FICUNAM 2020: Jacques Tourneur y la redención de los antihéroes (ANNE, LA PIRATA y EL CAMINO DEL GAUCHO)

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Después de tener al mismísimo Barbanegra (Thomas Gomez) como mentor, la capitana Anne (Jean Peters) ha hecho de su barco pirata uno de los más temidos. Muchos ingleses han sufrido las consecuencias de toparse con su tripulación, cuya leyenda se ha ido expandiendo aunque los hombres que la escuchan no conciben que al mando del notorio barco está una mujer.

En Anne, la pirata (Anne of the Indies, 1951), filme dirigido por el francés Jacques Tourneur para 20th Century Fox, la protagonista se ha convertido en una maestra de una actividad ilegal que, obviamente, se considera masculina. No sólo esto, ella no tiene ningún problema con juntarse con los piratas que suelen beber ron y organizar apuestas alrededor de una pelea entre un oso y un hombre (¡gran momento!). Anne sobresale en este ambiente, incluso queda claro que puede derrotar a Barbanegra en un duelo con espadas.

El conflicto de la película surge cuando la tripulación de Anne toma posesión de una embarcación británica y encuentran al prisionero francés Pierre (Louis Jordan), quien sacudirá el mundo de la protagonista. Parece que ella no ha asumido su “rol femenino” anteriormente, probarse un vestido (el cual Pierre había tomado como botín del barco inglés, quizá para llevárselo a alguien especial aunque él lo niega), hablar de la caballerosidad, enamorarse y sentirse gustada, no son acciones habituales para la capitana pirata. Lo inusual se nota en esa memorable secuencia que concluye con Anne dando órdenes ¡con todo y el incómodo vestido puesto!

Sin importar el sentir de su desconfiado mentor/protector y las consecuencias que le traerá su desobediencia, Anne cree en un escenario emocionante, de romanticismo y aventura, de perseguir una especie de sueño que nunca había imaginado en su rol de pirata ruda/pupila de Barbanegra: encontrar un tesoro junto a su nuevo “socio” Pierre, para después ir con él y ver por primera vez la ciudad de la luz (y el amor), Paris. Un drama en technicolor que no carece de acción, Anne, la pirata es principalmente un fascinante seguimiento a la protagonista mientras tiene que enfrentar la disyuntiva más importante de su vida. Dejando a un lado los roles de género, cuando Anne experimenta la amargura de la traición, tendrá que elegir entre actuar de una manera despiadada para saciar su sed de venganza, o recordar la humanidad que mostraba aún siendo una temida pirata; consciente de que esto último le podría costar la vida.

El camino del gaucho (Way of a Gaucho, 1952), por su parte, es otra cinta en technicolor de Tourneur, aunque con un acercamiento más naturalista, al haber sido filmada en los paisajes abiertos de Argentina donde se desarrolla la historia. En ese sentido, la película se preocupa por hacernos entender la esencia de los gauchos, al menos aquí queda claro que eran personas que, tal y como esos campos abiertos, representaban absoluta libertad y estaban lejos de la cultura extranjera. Sin embargo, El camino del gaucho lidia con el cambio, dado que el tiempo de los gauchos parece llegar a su fin, sea por la presencia extranjera (británica) en la región pampeana o por los mismos gauchos ahora “más civilizados”.

Luego de la muerte del patrón de una estancia gaucha, su hijo de sangre (Hugh Marlowe) se convierte en el nuevo líder. Para el hijo putativo del fallecido patrón (nuestro protagonista Martín, interpretado por Rory Calhoun) su “hermano” se ha rendido ante los “caminos” foráneos. Él, por su parte, aboga por lo que considera es el alma del gaucho, por las maneras de hacer las cosas que siempre conoció.

En parte, El camino del gaucho se conecta con el western contemporáneo The Sisters Brothers (2018), en este último como apunté en mi reseña: “el trasfondo es una época en la que las sociedades civilizadas, regidas por leyes y alejadas de las características del viejo oeste, comenzaban a surgir”. En otros tiempos, cuando el antiguo patrón seguía con vida, Martín se hubiera salido con la suya tras asesinar a un hombre en un “combate justo”; en el tiempo en el que se desarrolla El camino del gaucho, su hermano putativo se ve obligado a remitirlo ante la justicia.

En la mente de Martín, el mundo civilizado, con injerencia de los europeos, ha contaminado la naturaleza salvaje de La Pampa (que sin duda tiene equivalencia con el viejo oeste americano, bastar mencionar que también hay batallas en contra de los indios) y ha “domado” a gauchos como su “hermano”. Martín, durante buena parte del metraje, se erige como esa figura indomable, que no se rendirá en su afán de mantener viva la flama gaucha, ni en la cárcel ni mucho menos cuando es remitido al ejército bajo las órdenes del comandante Salinas (Richard Boone). En la parte más mitológica y western de la película, Martín incluso se convierte en un líder de leyenda, en un forajido conocido como Valverde quien, como antihéroe de western, comanda la resistencia gaucha ante cualquiera: los bandos liderados por británicos o la propia autoridad.

Si bien el guión de Philip Dunne y Herbert Childs evidencia que la ley a la que tanto se resiste nuestro protagonista, encarnada por Salinas (primero como parte del ejército y luego relegado a policía), es todo menos civilizada (porque torturan y matan sin titubear), tanto El camino del gaucho como Anne, la pirata apuestan por explorar a su personaje central. Aquí, el inevitable romance (Gene Tierney interpreta a Teresa) termina pesando más que cualquiera otra cosa (la cárcel, el ejército) que pretendía “domar” al gaucho. En ambos casos, el de Martín y Anne, por un amor recíproco o truncado (respectivamente) los inmorales protagonistas terminarán en una encrucijada. Y, a pesar del sacrificio personal que esto conllevará, se decantarán por lo correcto/humano, así redimiéndose.

Los Cabos 2018: BORDER y THE SISTERS BROTHERS, dos de los World Highlights

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

En el núcleo de Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008), una de las películas de vampiros más memorables de la década pasada, estaba Oskar (Kåre Hedebrant), un infante solitario, desadaptado, bulleado y con poca atención de sus padres divorciados, que encontraba un inesperado lazo de amistad y amor con la jovencita Eli (Lina Leandersson), quien en principio escondía un secreto sangriento. Imaginen que una niña equivalente al Oskar que conocemos al inicio de Déjame entrar –o sea, alguien que es menospreciado por los demás por ser “diferente”– ha crecido y se ha incorporado a la sociedad de manera productiva. Con esto se pueden dar una idea del tipo de personaje que es Tina (Eva Melander) en Border (Gräns, 2018), filme sueco dirigido por Ali Abbasi e inspirado en una historia corta de John Ajvide Lindqvist, también co-escritor de esta adaptación fílmica y, ciertamente, responsable tanto de la novela original como del guión de Déjame entrar.

Tina es una mujer que trabaja en la aduana de un puerto de Suecia, siendo excepcional a la hora de cumplir su labor de detectar a las personas que pretender introducir algo prohibido o que ocultan algo. Asimismo, Tina mantiene una vida relativamente calmada, viviendo con su pareja Roland (Jörgen Thorsson), un aficionado a los perros que parece no estorbar aunque tampoco aportar mucho a la relación (evidentemente es infiel) ni a la casa. Sin embargo, el peculiar aspecto físico de Tina continúa haciendo que la gente la vea con desdén en, por ejemplo, un supermercado común y corriente; ciertamente, en el fondo ella siempre se ha sentido rechazada y, consecuentemente, insegura.

Equivalente al arribo de Eli en la vida de Oskar en Déjame entrar, la rutina cotidiana de Tina cambia por completo cuando conoce a Vore (Eero Milonoff), un hombre que suele pasar por la aduana y que tiene un aspecto tan extraño como el de ella. A partir de este encuentro, Border se pregunta: ¿qué pasaría si todo lo que ha definido a Tina, para bien o mal (de su agudo sentido del olfato a su incapacidad para tener hijos) tiene una razón ligada a lo fantástico? Y sobre todo, ¿cómo se sentiría ella si todo por lo que ha sufrido –su aspecto físico en particular– es considerado hermoso desde otra perspectiva? 

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Mezclando exitosamente el folclore escandinavo (si conceptos clásicos de los vampiros son parte de Déjame entrar, aquí sucede lo propio con ciertos seres proveniente de dicha mitología) con la sordidez humana (temas como la pornografía infantil son pertinentes en la trama), Border es una cinta fascinante, hermosa y también algo pirada sobre el descubrimiento, la aceptación y la valoración de uno mismo, además de la decisión de hacer el bien sobreponiéndose a un posible resentimiento.

Además de Border, otro de los llamados World Highlights del Festival Internacional de Cine de Los Cabos fue The Sisters Brothers (Les frères Sisters, 2018), del director francés Jacques Audiard. Se trata de un western convencional en su estructura, pero bastante particular en sus personajes, temas y desenlace. Joaquin Phoenix y John C. Reilly interpretan a los hermanos Charlie y Eli Sisters, una pareja de bandidos y pistoleros que trabajan cumpliendo misiones para un comendador. Su nuevo objetivo es encontrar a John Morris (Jake Gyllenhaal), quien les pondrá en la mesa a Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed), el hombre que quiere muerto el comendador.

Si bien el hecho de que la misión de los hermanos comienza a tener contratiempos desde el principio no debería ser ninguna sorpresa, tampoco esos cambios en las agendas de los involucrados, The Sisters Brothers se destaca primeramente por la interacción actoral tanto de Phoenix con Reilly como de Gyllenhaal y Ahmed. Los hermanos protagonizan momentos humorísticos con base en sus personalidades opuestas; por un lado el salvaje y borracho vaquero Charlie y por otro el más mesurado Eli, de quien eventualmente sabemos que sólo se convirtió en bandido para poder cuidar de su hermano menor. Las conversaciones entre John y Hermann son interesantes de otra forma, porque dan paso a que salga a relucir el trasfondo de este western: una época en la que todos buscaban oro y las sociedades civilizadas, regidas por leyes y alejadas de las características del viejo oeste, comenzaban a surgir.

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Mientras que Eli aboga por retirarse de la vida violenta (no por nada su interés por la nueva sociedad se refleja en ese detalle cuando compra los productos sin precedentes para lavarse los dientes), Charlie representa el aferramiento al pasado y la interminable violencia y avaricia. A pesar de este choque, temas como la hermandad y la importancia del hogar están en la esencia de The Sisters Brothers, un western que podrá partir de puntos comunes pero que arriba a una sorpresiva y cálida humanidad que no siempre se ve en el género.