FICUNAM 2020: Chris Fujiwara habla sobre el legado de Jacques Tourneur

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

El cineasta francés Jacques Tourneur es, sin duda, una parte importante de la historia del cine de terror. Principalmente porque fue uno de los directores de la unidad de terror de bajo presupuesto de Val Lewton en RKO Pictures. En los años cuarenta, Tourneur dirigió tres cintas clásicas producidas por Lewton: La marca de la pantera (Cat People, 1942), Yo caminé con un zombi (I Walked with a Zombie, 1943) y El hombre leopardo (The Leopard Man, 1943), notables por ser capaces de generar suspenso y asustar al público sin ser explícitas. Varios años más tarde, Tourneur también dirigió Una cita con el diablo (Night of the Demon, 1957), una obra maestra sobre lo sobrenatural y su ambigua existencia.

Sin embargo, Tourneur fue mucho más que filmes de terror, hizo una gran variedad de películas al cambiar su país de origen por Hollywood. La reciente retrospectiva de Tourneur que el FICUNAM organizó como parte de su décima edición –que tuvo lugar en la Ciudad de México del 5 al 15 de marzo–, fue una magnífica exhibición del amplio oficio del director, con algunas de las películas proyectadas en 35 mm y 16 mm. Westerns (como Tierra generosa o El camino del gaucho), noirs (¡Traidora y mortal en 35 mm!), una película de piratas en technicolor (la memorable Anne, la pirata), una oda al sistema de justicia penal estadounidense (Almas que regresan), películas de la posguerra (El expreso de Berlín y una peculiar copia española de Círculo de peligro), la favorita de Tourneur de su propia filmografía (Estrellas en mi corona) y, por supuesto, los clásicos de terror antes mencionados, fueron parte del programa de FICUNAM que resaltó el legado de Tourneur.

Además, el crítico de cine y programador Chris Fujiwara, autor del libro por excelencia sobre Tourneur (Jacques Tourneur: The Cinema of Nightfall, publicado por primera vez en 1998), asistió a FICUNAM para dictar una clase magistral sobre el director. Entrevisté a Fujiwara un par de días antes de su clase magistral y, por supuesto, el único tema de la conversación fue el cine de Tourneur.

Cinema Inferno: Creo que para muchas personas el primer acercamiento a Jacques Tourneur es por medio de sus películas de terror, tanto las de la época de Val Lewton en RKO Pictures como Una cita con el diablo. En tu caso, ¿cómo te acercaste originalmente al trabajo de Tourneur?

Chris Fujiwara: Exactamente de esa manera. Cuando estaba empezando a interesarme seriamente en las películas, era un adolescente, así que veía muchas películas en la televisión, muchas de terror porque realmente me gustaban.

Así descubrí a Tourneur, creo que vi La marca de la pantera primero, en televisión, y esa película me atrapó. Fue después de eso que pude ver algunas de los otras: Yo caminé con un zombi El hombre leopardo.

Una cita con el diablo, la debo haber visto cuando era muy joven también, cuando tenía 13 o 14 años. Incluso tuve una versión de Una cita con el diablo de 50 pies en 8 mm, tres minutos y medio más o menos, principalmente las tomas del demonio; era de mi propiedad, así que esa película también me debió atrapar.

El documental Val Lewton: The Man in the Shadows (2007), narrado por Martin Scorsese [y parte de la edición de The Criterion Collection de La marca de la pantera], nos recuerda que, en su tiempo, el público gritaba y genuinamente se asustaba al ver las películas de terror de Tourneur y Lewton. Ésas fueron cintas de bajo presupuesto, sin embargo crearon un tipo de terror más psicológico. ¿Cuál fue tu primera reacción al ver esas películas cuando eras muy joven?

No recuerdo que me traumatizaran. Por supuesto, con La marca de la pantera, esa escena con el autobús, Jane Randolph está caminando hacia el parque y luego siente que la están persiguiendo y de repente escuchas el sonido, crees que es el sonido del gato, pero en realidad es el autobús. Esto, por supuesto, siempre conmociona a las personas la primera vez que la ven, creo que incluso hoy en día, así que me debe haber impresionado bastante.

¿Cuál es tu opinión sobre lo que Tourneur aportó al cine de terror? Él era parte de una unidad de bajo presupuesto con Lewton y el mismo crew, pero de una manera más artística y cinematográfica, ¿qué crees que aportó a ese género?

En mi opinión, Val Lewton tenía una sensibilidad muy literaria, estaba interesado en ciertos valores que quizá pertenecían tanto a la literatura como al cine. Así que estaba interesado en crear una especie de versión elevada de la vida cotidiana, quería que los personajes fueran psicológicamente creíbles, quería que las películas se basaran en una realidad reconocible. Eso fue muy importante para Lewton y todas las películas que produjo tenían esto en común, incluidas las que Mark Robson y Robert Wise dirigieron después de que Tourneur pasó a otras cosas; Wise hizo The Body Snatcher (1945), con Boris Karloff, y luego Robson hizo Isle of the Dead (1945) y Bedlam (1946), con Karloff.

Creo que Tourneur, dado que era un gran cineasta, fue capaz de aportar una verdadera fluidez cinematográfica para que coincidiera con las ideas de Lewton sobre el cine. Tourneur fue un excelente director de actores, fue capaz de lograr que atenuaran su actuación. Cuando comparas la actuación en las películas de Lewton en general, pero particularmente en las de Tourneur, con el estilo de actuación de esa época, es mucho más discreta, más naturalista y muy simple. Sobre todo, creo que aportó un gran sentido de la fluidez de una película: cómo mantener las cosas en movimiento, cómo crear una cadena de imágenes que van de una a otra sin problemas y, al mismo tiempo, con una especie de suspenso, una amenaza subyacente en ellas. Tourneur también tenía un maravilloso sentido del diseño visual. Pienso que Tourneur aportó todo esto.

Tourneur habló mucho sobre lo sobrenatural en sus entrevistas, porque creía en ciertos aspectos de lo sobrenatural. Creía que había mundos paralelos; el mundo en el que vivimos nuestra vida normal, generalmente nos parece ser el único mundo, pero Tourneur creía que el pasado todavía existía en un plano paralelo y que el futuro también existía en otro plano paralelo, y que de vez en cuando era posible para nosotros acceder a estos otros mundos. Creo que algunos de sus filmes, especialmente Una cita con el diablo, son realizaciones de este tipo de concepción.

También dijo, muy claramente, que no le gustaba el término “película de terror” y que no pensaba que estaba haciendo películas de terror. Él dijo que estaba haciendo películas sobre el miedo, estaba muy interesado en la psicología del miedo, estaba interesado en por qué las personas tienen miedo, por qué les gusta tener miedo, ¿qué es aterrador? era una pregunta interesante para él. Creo que incluso tenía una idea de la importancia política del miedo, que el miedo podía ser una forma de ejercer poder sobre otras personas, como lo hacen los gobiernos, por ejemplo. Creo que Tourneur era muy consciente de eso y también hay una sensación de esa noción en algunas de sus películas.

Tourneur consideró que estaba haciendo películas sobre el miedo y sobre lo sobrenatural, él rechazó el terror. Por supuesto, mucha gente dijo eso, creo que Terence Fisher dijo lo mismo, no le gustaba que las llamaran películas de terror.

Hablando de tu libro sobre Tourneur, Jacques Tourneur: The Cinema of Nightfall, ¿por qué pensaste que era necesario explorar el mundo de este cineasta en particular?

Te conté antes sobre mi adolescencia cuando vi las películas de terror de Tourneur. Más tarde, cuando comencé a escribir más sobre cine y a pensar más sobre el cine de diferentes maneras, pude ver muchas otras películas de Tourneur y me interesé mucho en él. Esto habría sido durante los años noventa; en ese momento no había un libro en inglés sobre Tourneur, había un número especial de una revista francesa llamada Caméra/stylo que trataba sobre Tourneur.

La historia de cómo Tourneur llegó a ser apreciado es un poco particular. Muchos de los directores de Hollywood fueron defendidos por escritores como Manny Farber y más tarde Andrew Sarris, así fue que cineastas como Don Siegel, Samuel Fuller y Anthony Mann fueron descubiertos y prácticamente establecidos como autores, no sólo en Francia, que había hecho el descubrimiento inicial, sino también en Estados Unidos y Reino Unido. Eso había sucedido en los años sesenta, pero Tourneur fue ignorado en cierto modo, incluso un poco en Francia, aunque a finales de los sesenta, en parte gracias a Pierre Rissient y a otras personas como Serge Daney, Tourneur comenzó a ser más conocido y la gente empezó a escribir sobre él.

Incluso en los años noventa, Tourneur, aunque no era una figura completamente olvidada, sí era una figura desatendida. Hubo una retrospectiva de Tourneur en el Festival de Cine de Edimburgo en la década de los setenta, creo que en 1975, se publicó un libro corto en relación a este evento. Había cierta conciencia sobre Tourneur pero, como dije, no existía un libro real en inglés. Entonces pensé, esto es algo interesante, me gustaría trabajar en esto. Originalmente pensé que lo pondría en el contexto de otros directores europeos que trabajaron en Estados Unidos, en el llamado período clásico del cine de Hollywood, como Fritz Lang y Jean Renoir. Luego decidí hacerlo sólo de Tourneur y me alegro de ello.

Creo que casi todas las películas de Tourneur son interesantes, incluso los cortometrajes, que eran completamente desconocidos para mí. Tuve que desenterrarlos, quiero decir, no fue difícil, pero me puse en contacto con Turner Classic Movies, propietaria de los cortos, y les dije “¿podría verlos?”. De hecho, me hicieron copias en VHS de todos los cortos, fue muy amable de su parte. Así los vi y, más tarde, se transmitieron en TCM para que la gente pudiera verlos. Luego pude ver algunos de los trabajos de televisión que hizo, que eran muy difíciles de acceder pero algunos se podían ver en la Biblioteca del Congreso o en el Archivo de Cine de la UCLA. Casi todo lo que dirigió Tourneur es interesante.

Estás diciendo que Tourneur estaba casi olvidado en los años noventa. En 2020, La marca de la pantera es parte de The Criterion Collection, cineastas como Scorsese han estado hablando de él, obviamente está tu libro y ahora la retrospectiva en FICUNAM. ¿Qué opinas sobre cómo se percibe Tourneur hoy en día?

Tourneur definitivamente ha llegado a ser más apreciado en los últimos 20 años. Ha habido más retrospectivas, Lincoln Center en Nueva York hizo una retrospectiva a principios del nuevo milenio, hubo una gran retrospectiva en Locarno y luego en la Cinémathèque française hace tres o cuatro años, aquí en FICUNAM y en otros lugares. Creo que la gente lo conoce mejor ahora y eso se debe en parte a que muchos cineastas han estado hablando de él porque les interesa: Pedro Costa y Apichatpong Weerasethakul, por ejemplo. Se ha escrito más sobre él. Es muy emocionante.

También es interesante que Tourneur es muy especial en relación con el cine de Hollywood. Directores como los que mencioné, Don Siegel o Anthony Mann, ayudaron a definir los géneros en los que trabajaron, sus obras son clásicos dentro de esos géneros, el thriller, el western. Con Tourneur, creo que está un poco en la parte lateral de los géneros, realmente no pertenece a la corriente principal de los géneros estadounidenses, de la historia del cine americano. Es una figura muy individual.

¿Crees que merece ser más reconocido como director de westerns o de cine negro?

Tal vez. Valoro mucho sus westerns, Tierra generosa (Canyon Passage, 1946) es una de sus obras maestras. Stranger on Horseback (1955), Wichita (1955), Great Day in the Morning (1956) quizá no sean grandes películas, pero ciertamente al menos son muy buenas e interesantes. Creo que las películas de Tourneur obtienen mucha fuerza al estar un poco separadas, es una buena situación para él.

En cierto modo, es una reafirmación de la posición que tenía cuando estaba trabajando, alguien que desde el exterior parecía ser un director típico, no en el nivel comercial superior, no en el nivel comercial inferior, sino alguien en el medio que podía hacer todo tipo de películas; así fue como los productores lo veían en Hollywood, lo usaron de manera intercambiable, probablemente con personas como Stuart Heisler, había varios directores en ese nivel. Pero Tourneur fue capaz de hacer lo suyo, era algo así como un contrabandista, podía contrabandear sus ideas, su propia forma de pensar sobre el cine, el miedo, etc., podía hacer lo que quisiera dentro de estas películas bastante discretas.

¿Cuáles son las películas esenciales de Tourneur y también aquellas que fueron tus principales descubrimientos durante la investigación para el libro?

Creo que las esenciales de Tourneur son las tres películas de Val Lewton (La marca de la pantera, Yo caminé con un zombi y El hombre leopardo), Tierra generosaTraidora y mortal (Out of the Past, 1947), Estrellas en mi corona (Stars in My Crown, 1950) y Una cita con el diablo. Eso sería básicamente lo esencial.

Los filmes que fueron descubrimientos increíbles para mí cuando los vi por primera vez, mencionaría Experiment Perilous (1944), una especie de historia gaslight sobre un marido malvado y una esposa perseguida. Es una película bastante interesante.

Easy Living (1949), su película sobre un jugador de fútbol americano que descubre que tiene un soplo cardíaco y que necesita dejar de hacer deporte, de lo contrario podría morir; es una cinta bastante impresionante. Anne, la pirata (Anne of the Indies, 1951), El camino del gaucho (Way of a Gaucho, 1952), estos fueron descubrimientos para mí cuando los vi por primera vez para escribir el libro, pensé que eran bastante sorprendentes. Appointment in Honduras (1953), Wichita, Great Day in the MorningCírculo de peligro (Circle of Danger, 1951). Incluso una película llamada The Fearmakers (1958), que quizás subestimé en mi libro, es bastante interesante.

Cualquiera que realmente se interese en Tourneur por medio de sus películas más conocidas, va a querer ver todos estos filmes, porque todos tienen algo increíble.

En esta retrospectiva en FICUNAM hay varias películas de Tourneur en celuloide, 35mm y 16mm. ¿Crees que es importante mantener vivo el cine en su formato original?

Es absolutamente esencial. Creo que un DCP bien hecho, si se hace con cuidado, puede estar bien, puede darnos una representación bastante buena de la película. No estoy necesariamente en contra de los DCP, sería estúpido estar en contra porque no podemos resistirlo, es la norma. Pero como muchas personas, creo que hay algo especial en ver una copia en 35mm proyectada, es difícil hablar de ello porque no quiero convertirlo en un fetiche. Soy una de esas personas que, si hay una retrospectiva, miro el catálogo y veo las que van a estar en 35mm o 16 mm y cuales en DCP; los DCP, sé que puedes verlos después, así que no voy a hacer de ellos una prioridad, pero voy a tratar de ver las que se están proyectando en celuloide. Es esencial que los archivos conserven estas copias en cine y es esencial que se muestren de vez en cuando para que la gente las vea, como se está haciendo aquí.

FICUNAM 2020: El lado optimista de Jacques Tourneur (ALMAS QUE REGRESAN y EL EXPRESO DE BERLÍN)

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Así como El camino del gaucho (Way of a Gaucho, 1952) presume que utilizó locaciones reales en Argentina, Almas que regresan (They All Come Out, 1939) y El expreso de Berlín (Berlin Express, 1948) comienzan anunciando que lo que veremos fue filmado, respectivamente, en prisiones reales y en una Alemania desecha en plena época de posguerra. Ambas películas de Jacques Tourneur, en blanco y negro y presentadas la misma jornada en la décima edición del FICUNAM –en 16mm y 35mm–, dependen mucho de sus entornos, en retrospectiva ahí radica buena parte de su valor cinematográfico.

Almas que regresan parte como una heist movie donde, incidentalmente, Kitty (Rita Johnson), una mujer que es parte de un grupo criminal, se apiada de Joe (Tom Neal), un joven quebrado sin rumbo definido y a la espera de una oportunidad para terminar con su infortunio. El único problema que este tipo tuvo en el pasado con la justicia es por andar vagando, sin embargo será cuestión de tiempo para que encuentre un lugar en la pandilla como chofer. Bajo la tutela del líder criminal Reno (Bernard Nedell), Joe se revela como un hábil conductor que no duda en arrollar a un policía motociclista. También queda claro que nuestro protagonista no es tan despiadado en realidad, incluso será visto como un elemento de poca confianza tras asistir a Kitty durante una huída accidentada. Si bien la cinta parece que tomará un rumbo similar al de Anne, la pirata (Anne of the Indies, 1951) o El camino del gaucho –con el amor alterando el mundo inmoral de los protagonistas–, al final del día se trata de una oda explicita al sistema de justicia penal americano.

Esto no quiere decir que, con la pandilla en prisión, Almas que regresan deje de ser interesante; al contrario, cada personaje tiene un desarrollo diferente, aún cuando sólo un caso contrasta con el resto porque, ciertamente, el objetivo principal de un filme dedicado al Departamento de Justicia de los Estados Unidos es remarcar que el sistema funciona y que los delincuentes sí pueden ser reformados.

Con casos secundarios muy curiosos, como el del misógino delirante, Almas que regresan se enfoca primordialmente en la rehabilitación absoluta de Joe y Kitty. Al mismo tiempo, se va construyendo una trama clásica del cine de criminales, con Reno como el único de la banda con numerosos antecedentes penales y sin esperanza de reformación (¡lo envían a Alcatraz!), representando esa amenaza para nuestros protagonistas de que, por más que logren reincorporarse a la sociedad, jamás podrán desprenderse del todo de ese submundo criminal al que no quisieran regresar. En ese sentido, Almas que regresan pudo ser un noir con final trágico, donde el pasado siempre regresa en el momento más próspero de los personajes reformados. No obstante, esta es una faceta de Tourneur donde la desgracia se termina evitando.

En El expreso de Berlín, estrenada tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Tourneur construye un destacado thriller en el que no todo es lo que parece. Lo peculiar es que cada elemento está ligado al contexto de la posguerra. Incluso respetando los idiomas de cada país representado, El expreso de Berlín congrega a varias de las naciones aliadas (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética) y a los alemanes en un tren que se dirige a Berlín, antes debe pasar por Frankfurt. Como apunté, la película presenta situaciones propias de su género: intriga, agentes dobles y diversos giros argumentales. Sólo que en esta ocasión lo que está en juego es el intento de unificar a una Alemania ocupada por los aliados.

Luego de que la explosión de una granada en un camarote del tren provoca la muerte de quien aparentemente es el hombre clave en la reunificación alemana de posguerra (el Dr. Bernhardt), cada personaje que representa a un país aliado, entre ellos Robert Lindley (Robert Ryan) de Estados Unidos, es interrogado por el gobierno americano. Pronto, nos damos cuenta que Bernhardt (Paul Lukas) sigue con vida, aunque una vez que es secuestrado, los otros pasajeros unirán esfuerzos, representado a los aliados, y enfrentarán a un grupo clandestino alemán que desea continuar la guerra.

Sin duda, lo más notable de El expreso de Berlín es su manera de hacer resonar las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Además de las poderosas tomas reales de las ciudades alemanas en ruinas, ahí está, por ejemplo, la tragedia del hombre que traiciona a un amigo con tal de poder reunirse con su esposa desaparecida, sólo para encontrarse con el horror de la guerra.

Entretenida y emblemática en su vertiente de thriller de espionaje –es de esas cintas donde en el momento que parece que todo terminó todavía queda un último giro argumental bajo la manga–, El expreso de Berlín también muestra a un Tourneur mayormente complaciente y optimista. Si en Almas que regresan optó por creer en el funcionamiento pleno del sistema de reformación criminal, en El expreso de Berlín prefiere creer en un mundo en armonía, donde hasta los americanos y los soviéticos pueden convivir en paz. Una pena que ambos escenarios perfectos no trascendieron más allá de la ficción.

FICUNAM 2020: Jacques Tourneur y la redención de los antihéroes (ANNE, LA PIRATA y EL CAMINO DEL GAUCHO)

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Después de tener al mismísimo Barbanegra (Thomas Gomez) como mentor, la capitana Anne (Jean Peters) ha hecho de su barco pirata uno de los más temidos. Muchos ingleses han sufrido las consecuencias de toparse con su tripulación, cuya leyenda se ha ido expandiendo aunque los hombres que la escuchan no conciben que al mando del notorio barco está una mujer.

En Anne, la pirata (Anne of the Indies, 1951), filme dirigido por el francés Jacques Tourneur para 20th Century Fox, la protagonista se ha convertido en una maestra de una actividad ilegal que, obviamente, se considera masculina. No sólo esto, ella no tiene ningún problema con juntarse con los piratas que suelen beber ron y organizar apuestas alrededor de una pelea entre un oso y un hombre (¡gran momento!). Anne sobresale en este ambiente, incluso queda claro que puede derrotar a Barbanegra en un duelo con espadas.

El conflicto de la película surge cuando la tripulación de Anne toma posesión de una embarcación británica y encuentran al prisionero francés Pierre (Louis Jordan), quien sacudirá el mundo de la protagonista. Parece que ella no ha asumido su “rol femenino” anteriormente, probarse un vestido (el cual Pierre había tomado como botín del barco inglés, quizá para llevárselo a alguien especial aunque él lo niega), hablar de la caballerosidad, enamorarse y sentirse gustada, no son acciones habituales para la capitana pirata. Lo inusual se nota en esa memorable secuencia que concluye con Anne dando órdenes ¡con todo y el incómodo vestido puesto!

Sin importar el sentir de su desconfiado mentor/protector y las consecuencias que le traerá su desobediencia, Anne cree en un escenario emocionante, de romanticismo y aventura, de perseguir una especie de sueño que nunca había imaginado en su rol de pirata ruda/pupila de Barbanegra: encontrar un tesoro junto a su nuevo “socio” Pierre, para después ir con él y ver por primera vez la ciudad de la luz (y el amor), Paris. Un drama en technicolor que no carece de acción, Anne, la pirata es principalmente un fascinante seguimiento a la protagonista mientras tiene que enfrentar la disyuntiva más importante de su vida. Dejando a un lado los roles de género, cuando Anne experimenta la amargura de la traición, tendrá que elegir entre actuar de una manera despiadada para saciar su sed de venganza, o recordar la humanidad que mostraba aún siendo una temida pirata; consciente de que esto último le podría costar la vida.

El camino del gaucho (Way of a Gaucho, 1952), por su parte, es otra cinta en technicolor de Tourneur, aunque con un acercamiento más naturalista, al haber sido filmada en los paisajes abiertos de Argentina donde se desarrolla la historia. En ese sentido, la película se preocupa por hacernos entender la esencia de los gauchos, al menos aquí queda claro que eran personas que, tal y como esos campos abiertos, representaban absoluta libertad y estaban lejos de la cultura extranjera. Sin embargo, El camino del gaucho lidia con el cambio, dado que el tiempo de los gauchos parece llegar a su fin, sea por la presencia extranjera (británica) en la región pampeana o por los mismos gauchos ahora “más civilizados”.

Luego de la muerte del patrón de una estancia gaucha, su hijo de sangre (Hugh Marlowe) se convierte en el nuevo líder. Para el hijo putativo del fallecido patrón (nuestro protagonista Martín, interpretado por Rory Calhoun) su “hermano” se ha rendido ante los “caminos” foráneos. Él, por su parte, aboga por lo que considera es el alma del gaucho, por las maneras de hacer las cosas que siempre conoció.

En parte, El camino del gaucho se conecta con el western contemporáneo The Sisters Brothers (2018), en este último como apunté en mi reseña: “el trasfondo es una época en la que las sociedades civilizadas, regidas por leyes y alejadas de las características del viejo oeste, comenzaban a surgir”. En otros tiempos, cuando el antiguo patrón seguía con vida, Martín se hubiera salido con la suya tras asesinar a un hombre en un “combate justo”; en el tiempo en el que se desarrolla El camino del gaucho, su hermano putativo se ve obligado a remitirlo ante la justicia.

En la mente de Martín, el mundo civilizado, con injerencia de los europeos, ha contaminado la naturaleza salvaje de La Pampa (que sin duda tiene equivalencia con el viejo oeste americano, bastar mencionar que también hay batallas en contra de los indios) y ha “domado” a gauchos como su “hermano”. Martín, durante buena parte del metraje, se erige como esa figura indomable, que no se rendirá en su afán de mantener viva la flama gaucha, ni en la cárcel ni mucho menos cuando es remitido al ejército bajo las órdenes del comandante Salinas (Richard Boone). En la parte más mitológica y western de la película, Martín incluso se convierte en un líder de leyenda, en un forajido conocido como Valverde quien, como antihéroe de western, comanda la resistencia gaucha ante cualquiera: los bandos liderados por británicos o la propia autoridad.

Si bien el guión de Philip Dunne y Herbert Childs evidencia que la ley a la que tanto se resiste nuestro protagonista, encarnada por Salinas (primero como parte del ejército y luego relegado a policía), es todo menos civilizada (porque torturan y matan sin titubear), tanto El camino del gaucho como Anne, la pirata apuestan por explorar a su personaje central. Aquí, el inevitable romance (Gene Tierney interpreta a Teresa) termina pesando más que cualquiera otra cosa (la cárcel, el ejército) que pretendía “domar” al gaucho. En ambos casos, el de Martín y Anne, por un amor recíproco o truncado (respectivamente) los inmorales protagonistas terminarán en una encrucijada. Y, a pesar del sacrificio personal que esto conllevará, se decantarán por lo correcto/humano, así redimiéndose.