Será que este monstruo es una metáfora del horror de una ruptura amorosa?

Something Else aborda seriamente esos conflictos de pareja que parecen ser ineludibles, sobre todo si han transcurrido 10 años y una de las partes (en este caso Hank) se niega a dar el paso siguiente. Esto ha provocado un entendible sentimiento de estancamiento y arrepentimiento en la otra persona (Abby obviamente). Al tiempo que Hank encuentra su redención, la cinta de Gardner (con co-dirección de Christian Stella) funciona como un verdadero “fuck you” a todas esas creature features donde la metáfora se prolonga hasta los créditos finales. Por el contrario, aquí el romance se mezcla divertidamente con una dosis de sangre y efectos prácticos –como de antaño– para una aparición tardía aunque nada decepcionante de la criatura. Something Else mantiene la esencia de desmadre puro y absoluto gozo de The Battery.

Bonus: Entrevista en video con el director Jeremy Gardner

Fantastic Fest 2018: ONE CUT OF THE DEAD, una de las películas más divertidas del año

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Películas de zombies recientes (como el díptico surcoreano Estación Zombie: Tren a Busan y Estación Zombie: Seúl, la propuesta india Miruthan, la divertida producción americana de bajo presupuesto The Battery y, en menor medida, la británica Melanie Apocalipsis Zombi), han confirmado lo dicho por George A. Romero en su clase magistral de 2012 en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF, por sus siglas en inglés): subgéneros tan gastados como el de los zombies o vampiros requieren “algo diferente, como Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008) que tenía algo particular en su alma, a diferencia del resto de basura sobre vampiros”.

La japonesa One Cut of the Dead (Kamera wo tomeruna!, 2017) es otra cinta de zombies que, desde su título, hace referencia al trabajo del mencionado padre de este subgénero. Naturalmente, como espectadores buscamos desde el primer minuto esos elementos distintos que convencieron al director, Shinichiro Ueda, de realizar a estas alturas un filme de muertos vivientes más. Es evidente que Ueda es un cineasta consciente y, de hecho, la primera escena de One Cut of the Dead hace que reconozcamos una particularidad: aquí existe una película de zombies dentro de la película.

Higurashi (Takayuki Hamatsu) es un director cuyo ídolo bien podría ser Stanley Kubrick porque tras 42 tomas sigue sin estar satisfecho con una escena de su filme de zombies: en la que una joven mujer (Yuzuki Akiyama) es atacada por un muerto viviente (Kazuaki Nagaya), dentro de lo que parece ser una fabrica abandonada. Luego de que Higurashi explota porque, según él, su actriz no logra una interpretación genuina, el crew se toma un descanso para replantear las cosas, al tiempo que el director decide llevar a cabo su plan maestro: ejecutar un conjuro en su estratégica locación para que los zombies dejen de ser meros actores con maquillaje.

Los primeros 40 minutos de One Cut of the Dead son un tanto desconcertantes. Lo que tenemos es, esencialmente, una película de supervivencia filmada con cámara en mano, en primera persona, y sin ningún corte obvio. Potenciales víctimas –los actores y el crew tratando de mantenerse con vida ante la aparición de algunos zombies reales es un escenario por demás convencional. Por otra parte, entre los momentos que llaman la atención están los divertidos chispazos que remiten a Vamos a jugar al infierno (Jigoku de naze warui, 2013), de Sion Sono, con el director Higurashi filmando para aprovechar que (¡por fin!) los zombies y las actuaciones son auténticas, pero sobre todo destacan aquellos que no tienen mucho sentido. ¿Por qué sólo en una escena Higurashi rompe la cuarta pared y le habla al camarógrafo? ¿Por qué la actriz principal choca con la cámara y la tira? ¿Por qué hay secuencias repetitivas y otras que de plano parecen no tener razón de ser? A pesar de ingredientes prometedores y una valiosa labor técnica con el plano secuencia, ¿por qué el resultado final no tiene la chispa ni la fuerza de una grandiosa cinta de zombies? La respuesta es simple: la verdadera One Cut of the Dead aún no ha comenzado…

Sería un error revelar en este texto los detalles sobre el cambio de rumbo que One Cut of the Dead toma casi al llegar a la mitad de su metraje. Basta decir que Shinichiro Ueda creó una mirada sumamente hilarante al quehacer cinematográfico, particularmente cuando se cumple la ley de Murphy y todo lo malo que puede suceder (en una filmación), sucede. Asimismo, Ueda le rinde un merecido y sentido homenaje a todos esos “soldados” del cine, de los camarógrafos, los encargados de los efectos prácticos, a los asistentes, que siempre están “al pie del cañón” para sobreponerse a cualquier adversidad y que su profesionalidad se refleje en pantalla.

One Cut of the Dead podrá comenzar con un director que piensa demasiado su película de género, sin embargo termina poniendo los reflectores en los cineastas pragmáticos, los “obreros” fílmicos, quienes a pesar de tener que lidiar con presupuestos y tiempo limitado, actores con requerimientos especiales, e inimaginables infortunios, entregan un producto de entretenimiento cuya calidad puede cuestionarse pero nunca la integridad detrás. Así, One Cut of the Dead logra salirse por completo de las convenciones del subgénero de zombies –alejándose también de cualquier tipo de expectativa que tuvimos tras conocer su escenario inicial–, celebra el cine de guerrilla y se convierte en una de las películas más divertidas, sorpresivas y satisfactorias del año.